Visión de Rusia: las amenazas vienen de Occidente

Por Rosendo Fraga.

La memoria histórica rusa ha tenido a Occidente como su principal amenaza de seguridad en los últimos siglos. A principios del siglo XIX, Napoleón invadió Rusia y llegó a tomar Moscú. La respuesta fue una gran guerra de desgaste que obligó al ejército napoleónico a retirarse derrotado. A mediados de ese siglo tuvo lugar la guerra de Crimea -ya entonces era una prioridad estratégica de Rusia para asegurar su acceso al Mar Negro-, que la enfrentó a una coalición liderada por Francia y Gran Bretaña, y de la que formaban parte también Turquía y el Reino de Cerdeña. En las primeras décadas del siglo XX, la Primera Guerra Mundial implicó para Rusia la paz con Alemania y sus aliados, firmada por el gobierno bolchevique en un contexto anárquico. Debido al acuerdo, pierde el 34% de su población, el 32% de la tierra cultivable, el 54% de su industria y el 89% de sus minas de carbón, situación que luego revierte gradualmente en el marco de la Unión Soviética. En la Segunda Guerra Mundial, la rápida y contundente ofensiva de Alemania y sus aliados origina millones de víctimas y un retroceso militar soviético por las derrotas iniciales. La dura resistencia y posterior recuperación hasta la toma de Berlín, fueron un gran esfuerzo humano y económico para el país. La percepción de que, entre fines de siglo XX y las primeras décadas del XXI, Rusia enfrenta nuevas amenazas de Occidente, subyace en la estrategia de Putin en el conflicto por Ucrania.

La geografía y su derivación, que es la geopolítica, son la clave de dicha percepción de amenaza proveniente de Occidente. En particular, un ejemplo de ello es el mencionado armisticio de la Primera Guerra Mundial. Rusia fue obligada a ceder entonces la soberanía sobre Finlandia; la que ejercía sobre Ucrania y Bielorrusia (las dos ex Repúblicas Soviéticas claves en el conflicto de hoy); también sobre Letonia, Lituania, Estonia y Polonia, que en su mayor parte integraba la naciente Unión Soviética. Perdió entonces su “cinturón de seguridad” en Occidente. También cedió Crimea. La mayoría de estos países se convierten en estados independientes que serán, por un breve lapso, satélites de Alemania. También a Turquía -entonces todavía era el Imperio Otomano- se le concede el Cáucaso, es decir Azerbaiyán, Armenia y, en menor medida, Georgia. El interés alemán era controlar las fuentes de petróleo de la región caucásica, que aseguraba la presencia de Turquía. También se obligaba a la naciente Unión Soviética a entregar a los aliados de Alemania -el Imperio Austrohúngaro y Bulgaria- grandes cantidades de cereales y petróleo, que ya era de vital importancia para la guerra. Pero la reconstrucción de la expansión geográfica y geopolítica rusa viene con su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Moscú recupera el control sobre las 14 repúblicas soviéticas de su frente occidental y el Cáucaso, que había perdido. Aunque no recupera la soberanía sobre Finlandia, logra neutralizarla. Con el Pacto de Varsovia, que reúne en una alianza militar a sus gobiernos satélites de Europa Oriental (Rumania y Bulgaria), Europa Central (Polonia, Hungría y Checoslovaquia) y Alemania Oriental (heredera de Prusia), obtiene la mayor expansión de su historia.

Al disolverse la Unión Soviética y desarticularse su control sobre el este de Europa, pierde su poder e influencia en el continente europeo. Los seis gobiernos satélites de Moscú que integraban el Pacto de Varsovia (que enfrentaba a la OTAN en la faz militar por la hegemonía en Europa) se disuelven tras la caída de los gobiernos pro-soviéticos. A ello se agrega que las 14 ex Repúblicas Soviéticas se independizan. Es un proceso que tiene alguna analogía con el sufrido por Rusia tras el armisticio de la Primera Guerra Mundial en cuanto al control territorial. En alguna medida, la anarquía que sufrió el país tras la revolución bolchevique y la guerra civil entre rojos y blancos, tuvo en los noventa del siglo XX un proceso no violento, pero de anárquica disolución del entorno de seguridad y la capacidad económica. Con la llegada de Putin al poder en 1999, se inicia un proceso de reconstrucción de la influencia de Rusia primero como potencia regional europea y segundo de su capacidad de acción militar global. En este contexto, la incorporación a la OTAN de Estonia, Letonia y Lituania marcó en el periodo de Yeltsin el momento de máxima debilidad estratégica de Rusia. Putin enfrentó como desafío inmediato la insurgencia de Chechenia, que intentó transformarse como un estado independiente musulmán dentro del propio territorio de Rusia. Luego, en 2008, fue a la guerra por Georgia para evitar que este país se sume a la OTAN, apoyando los intentos separatistas pro-rusos de Abjasia y Osetia del Sur. Finalmente, en 2014, anexa Crimea e impulsa la secesión del este de Ucrania, para evitar que este país se incorpore también a la OTAN.

En diciembre de 2021 Putin reacciona con la escalada militar en torno a Ucrania, desafiando a la OTAN y asumiendo el riesgo de una confrontación con Occidente. Lo hace como segunda potencia militar global, sustentada en su capacidad nuclear, todavía superior a la de China, y su capacidad de despliegue exterior de sus fuerzas armadas. Pero cabe señalar que el PBI ruso es aproximadamente el 6% del que tienen los 30 países de la OTAN sumados. Más allá de las fronteras de Ucrania, en enero puso en marcha un ejercicio naval global en el Hemisferio Norte, en aguas del Atlántico, el Pacífico y el Ártico. Forman parte del mismo 140 buques que combinan la capacidad militar naval, aérea y espacial. En febrero, el Kremlin señaló que los ejercicios militares que realiza en conjunto con Bielorrusia se combinan con el ejercicio de fuerzas nucleares que lleva adelante anualmente. Pero también realizó muestras de poder militar fuera del continente europeo. En el África Subsahariana, en Malí, un gobierno pro-francés fue derrocado por un golpe militar que sustituyó a las tropas francesas que estaban estacionadas en el país, por mercenarios rusos de la empresa Wagner (en realidad tropas especiales encubiertas). En el Cercano Oriente, en Siria, Bielorrusia envió un contingente militar como aliado de Rusia para participar en el sostenimiento del régimen de Asad. En América del Sur, el embajador ruso en Colombia manifestó que la presencia militar rusa en Venezuela no es ni sería una amenaza para Colombia. Pero el hecho más relevante es la declaración conjunta realizada por Xi y Putin en su primera reunión presencial en más de dos años a causa de la pandemia, con motivo de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing: ambos coincidieron en expresar el rechazo a la expansión de la OTAN.

En conclusión: la memoria histórica es la clave que explica el interés de Rusia en el conflicto en torno a Ucrania; la clave de este conflicto es la percepción rusa sobre la geografía y la geopolítica, que es común al régimen zarista, la Unión Soviética y el nacionalismo de Putin; al disolverse la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia, Rusia pierde su “cinturón de seguridad” frente a Occidente; por último, el conflicto tiene manifestaciones fuera del ámbito europeo, siendo la más relevante la declaración de Xi y Putin, coincidiendo en el rechazo a la expansión de la OTAN.

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