Pese al atentado, el diálogo no avanza

Por Rosendo Fraga.

La estrategia política del oficialismo frente al atentado contra Cristina tuvo éxito en aglutinar al Frente de Todos detrás de ella, pero no en ganar apoyo en los independientes y menos en los opositores. La Vicepresidenta ocupa el centro de la política por presencia o ausencia. Las centrales sindicales, movimientos sociales, organizaciones de derechos humanos, gobernadores, legisladores e intendentes han cerrado filas, apoyando a la Vicepresidenta frente a la agresión y asumiendo su liderazgo. El kirchnerismo lo hizo comenzando a plantear su eventual candidatura para 2023. No ha habido ningún lanzamiento formal, pero lo han planteado dirigentes aislados y voceros de La Cámpora. La posibilidad no ha sido rechazada por ninguna figura importante en el campo del gobierno. Ello no impidió matices. Los gobernadores se expresaron con distinto tono en su énfasis. La CGT eludió un paro en repudio al atentado. El kirchnerismo “duro” lanzó la consigna “El pueblo cuida a Cristina y Cristina cuida al pueblo”. Esta situación licuó más la figura del Presidente. El ministro de Economía, Sergio Massa, se alineó con la Vicepresidenta y ocupó el espacio dejado por Alberto Fernández. Pero no cabe duda que la líder del oficialismo hoy es Cristina, y lo es más que antes del 1° de septiembre. En ese marco, La Cámpora ganó espacio, creciendo figuras como el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, y el ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, Andrés “Cuervo” Larroque. 

Pero el atentado también ha revitalizado la radicalización ideológica del kirchnerismo, eje político del oficialismo. La idea de un “contraataque” está en desarrollo. La acusación a la oposición de haber creado el clima de “violencia político-verbal” y con ello impulsar el atentado, es el eje de esta estrategia, que permite al kirchnerismo retomar la ofensiva contra los medios de comunicación, que siempre ha estado en su intención. Sancionar una “ley contra el odio” es la herramienta más relevante para ello. La ofensiva sobre el Poder Judicial también se ha reanudado con fuerza. El kirchnerismo acusa al fiscal Diego Luciani de haber desencadenado la crisis política que derivó en el atentado. Pero también el oficialismo argumenta que la Vicepresidenta se encuentra frente a una ofensiva del “lawfare”, que es la teoría que le adjudica a una combinación de medios, Justicia y poder económico la intención de desplazar a gobiernos “progresistas”. También el kirchnerismo tiene la intención de sancionar una norma contra este tipo de supuesta agresión. Públicamente, tanto el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, como el de Nicaragua, Daniel Ortega, han puesto a disposición sus respectivas leyes de odio, que han usado para eliminar la libertad de prensa y opinión, para que el gobierno argentino las tome de modelo. La investigación judicial, a cargo de la jueza María Eugenia Capuchetti -la única de los doce jueces federales de la Capital designada en el gobierno de Macri-, hasta ahora se mueve con cautela. Pero dentro del propio oficialismo es donde surgen dudas a raíz de los errores cometidos en la seguridad de la Vicepresidenta. Esto replantea el conflicto entre Presidente y Vice. El ministro del Interior expresa las críticas y dudas que existen en su entorno, y el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, obtiene el respaldo del Presidente frente a las críticas. La afirmación de Mario Firmenich de que el atentado es “una agresión terrorista para la guerra civil” expresa al ala más radicalizada del oficialismo.

En este contexto, el diálogo entre oficialismo y oposición se hace muy difícil y la escalada de tensión política que se inició el 22 de agosto con la acusación de Luciani y escaló con el atentado, continúa abierta. Un diálogo entre los Presidentes de los dos partidos principales hoy no es posible. Alberto Fernández preside formalmente el PJ y también el Frente de Todos, y Patricia Bullrich es la Presidenta del PRO. Hoy no hay diálogo posible entre ellos. Desde el punto de vista institucional, Mauricio Macri es la figura más relevante de la oposición. Es el único no peronista que ha ejercido la Presidencia en las últimas dos décadas. Pero un encuentro con la Vicepresidenta -sin duda la figura de más peso político e institucional del oficialismo- tampoco parece posible en este momento. En el PRO, Horacio Rodríguez Larreta elude cualquier contacto público, consciente de que puede perjudicarlo en la interna del PRO en pos de la candidatura presidencial. Los contactos quedan reducidos al ala dialoguista de La Cámpora, encabezada por el ministro del Interior, y el radicalismo, con figuras como Gerardo Morales y Facundo Manes. La intervención de un actor ajeno a la política se demostró inviable con la misa en Luján, que fue utilizada políticamente por el kirchnerismo y que produjo diferencias dentro de la jerarquía eclesiástica. El ministro de Economía necesita mostrar en el exterior consenso político para sus compromisos económicos, pero en este marco difícilmente lo obtenga, ya que la oposición eludirá compromisos.

Aunque faltan más de trece meses para la elección presidencial, nueve para las PASO y el atentado contra Cristina ha generado impacto político sin precedentes, lo electoral sigue siendo prioritario para los políticos. Es claro que el resultado electoral de Brasil es la clave que espera Cristina para avanzar hacia su candidatura. Ocuparía el espacio desde noviembre, buscando evitar que surjan otras alternativas dentro del oficialismo, y en mayo, frente a la definición que implican las PASO que se realizan en agosto, optar si sigue por este camino o se repliega a la senaduría bonaerense, que le asegura fueros hasta diciembre de 2029. Desde esta posición, se transformaría en “electora” del candidato oficialista. En el campo opositor, Mauricio Macri desarrolla una estrategia en pos de su candidatura presidencial, que será evidente en el último trimestre del año con la presentación de su nuevo libro, cuyo título sería “Para qué”. Bullrich y Larreta buscan no dañarse mutuamente en su puja por la candidatura, mientras temen el avance de Macri, pero ideológicamente el ex Presidente coincide más con ella que con el Jefe de Gobierno porteño. Los tres tienen en claro que el PRO debe concurrir a las PASO con un solo candidato, dado que en caso contrario, se abre una oportunidad para el radicalismo en las primarias. También todos ellos coinciden en eludir el diálogo con el oficialismo, conscientes de que Javier Milei no abandonará su candidatura. La derrota del peronismo en la elección del municipio cordobés de Marcos Juárez interrumpe el proyecto de Juan Schiaretti de crear un tercer espacio de centro, como el que ya fracasó en 2019 por su propia defección.

En conclusión: la estrategia post-atentado del kirchnerismo ha permitido a la Vicepresidenta recuperar la centralidad política, alineando al oficialismo pero sin sumar voluntades ni simpatías fuera del mismo; la reacción ha implicado una radicalización ideológica centrada en el “discurso del odio” para responsabilizar a la oposición, los medios y la Justicia por el atentado; en este contexto, el diálogo para frenar la escalada de confrontación política se ha hecho inviable en el corto plazo; por último, los intereses electorales subyacen debajo del conflicto político, tanto en el oficialismo como en la oposición.

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