Consecuencias de la elección colombiana

Por Rosendo Fraga.

La elección presidencial colombiana mostró un claro triunfo del candidato de centroizquierda Gustavo Petro. Si bien fue por sólo 3 puntos, es una diferencia que evita las disputas que hubieran surgido si hubiese sido más estrecha. Cabe señalar que el candidato ganador, en los días previos a la elección, mencionó la posibilidad de un fraude. Se trata de una actitud que se va generalizando en el continente americano, como lo muestra la política Estados Unidos con la posición mantenida por Trump tras su derrota y la que está asumiendo el Presidente Jair Bolsonaro frente a la que podría sufrir. El mapa de Colombia muestra dos regiones claramente diferenciadas. Los territorios con costa sobre el mar, ya sea el Pacífico o el Caribe, dieron el triunfo al candidato ganador. En cambio, en los del centro del país ganó el candidato derrotado, Rodolfo Hernández, con la excepción de Bogotá, la capital, donde ganó Petro aunque está ubicada en el centro del país. El voto urbano -las protestas sociales violentas que sufrió el país entre 2019 y 2021 tuvieron lugar en este ámbito- mostró predominio del candidato ganador de centroizquierda, y en cambio el voto rural y de las poblaciones chicas se volcó a favor de Hernández, quien de candidato antipolítica fue evolucionando a ser percibido como el mal menor por el sistema político tradicional, que ha sido el gran derrotado en esta elección. Ninguna de las fracciones en que quedó dividida la tradicional estructura de liberales y conservadores llegó a la segunda vuelta. Esto no quiere decir que haya desaparecido su poder político y económico e intentará resistir los cambios que buscará imponer Petro.

Su victoria ratifica el triunfo electoral de la centroizquierda que está teniendo lugar en América del Sur desde finales de 2019. Entonces, en la elección presidencial argentina se impuso la fórmula integrada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Siguió en 2020 la segunda elección presidencial boliviana -la primera que tuvo lugar a fines de 2019, derivó en una crisis institucional por las denuncias de fraude contra Evo Morales-, que fue ganada por su propio partido con la fórmula Luis Arce-David Choquehuanca. En 2021 se impuso Pedro Castillo en la presidencial peruana y a comienzos de 2022, Gabriel Boric en la que tuvo lugar en Chile. Las excepciones fueron Uruguay a comienzos de 2020 y Ecuador en 2021, donde ganaron dos presidentes de centroderecha: Luis Lacalle Pou y Guillermo Lasso. Pero el hecho que consolidará el giro hacia el centroizquierda es si en octubre de 2022, el ex Presidente Lula se impone en Brasil sobre el Presidente Jair Bolsonaro, que va por su reelección. Mientras tanto, el régimen venezolano de Nicolás Maduro se ha consolidado con una mejora en la economía y la disminución de las sanciones dispuestas por la Administración Biden. Esta tendencia aleja a la región de Estados Unidos, como ya se puso en evidencia en la IX Cumbre de Presidentes de las Américas. El triunfo de Petro -que anticipó que modificará el marcado alineamiento de su país con Washington en materia de seguridad- generó el entusiasmo del Grupo de Puebla, que reúne a los líderes “progresistas” de la región, y expresiones de beneplácito por parte del régimen venezolano.

El gran desafío de Petro será ahora la gobernabilidad frente a los recelos y dudas de Washington, el empresariado, las Fuerzas Armadas y los restos de la política tradicional. Estos han desaparecido como opción política de poder, pero mantienen una cantidad relevante de legisladores, con capacidad de condicionar al gobierno de Petro, que sólo reuniría un tercio de las bancas (el Parlamento fue elegido meses antes de la elección presidencial). En cuanto al populista de derecha Rodolfo Hernández, que se incorpora al Senado, tendrá sólo un puñado de legisladores, dado que en el momento en el que fueron elegidos, era un candidato que no llegaba al 10% de la intención de voto. Los mercados muestran señales de desconfianza y exigen a Petro definiciones que den tranquilidad y bajen el riesgo. Pero el otro gran desafío será el tema de la seguridad, que es crónico en Colombia, lleva más de medio siglo y no ha logrado ser resuelto por el acuerdo de desmovilización con las FARC -el grupo guerrillero más importante que ha actuado en el país-, logrado por el ex Presidente Santos. El Ejército de Liberación Nacional (ELN), el otro grupo guerrillero que rechazó participar en los acuerdos de paz, aceptaría dialogar con el gobierno de Petro. Pero la realidad hoy es más compleja. Las disidencias de las FARC que han rechazado el acuerdo de paz tienen fuerte presencia en la frontera con Venezuela y se vinculan al crimen organizado. El narcotráfico se ha extendido y ha tomado otras actividades, como la minería ilegal. Los grupos paramilitares continúan activos y vinculados al crimen organizado.

La gobernabilidad no sólo es un desafío para Colombia, sino que se extiende también a otros países. En Bolivia ha estallado una crisis política dentro del oficialismo por la candidatura presidencial. El Presidente Luis Arce impulsa a su vicepresidente, David Choquehuanca, como candidato del oficialismo. El ex Presidente, Evo Morales, por su parte busca su reelección, enfrentándose a ambos y poniendo en riesgo la gobernabilidad con la división de la bancada oficialista en el Congreso. En Perú, el Presidente Pedro Castillo no tiene mayoría en el Congreso, su partido está dividido y sufre reiteradas denuncias de corrupción que ponen en riesgo su permanencia en el poder por el sistema constitucional peruano, que permite a dos tercios del Congreso destituir al Presidente por “inhabilidad moral”. En Chile, el Presidente Boric no tiene mayoría en el Congreso y enfrenta críticas crecientes en el ala más radicalizada de su coalición. Problemas económicos, demandas sociales, conflictos sindicales en la industria del cobre y la violencia de la minoría indígena mapuche en el sur del país, complican la gobernabilidad. Pero este problema se da también en un gobierno de centroderecha como el de Ecuador, que sin mayoría en el Congreso enfrenta crecientes protestas en las calles, protagonizadas por las organizaciones indígenas que han provocado en el pasado la caída de varios gobiernos. Son antecedentes que permiten dimensionar el tipo de desafío que enfrentará Petro. Pero también muestran la existencia de un problema regional. 

En conclusión: Gustavo Petro se impuso en la elección presidencial colombiana en forma clara en la segunda vuelta, pero por sólo 3 puntos; este resultado confirma el giro hacia el centroizquierda que se está dando en la mayoría de los procesos electorales de América del Sur; con sólo un tercio del Congreso y la seguridad como gran desafío, no será fácil la gobernabilidad para Petro; por último, se trata de un problema regional que afecta a otros países, como Bolivia, Perú, Chile y Ecuador.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s