La guerra de Ucrania cumplidos los cien días

Por Rosendo Fraga.

Cumplidos los cien días de la guerra de Ucrania, el balance muestra que la misma ha tenido lugar en tres etapas. La primera estuvo dominada por el fracaso ruso en obtener un rápido éxito militar tomando la capital y estableciendo un gobierno ucraniano pro-ruso. Esta estrategia tenía como referencia 2014, donde se manifestó una falta de reacción militar de Ucrania para defender Crimea, y su incapacidad para sofocar el intento secesionista pro-ruso en el Donbass. Este primer mes fue el momento en que en Washington y Bruselas se apostó a la caída de Putin, desplazado desde su mismo círculo. Sorprendió la resistencia ucraniana y el liderazgo del Presidente Volodimir Zelensky, quien rechazó la oferta de Estados Unidos para instalar un gobierno ucraniano en el exilio en Varsovia o Londres para encabezar la resistencia. En la segunda etapa la situación estuvo caracterizada por el reagrupamiento de fuerzas por parte de Putin y el abandono de la búsqueda del cambio de régimen en Ucrania, en la concentración del esfuerzo militar en el este y sur ucranianos, con el objetivo de alcanzar la independencia del Donbass y el control de la costa marítima de Ucrania, con un corredor bajo su control desde Crimea hasta Transnistria. En esta etapa la OTAN organizó el suministro de armas y equipos militares a Ucrania, asumiendo que su victoria era posible. En el tercer mes, la situación estuvo caracterizada por el contraataque ruso que se materializó en el avance gradual en las dos direcciones que había asumido y el dominio de las costas de los mares Asov y Negro -con la excepción de la ciudad-puerto de Odessa-, y el avance exitoso en el Donbass.

La siguiente etapa en términos analíticos corresponde al cuarto mes de conflicto que se inició el 24 de mayo, caracterizado por la probable victoria rusa en la obtención de los objetivos fijados tras el primer fracaso. Pasados los 100 días de guerra, el Presidente Zelensky reconoció que Ucrania había perdido ya el 20% de su territorio y estaba sufriendo la muerte de entre 60 y 100 soldados diarios y tenía de 400 a 500 soldados heridos. De mantenerse esta tendencia, la situación puede tornarse insostenible para Ucrania en pocos meses. La guerra parece haber recuperado su ritmo previsto inicialmente. El 24 de enero -justo un mes antes de la invasión- Joe Biden, Boris Johnson y Stoltenberg manifestaron públicamente que si se producía la invasión, Rusia sería sometida a un aislamiento económico y financiero sin precedentes, a un corte en el acceso a la ciencia y la tecnología, y a una “guerra asimétrica” en Ucrania, dando como ejemplo Chechenia (“Gran Chechenia” para Johnson). Es decir, una guerra prolongada que “desangraría a Rusia”. La situación no fue diferente a esta previsión al cumplirse los 100 días de guerra. A su vez, la expectativa de que Rusia llevaría adelante la guerra en base a recientes experiencias como la de Chechenia y Siria, se ha ido cumpliendo en los últimos dos meses. El cerco y asedio de las ciudades ucranianas (como el caso de Mariupol y otras) tienen muchos puntos de contacto con la saturación de los bombardeos y la artillería a Grozny, la capital chechena, que fue tomada después de ser arrasada, y el sitio y toma de Aleppo, la principal ciudad de siria, que le llevó al ejército ruso 4 años. Desde esta perspectiva, no es tan sorprendente el curso que ha tomado la guerra.

En el quinto mes de guerra que se inicia el 24 de junio, el hecho relevante será la cumbre de la OTAN que se realizará en Madrid el 29 y 30 de ese mes. Ella será crucial para determinar si la estrategia de Washington y Bruselas sigue persiguiendo como objetivo principal la desarticulación de la capacidad militar rusa. Como expresó Biden en varias oportunidades y lo ratificó el Jefe del Pentágono, el general Austin, esto implica una guerra prolongada, un aumento de la asistencia militar a Ucrania y asumir que esta decisión implica el aumento del costo económico de la guerra (con el aumento de los precios de la energía y el petróleo) y la posibilidad de que aumenten las divisiones que están planteadas dentro de la OTAN. Alemania y Francia, por un lado, evolucionan hacia un acuerdo que ponga fin a la guerra, y Estados Unidos y el Reino Unido por el otro, persiguen el objetivo de anular la capacidad militar de Moscú. Las oportunas advertencias que realizó Henry Kissinger en el Foro de Davos adquieren renovada vigencia en este escenario. A ello hay que agregar que la entrada de Finlandia y Suecia a la alianza occidental, que quizás sea el punto operativo central a resolver en esta Cumbre, sigue frenada por el veto de Turquía, el único país musulmán de la OTAN y que tiene la segunda fuerza armada de la alianza occidental por efectivos, después de Estados Unidos. Al mismo tiempo, Erdogan ha iniciado una ofensiva militar en Siria contra las milicias kurdas, mientras exige que Helsinki y Estocolmo frente su apoyo a exiliados de esta etnia.

En conclusión: cumplidos los cien días de la invasión de Rusia a Ucrania, ésta se ha desarrollado en tres etapas: la ofensiva rusa sobre Kiev, que fracasó; el reagrupamiento de las fuerzas de Moscú, y su contraofensiva; en la cuarta, se vislumbra el éxito ruso en completar la independencia del Donbass y la toma de toda la costa ucraniana sobre los mares Asov y Negro;  por último, hacia adelante, los escenarios bélicos no difieren sustancialmente de los imaginados a fines de enero, y la Cumbre de la OTAN que se realiza en Madrid pondrá a prueba la cohesión occidental hacia el futuro.

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