A dos meses del inicio de la guerra en Ucrania

Por Rosendo Fraga.

Próximo a cumplirse dos meses del inicio de la guerra en Ucrania, ésta aparece sin final a la vista. Comenzando por Rusia, es posible que la planificación militar inicial no se haya desarrollado de acuerdo a lo que Putin y los mandos rusos esperaban. Pero esto es lo que suele suceder por lo general en las operaciones militares. Por eso se dice que “no hay plan que resista la apertura del fuego”. Pero la historia también muestra que la capacidad militar rusa tiene una gran resiliencia. En el siglo XXI, esto se demostró tanto en la guerra para terminar con el separatismo checheno, como en Siria para apoyar militarmente al régimen de Asad. En ambos casos, la participación rusa fue vital en cuanto a la toma de centros urbanos, con cercos, saturación de fuego de artillería y bombardeos aéreos sistemáticos. Tal fue el caso de Grozni, la capital de Chechenia. La toma de posición en torno a la ciudad empezó un 17 de octubre y la caída de la misma fue casi cuatro meses después, el 6 de febrero. La ciudad quedó reducida a escombros casi en su totalidad. En el caso de Siria, la toma de Aleppo, la primera ciudad del país, fue una operación mucho mayor por su población y la cantidad de efectivos empeñados. En este caso, la duración de la operación fue de cuatro años, hasta que la coalición de fuerzas sirias, rusas y la milicia chiíta Hezbollah logró tomar la ciudad, que también fue sometida a intensos y prolongados ataques con artillería y aviación. Pero el 9 de mayo sería una fecha determinante para la operación militar de Rusia: al cumplirse ese día un nuevo aniversario de la rendición alemana en Berlín, Putin quiere anunciar la “liberación” del Donbass, la región pro-rusa de Ucrania.

En el caso de la OTAN, llega al conflicto de Ucrania con dos precedentes bélicos: los de Serbia y Afganistán. En el primero, en los años noventa del siglo pasado, la Alianza Occidental combatió contra el gobierno serbio, que se resistía a aceptar la secesión de Kosovo, cuya población en gran parte es de religión musulmana. En este caso, Estados Unidos y sus aliados europeos llevaron adelante una ofensiva fundamentalmente aérea, con pocas bajas en el terreno. Serbia y su capital, Zagreb, fueron sometidas a intensos bombardeos que no respetaron monasterios de la Edad Media. El otro precedente es el de Afganistán -la otra operación extra-zona de la OTAN-, que se prolongó durante dos décadas y fue la operación más importante de la Alianza Occidental desde su constitución en 1949. En este caso, fue una campaña que comprometió en su punto máximo a más de 100.000 hombres en el terreno. Se utilizaron bombas de gran poder para destruir refugios y almacenes subterráneos, drones y los aviones de combate más avanzados. Si bien fue una operación de la OTAN bajo mando estadounidense y con marcada mayoría de tropas de este origen, la participación europea y canadiense superó los 10.000 hombres en su momento máximo. Pero finalmente fracasó, cuando el retiro de tropas de la OTAN precipitó en forma inmediata la caída del régimen pro-norteamericano que gobernaba Afganistán. Los muertos de la OTAN llegaron a casi 4.000 a lo largo de los veinte años que duró la operación.

La guerra en Ucrania es para la OTAN un fracaso y una oportunidad al mismo tiempo. Cuando el Presidente de Francia, Emmanuel Macron, dijo en una cumbre de la organización, que ésta sufría de “muerte cerebral”, los defensores de la alianza replicaron que ésta había permitido tener a Europa el periodo de paz más prolongado de su historia. Basta recordar en el siglo XIX las guerras napoleónicas, la de Crimea, las restauraciones monárquicas, las guerras de unidad de Alemania e Italia y la Franco-Prusiana. En la primera mitad del siglo XX las guerras balcánicas, la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Se argumentaba que la presencia militar estadounidense en territorio de sus aliados europeos era la clave de esa paz que se había mantenido durante tres cuartas partes de siglo. Esto es lo que se quebró con la invasión de Rusia a Ucrania y la destrucción humana y material que ha generado en menos de dos meses. El avance de la OTAN hacia el este y la posibilidad de que más países de la ex Unión Soviética se incorporen (los tres bálticos lo hicieron en los años noventa del siglo pasado), ha sido el factor desencadenante de la guerra. Los tres conflictos que al comenzar la tercera década del siglo XXI llevaron a Rusia, en un año y medio, a desplegar tropas en Bielorrusia, Armenia (por el conflicto con Azerbaiyán por el enclave de Nagorno-Karabaj) y Kazajistán, tuvieron como objetivo que en estos tres países no llegaran al poder alternativas políticas pro-occidentales, que crearan un clima que alentara la oposición a Rusia.

Pero la situación más imprevista para la OTAN fue el rápido anuncio de Putin de que estaba dispuesto al uso del arma nuclear. Desde los estallidos de Hiroshima y Nagasaki en 1945 que aceleraron el final de la Segunda Guerra Mundial, no ha habido un conflicto militar en el mundo en el cual se haya planteado la posibilidad del uso de armas nucleares. Ese es el campo en el cual Rusia es la segunda potencia militar mundial y en el que puede desafiar la hegemonía estadounidense. Ya en la segunda semana del conflicto en Ucrania, Putin puso en alerta a su fuerza nuclear, cuando ésta se aprestaba a realizar sus ejercicios anuales este año, en combinación con Bielorrusia. Las fotos muestran que el Presidente ruso se está desplazando siempre acompañado con el portafolio que contiene las claves de uso de los misiles nucleares en manos de un ayudante que camina junto a él. Se presume que serían usados misiles tácticos nucleares muy diferentes a las explosiones que tuvieron lugar en Japón. Se trata de armas con mucha mayor precisión, con mejor control sobre su contaminación y que tendría lugar sobre Ucrania como blanco para no precipitar la intervención militar de la OTAN si alguno de sus países fuera alcanzado. Ha trascendido que Estados Unidos no respondería con una escalada nuclear inmediata si fuera el caso de uso de misiles tácticos nucleares fuera del territorio de la Alianza. El Presidente del Consejo de Seguridad de Rusia, el ex Presidente y estrecho aliado político de Putin, Dimitri Medvedev, es quien ha explicado públicamente la doctrina militar del uso del arma nuclear. Ha dicho que son cuatro las situaciones en la cual puede ser usada. Las tres primeras se vinculan con la protección del poder nuclear propio, pero el cuarto es “cuando esté en riesgo la existencia del estado ruso”.

En conclusión: al cumplirse dos meses del inicio de la guerra en Ucrania, el escenario se parece a lo que Biden y Johnson dijeron a fines de enero: “una gran Chechenia”; las campañas de Rusia en Chechenia y Siria, y de la OTAN en Serbia y Afganistán, son los antecedentes más importantes en ambos casos para prever alternativas y comportamientos; esta guerra es al mismo tiempo, para la OTAN, un fracaso (no logró mantener la paz en Europa) pero también una oportunidad, al demostrar la necesidad de su existencia; quizás la situación más imprevista fue la rapidez con la cual Putin hizo uso del arma nuclear como una herramienta de su estrategia.

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