Aciertos y errores en el Foro de Davos

Por Rosendo Fraga.

El Foro Económico de Davos que se reúne este mes, muestra cierta inconsistencia entre las conferencias y debates, y su informe sobre riesgos globales. El informe anual de los mismos es una parte importante de esta reunión, que posiblemente sea la más relevante de la “elite globalizada” que se reúne anualmente en esta ciudad suiza desde 1971. El informe de este año determina los riesgos más importantes en los próximos dos años y también en los diez. De los de corto plazo, cinco son ambientales (desastres naturales por eventos extremos de clima; fallas en mitigar el cambio climático; incidentes en gran escala generados por el mismo; fallas en la adaptación al cambio del clima; y crisis por el abastecimiento de recursos naturales); tres son sociales (inflación; erosión social por la polarización; e inmigración a gran escala por causas obligadas); uno es geopolítico (confrontación geoeconómica) y otro científico-tecnológico (amenaza del cibercrimen y la inseguridad cibernética). Paradójicamente, no se registran riesgos económicos, aunque ellos son el motivo de la existencia del Foro. El estudio fue realizado en base a encuestas personales a economistas de organismos internacionales, bancos, consultoras y funcionarios de gobierno de esta disciplina. Pese a la guerra de Ucrania y sus implicancias, el único riesgo geopolítico que se incluyó es la confrontación geoeconómica, tercera como prioridad en el corto plazo y noveno en el largo. Nunca se mencionan entre los diez principales riesgos las palabras “guerra”, “militarización”, “tensiones geopolíticas” o “escalada nuclear”. No sólo la guerra de Ucrania, sino que también la rivalidad entre Estados Unidos y China por la hegemonía global tampoco es considerada como un riesgo para los próximos dos o diez años. 

El concepto de “policrisis” es la novedad conceptual en este informe. La inflación aparece en un lugar prioritario en el corto plazo, pero paradójicamente es considerada un riesgo social, no económico. El único riesgo científico-tecnológico que se menciona (en el octavo lugar en prioridad, tanto en el corto como en el largo plazo) es el cibernético, pero no se lo vincula a intereses geopolíticos ni a su uso bélico. El riesgo de escalada nuclear en los próximos dos años por parte de Rusia en el conflicto de Ucrania tampoco está mencionado. El cuestionario que fue utilizado para realizar este estudio incluía 32 riesgos – entre los que estaban los 10 anteriores,- y sobre ellos se articula el concepto de policrisis, vinculando a los del área económica con lo social, geopolítico, científico-tecnológico y ambiental. La pandemia generó la emisión y posterior inflación y la guerra con Ucrania la reducción de la exportación de cereales, el encarecimiento del precio de los alimentos y la suba del costo de la energía. En realidad “policrisis” no es un concepto nuevo, sino un intento de reformular la interacción sistémica que muchas veces se dio en la Historia. Pero mientras el informe de riesgos es claramente neutro, impreciso y discutible, en las exposiciones se trataron temas concretos de la realidad. La esposa del presidente ucraniano Volodimir Zelenzky, Olena Zelenska, expuso sobre la “dramaticidad” de la guerra de Ucrania; la titular de la Comisión Europea, Ursula von der Leyden, lo hizo sobre el mismo tema, pero desde el punto de vista económico y militar del apoyo de Bruselas a Kiev, mientras que el viceprimer ministro chino, Liu He, lo hizo sobre la necesidad de enfrentar la “desglobalización” con una mayor apertura comercial, advirtiendo sobre los riesgos de una nueva guerra fría en el campo económico y comercial. Toda esta temática estuvo claramente desconectada del informe de riesgos. 

