La política de Rusia hacia la región

Por Rosendo Fraga.

La visita de Jair Bolsonaro a Moscú es una muestra de independencia y a la vez un éxito de Putin en el momento de mayor tensión con Estados Unidos en la crisis en torno a Ucrania. Las presiones de la Administración Biden fueron múltiples pero no lograron su objetivo, que era evitarlo. Es que con el antecedente de la visita del Presidente argentino, que se concrete la de su colega de Brasil -sin duda el país más importante de América Latina- constituye un éxito diplomático de Moscú, en una región que sin ser relevante, para Washington tiene importancia en estos momentos por su proximidad geográfica. La decisión de Bolsonaro, anticipada hace más de una semana por su Vicepresidente, el General Mourao, es consecuencia de que el gobierno demócrata estadounidense ha tenido una política hostil hacia Bolsonaro en temas como el medio ambiente y es claro que expresa simpatía por Lula frente a la elección presidencial que tendrá lugar en octubre. El marco diplomático del encuentro es el Grupo BRICS, que reúne a las grandes potencias emergentes. Creado hace más de una década, está integrado además de Rusia y Brasil, por China, India y Sudáfrica. Se trata de un grupo donde ninguno de los países, que tienen todos sistemas políticos diferentes, cuestiona o critica el del otro. Se trata de una dimensión de la política exterior brasileña que impulsó Lula, que Bolsonaro mantuvo con bajo perfil, y que ahora le otorga relevancia. Bolsonaro también visita Hungría, un país de la OTAN que ha tomado partido por Rusia en el conflicto que enfrenta con la Alianza occidental.

América Latina muestra el desarrollo del conflicto global que enfrenta Estados Unidos con tres frentes simultáneos: China, Rusia e Irán. En el conflicto en torno a Ucrania, el riesgo mayor que enfrenta Estados Unidos es que Beijing y Teherán busquen avanzar en forma simultánea a que la crisis ucraniana escale militarmente. Taiwán para China y el plan nuclear para Irán son los conflictos inmediatos que enfrentan a Washington con dichos países. En América Latina, Cuba, Venezuela y Nicaragua, han buscado en dichos tres países apoyo político, asistencia militar y sobrevivencia económica. Desde el punto de vista militar, Putin ha sido claro: la presencia militar de Rusia en las tres naciones latinoamericanas dependerá de sus decisiones soberanas (el mismo argumento de Washington respecto a la incorporación de Ucrania a la OTAN). Pero las grandes maniobras navales que está desarrollando Rusia a lo largo del Atlántico y el Pacífico en el Hemisferio Norte, el Mediterráneo y el Ártico, no contemplan a América Latina, cuya geografía está lejos del centro de un conflicto cuyo teatro de operaciones es esencialmente europeo. En América Central, el acercamiento a las potencias antagónicas a Estados Unidos comienza a ser un camino que transitan el presidente de El Salvador y el de Nicaragua, pese a sus diferencias ideológicas.

Mientras tanto, en política interna, las elecciones presidenciales en Brasil y Colombia concentran las expectativas. En este último país, en el que se votará en mayo, el primer puesto en las encuestas que durante más de un año venía teniendo el candidato de la izquierda, Gustavo Petro, sufrió un primer traspié importante, al pronunciar un discurso en estado de ebriedad. Las redes sociales magnificaron el hecho. Pero la situación del país se hace más tensa. Los combates entre el grupo guerrillero ELN o Ejército de Liberación Nacional, y las disidencias de las FARC -los sectores de la organización que han rechazado desmilitarizarse- crecen y comprometen a las Fuerzas Armadas y de Seguridad. A ello se agregan nuevas protestas en las calles, reclamando contra la injusticia social y la inseguridad, las que fueron intensas en 2019. En Brasil, las encuestas siguen confirmando el triunfo de Lula en primera vuelta. Pensando en la campaña y la posterior gobernabilidad, el ex Presidente Lula está girando al centro. En lo político, confirma las gestiones para que el ex candidato presidencial de centroderecha y al cual derrotó en dos oportunidades, Geraldo Alkmin, sea su compañero de fórmula. En lo internacional, mantiene una posición de equidistancia en el conflicto en torno a Ucrania. Con las Fuerzas Armadas ha comenzado a dialogar para cerrar diferencias del pasado.

Pero la gobernabilidad aparece como el tema central desde el punto de vista político-institucional para la región. El caso más evidente es el de Perú. El Presidente Pedro Castillo, en menos de medio año de gobierno, tiene 69% de desaprobación. Ya ha cambiado su Gabinete tres veces. Enfrenta a un oficialismo que es minoritario en el Congreso y que está dividido, y una oposición cada vez más agresiva. El sistema político peruano permite la destitución del Presidente por “inhabilidad moral” con 87 votos positivos de los 130 legisladores que componen el Parlamento unicameral. Los partidarios de la destitución van sumando legisladores, acercándose a dicha cifra. En el caso de Ecuador, el Presidente Guillermo Lasso enfrenta una situación compleja, también con un Parlamento muy fraccionado en el cual su partido está en minoría. No tiene ni el deterioro ni la ingobernabilidad de su colega peruano, pero no le resulta fácil gobernar. En Chile, el desafío del nuevo Presidente, Gabriel Boric, será asegurarse una base de apoyo parlamentaria para tener gobernabilidad. Su propio partido está lejos de tener mayoría y tiene que construir una compleja alianza, con un Senado en el cual le resulta difícil articularlo. Los tres tienen en común que llegaron a la segunda vuelta con pocos votos. En sus respectivas primeras vueltas, Castillo y Lasso obtuvieron aproximadamente el 20% y Boric el 24%. La cantidad de legisladores se refleja en dichos porcentajes. La nueva Presidente de Honduras, Xiomara Castro, enfrenta una situación similar, sin mayoría parlamentaria y con una coalición oficialista dividida. 

En conclusión: la visita de Bolsonaro a Moscú es un éxito diplomático de Putin en América Latina, que muestra la pérdida de influencia de Washington en su región inmediata; en ella crece la vinculación con los antagonistas de Estados Unidos en el ámbito global, que son Rusia, China e Irán, y a la posición de Cuba, Venezuela y Nicaragua parecen acercarse ahora El Salvador y Honduras; las dos elecciones claves que tienen lugar en América Latina en 2022 pueden acentuar la menor influencia de EEUU, un triunfo de Petro en Colombia y de Lula en Brasil tendrían este sentido político-ideológico; por último, en lo institucional, la ingobernabilidad aparece como amenaza regional, con gobiernos como los de Perú, Ecuador y Chile, que tienen Parlamentos donde es difícil articular mayorías.

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