Un escenario difícil para América Latina

Por Rosendo Fraga.

Para el titular de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el costarricense José Manuel Salazar-Xirinach, América Latina y el Caribe corre el riesgo de enfrentar otra “década perdida”. Considera que la débil inversión, la baja productividad y la educación inadecuada ponen por delante un periodo de fracaso económico, peor aún que la de los años 80. Sostiene que la última década contrasta no sólo con el crecimiento anual de 5,9% de los años 70, sino también con el 2% alcanzado en la década de los 80, una periodo difícil para América Latina y el Caribe, caracterizado por una ola de crisis de deuda. Sobre el descenso al estancamiento, dice que “esto es terrible y debería ser una advertencia”, en relación al crecimiento económico anual promedio en lo que va de la década, que de sólo 0,8%. Afirma que el desafío es volver a crecer al 5,9% anual, lo que no parece fácil. En lo político, instó a los tres nuevos líderes progresistas de la región, a dar prioridad al crecimiento sobre el deseo de distribuir la riqueza. Brasil, Colombia y Chile han elegido presidentes de esta tendencia en el último año. El economista costarricense sostiene que “necesitamos ambas cosas y van de la mano”. La región es la que menos ha crecido del mundo durante la última década. Sufrió mucho por la pandemia, con más de la cuarta parte de los muertos que originó ésta, a pesar de tener sólo el 8,4% de la población mundial. 

La CEPAL presentó a fines de noviembre su informe sobre la situación social de la región, de acuerdo al cual el 32,1% de la población vive en la pobreza. Es decir, que ésta alcanza a 200 millones de personas. El informe, titulado “Panorama Social 2022”, cuenta que está teniendo lugar una crisis a la que considera “silenciosa” en la educación, que afecta a las nuevas generaciones y aumenta la desigualdad, planteando el riesgo de tener “una generación perdida” en América Latina. De acuerdo a Salazar, el cese de la presencialidad durante la pandemia agudizó las desigualdades educativas, haciendo que así como antes preocupaban los resultados del aprendizaje, se ha retrocedido ahora a la baja en la finalización de los estudios. La CEPAL reclamó a los países a invertir más en educación, como la política más eficaz para reducir la desigualdad que crece en toda la población, pero más en los jóvenes. América Latina destina a educación el 4,1% de su PBI. Los países de la OCDE dedican a esta área el 4,9%, es decir más, pero no tanto. Pero los PBI son muy diferentes. En el nivel primario, el dinero invertido por los países miembros de dicha organización internacional es 5,3 veces más que el de América Latina y el Caribe, y en la terciaria es 6,1 superior. Sin embargo, Salazár señaló que gastar más dinero en educación no era necesariamente la respuesta, dando como ejemplo su propio país, que pese a haber incrementado la inversión, no ha obtenido los resultados esperados.

La incidencia de la pobreza difiere de acuerdo a los distintos segmentos de la población. En relación a la pirámide social, en la población infantil y adolescente llegan a 45% los que viven en la pobreza. También es marcadamente más alta en las mujeres de 20 a 59 años, que entre los hombres del mismo rango, situación que se agrava en la población indígena y afrodescendiente. La CEPAL propone para atenuar el problema esfuerzos “intersectoriales de política pública”. Esto incluye articular vínculos entre el Estado y el sector privado, como relacionar la oferta educativa con la de salud, el trabajo y la protección social. Si bien la región no logra reducir la pobreza ni la pobreza extrema e indigencia a los niveles previos a la pandemia, tampoco se han incrementado significativamente. Es así como la tasa de pobreza pasó del 32,8% en 2020 a 32,2% en 2021 y 32,1% en 2022. Pero comparando con 2014, la pobreza alcanzaba al 27,8%, cuando en 1990 había sido de 51,2%. Algo similar tiene lugar con la tasa de indigencia, que fue de 13,1% en 2022, pero en 2014, casi una década atrás, era de sólo 7,8%, cuando en 1990 era de 15,5%, algo más del doble. Mientras son 200 millones de personas las que viven en la pobreza, que se han incrementado en 15 millones respecto a los niveles de antes de la pandemia, las personas en indigencia son 82 millones, lo que implica un aumento de 12% respecto a 2019.

El nuevo titular de la CEPAL, que anteriormente fue funcionario de la OIT y la OEA, dijo que esperaba que la región pudiese evitar el estancamiento mediante la adopción de un “desarrollo productivo”. Esto significa aprovechar los fondos públicos y privados para desarrollar bienes de alto valor agregado y servicios tecnológicos en sectores como medicina, vehículos eléctricos, energía y productos farmacéuticos. Esto se lograría mejor mediante la creación de “agrupaciones cerca de universidades, institutos de investigación”. Mencionó la región vasca de España, que había tenido éxito con este modelo, que en América Latina se había utilizado esporádicamente, como en el caso de Bogotá en Colombia y en el sector automotriz de México. William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, estuvo de acuerdo con el diagnóstico, agregando que otras prioridades deben ser mejorar la eficiencia del gasto gubernamental y lograr que los sistemas tributarios sean más progresivos, al igual que el número de técnicos, ingenieros y gerentes de nivel medio capacitados. En la reunión informaron que los países de América Latina y el Caribe comercian menos entre sí, que con cualquier otra región, con sus economías orientadas a exportar materias primas a Estados Unidos, Europa y China. El titular de la CEPAL propone un mayor enfoque en medidas prácticas para facilitar el comercio interregional, incluyendo el de servicios, en sustitución de las grandes declaraciones, y pretender que los acuerdos de Europa y Estados Unidos se apliquen sin adecuaciones a la región.

En conclusión: el nuevo director de la CEPAL, en la presentación del informe anual Panorama Social 2022, advirtió sobre el riesgo de que la región enfrente una nueva “década perdida” aun peor que la de los 80; sostuvo que el deterioro de la educación es causa central del crecimiento de la pobreza infantil y adolescente, señalando que en este campo, también ha tenido un retroceso, y especialmente durante la pandemia; de acuerdo al informe, la pobreza y la indigencia han disminuido sustancialmente respecto a 1990, pero se han incrementado en lo que va de esta década; por último, propone como solución un “desarrollo productivo”, que implicaría una mayor integración económica entre los países y las regiones y enfocarse en las acciones prácticas y no en las declaraciones altisonantes.

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