Como ejemplo cabe citar el informe análogo del año 2007, difundido en la antesala de la crisis económica desatada por el mercado inmobiliario estadounidense. Entonces, el estudio fue financiado por el Foro Económico de Davos, el Citi Corp, la aseguradora Swiss Re y estuvo a cargo del Centro de Estudios de Riesgos de la Universidad de Wharton (Estados Unidos). Evaluaba los riesgos por su probabilidad de ocurrencia. a) Los cuatro a los cuales se adjudicaba entre 10 y 20% de probabilidad de que ocurrieran eran: un shock en los precios del petróleo, un “aterrizaje brusco” de China (a ambos le adjudicaba un costo de entre 250 millones y un trillón de dólares); un colapso de la infraestructura de información crítica; y en cuarto lugar el desarrollo de enfermedades crónicas en países desarrollados, que tendría un costo de entre 50 y 250 billones de dólares. b) Con un nivel de ocurrencia de entre 5 y 10% consignaba un colapso global de los mercados de activos, en el que tendría relevancia el sector inmobiliario de Estados Unidos, con un costo superior al trillón de dólares; crisis desatadas por “estados fallidos”, como podía ser entonces el caso de Irak, a los que se asignaba un costo de aproximadamente 50 billones de dólares; y acciones del terrorismo internacional y fallas en la proliferación de armas de destrucción masiva, cuyo costo sería de entre 10 y 50 billones de dólares en ambos casos. c) Con una probabilidad de ocurrencia de entre 1 y 5% se mencionaba una oleada de retroceso de la globalización, cuyo costo sería mayor al trillón de dólares; una pandemia como la aviaria que se extendiera por el mundo, la que podría costar aproximadamente otro trillón de dólares; una caída fuerte en el precio del dólar que costaría cerca de 250 billones de dólares; y una crisis derivada del cambio climático, como un gran tsunami que se expandiera por el mundo. Se trata de un análisis preciso que muestra, 16 años después, el acierto en pronosticar la pandemia en dos de los doce riesgos, mientras que la mitad de esos doce tuvieron concreciones parciales en los años siguientes.

Pero donde esta edición del Foro de Davos mostró un acierto estratégico fue durante sus exposiciones y debates, donde se asumió que China y Rusia son diferentes y no constituyen una misma amenaza. Con la guerra de Ucrania, Occidente acentuó su visión de que las dos potencias militares más grandes fuera de Occidente tienen un mismo sistema político autoritario, cuestionándolas en conjunto. Las exposiciones del Foro de Davos no han caído en este rol. Por eso fue central la ponencia del viceprimer ministro chino, Liu He, quien exhortó a abrir el comercio y evitar caer en una nueva “guerra fría” con su consecuente efecto de desglobalización. Como se mencionó precedentemente, compartió la apertura del Foro con la esposa de Zelensky y la Presidenta de la Comisión Europea. Tanto en la última Cumbre del G7 como en la de Jefes de Gobierno de la OTAN, se caracterizó a Rusia como “amenaza” y a China como “desafío”. Después de ello, la visita de Nancy Pelossi a Taiwán escaló la tensión militar con China. Esto generó un aumento en el riesgo de conflicto militar que se extendió a Japón y Corea del Sur. En términos económicos, se sostuvo que los microchips jugaban un rol en el conflicto, dada la importancia tanto de Beijing como Taipei en su fabricación. Eso llevó a Estados Unidos a adoptar medidas proteccionistas en la búsqueda de la “autosuficiencia” en la producción de estos insumos. Se trata de un ejemplo que encajaría en el concepto de “policrisis”. Por su parte, la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, hizo su aporte para el corto plazo, mencionando a la combinación de guerra en Ucrania, inflación y aumento de las tasas de interés, como el escenario más amenazante en lo inmediato.

En conclusión: el Foro Económico de Davos muestra una divergencia entre su informe de riesgos globales y los debates y discusiones que se realizaron; el informe plantea el concepto de “policrisis” como característica de esta coyuntura mundial, pero se trata de las consecuencias que en distintos campos históricamente han tenido los conflictos, sobre todo bélicos; el informe presentado en Davos hace 16 años mostraba una metodología más precisa, determinando riesgos, su probabilidad de ocurrencia y su eventual costo económico, que demostró un nivel de acierto importante; por último, donde el Foro tuvo un acierto fue en ver a China como una opción para evitar la desglobalización, eludiendo caracterizarla como un aliado sistemático de Rusia.

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