Entre las internas y el FMI

Por Rosendo Fraga.

La negociación con el FMI es el centro de la política argentina. Condiciona la relación del oficialismo con la oposición y ello seguirá siendo así por lo menos hasta marzo. El oficialismo no ha tenido éxito en esta materia con las fuerzas políticas. No lo ha tenido en el Congreso, tampoco con los gobernadores ni con los actores sociales, empresarios y sindicalistas. El oficialismo había imaginado un escenario para fin de 2021 donde pudiese mostrar “fotos” del respaldo a la posición del Gobierno, que no lo consiguió o fueron muy limitadas. El Presupuesto, el Plan Plurianual y el acuerdo con el Fondo eran las tres herramientas jurídico-institucionales que el Gobierno había pensado ya tener enviados al Congreso para esta fecha y aprobado por lo menos el Presupuesto. A ello se agrega que los sindicatos se muestran preocupados por que la inflación del primer trimestre de este año pueda alcanzar un tercio o más de la estimada por el ministro Martín Guzmán para todo el año. El sector empresario ha optado por un perfil bajo en esta etapa, reduciéndose los contactos del Gobierno con este sector a un segundo nivel. Pero el tema también domina la política exterior argentina. Tanto la reelección del Presidente Alberto Fernández el viernes 7 de enero como nuevo Presidente “pro témpore” de la Celac -esto genera dudas en Washington porque Cuba, Venezuela y Nicaragua integran la entidad y están excluidas de la misma Estados Unidos, Canadá y Brasil-, como la presencia en Beijing del Presidente argentino el próximo 4 de febrero para participar en la apertura de los Juegos Olímpicos, son una toma de posición. Es que los países del mundo que se consideran democráticos han decidido no enviar delegaciones oficiales al acto. Además, el 5 de febrero Fernández se entrevistaría con Xi y se firmaría el ingreso de Argentina al mayor proyecto geopolítico chino: la Nueva Ruta de la Seda. Fernández intentará también aprovechar la ocasión para un contacto presencial o virtual con el Presidente ruso Vladimir Putin.

La propuesta argentina para el pago de la deuda con el FMI ha sido rechazada ya a fines de diciembre y ello divide al oficialismo. Aunque el ministro Martín Guzmán dice que sólo falta definir el acuerdo sobre el “sendero fiscal”, la cuestión es que en realidad las diferencias son sustanciales. El sector que responde al Presidente, y en particular el Jefe de Gabinete, Juan Manzur, y el Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, intenta revitalizar la estrategia -que ha fracasado- de buscar imágenes que puedan ser interpretadas como consensos. El sector del oficialismo que responde a la Vicepresidenta Cristina Kirchner, mantiene un “silencio crítico” respecto a la posición de Guzmán ante el FMI. La estrategia del kirchnerismo sigue siendo la de postergar sin fecha el tema de la renegociación de la deuda. Massa intentará la segunda quincena de enero una “foto” con los gobernadores opositores para dar la imagen de que el diálogo no se ha roto. Pero cabe recordar que en la reunión con todos los gobernadores realizada la primera semana de enero, no sólo faltaron los opositores. Del total de 24, concurrieron entonces sólo 12, alegando los ausentes diversas causas. Tanto entre los gobernadores como con los legisladores y el sindicalismo, están planteadas dudas respecto a la estrategia de la Casa Rosada para llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario hacia el final del primer trimestre del año. 

En el campo de la oposición, la negociación con el FMI ha puesto de manifiesto su falta de liderazgo y la agudización de la lucha interna. En el Congreso, ni oficialismo ni oposición tienen mayoría, con una cantidad de legisladores muy pareja y con 24 sobre 257 diputados que pueden inclinar la balanza para uno u otro lado. En el Senado, tampoco ninguna fuerza tiene mayoría, aunque hay una leve ventaja oficialista. Ahí son 4 sobre 72 senadores los que definen la mayoría. Pero la oposición en Diputados refleja las divisiones que hay en Juntos por el Cambio. En el radicalismo, sobre casi medio centenar de legisladores, el sector que responde a Martín Lousteau ha separado sus 12 diputados, al no poder obtener la Presidencia del bloque radical en la Cámara Baja. En los 50 diputados del PRO, aunque han elegido como Presidente a Cristian Ritondo, la división la ha generado la resolución de la legislatura bonaerense que permite una nueva elección consecutiva de los intendentes de la provincia. Sólo 12 diputados provinciales apoyaron la posición de María Eugenia Vidal, que pretendía impedir el tercer mandato consecutivo de los jefes comunales. Aparte del bloque de la Coalición Cívica, se han creado otros bloques, como el que encabeza Emilio Monzó, y otros unipersonales, como el de Ricardo López Murphy, que hacen que Juntos por el Cambio tenga 9 bloques integrando su interbloque. En cuanto a los gobernadores, la actitud frente a la propuesta de diálogo del Gobierno, también los ha dividido. Los tres radicales (Morales, Suárez y Valdéz) han manifestado que concurrirán al diálogo que está gestando Sergio Massa. Pero el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, ha decidido tomar distancia del gobierno nacional, probablemente para no dar espacio a sus opositores dentro del PRO. En los últimos días ha sido sensible el deterioro de la oposición en la opinión pública.

La política exterior jugará un rol importante en la negociación con el Fondo Monetario en las próximas semanas. El voto de Estados Unidos es decisivo en el directorio del organismo para aprobar la propuesta argentina. Acá han fallado los pronósticos recientes del Gobierno sobre la importancia geopolítica de Argentina. Es cierto que el Departamento de Estado sigue el proceso electoral regional, que muestra avances importantes, pero eso sucede en una región del mundo que carece de relevancia mientras las tensiones que enfrentan Washington y sus aliados frente a Rusia, China e Irán, van en aumento. Cabe advertir también que las dificultades que para el FMI pueda producir un default de la Argentina, son un dato menor en un momento en que el mundo maneja cifras de trillones de dólares en el marco de las políticas para reactivar la economía frente a la pandemia. Además hay que advertir que Ucrania, el país central en el conflicto entre OTAN y Rusia, tiene un acuerdo con el FMI por un monto menor que el de la Argentina, y que ha aceptado el “sendero fiscal” determinado por el organismo internacional. El próximo 18 de enero el canciller argentino, Santiago Cafiero, viaja a Washington para entrevistarse con el Secretario de Estado, Antony Blinken, el Consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, y eventualmente, con la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen. El objetivo es explicar el sentido y alcance del viaje del Presidente a China, buscando evitar que se transforme en un hecho de preocupación y duda para los funcionarios que siguen el caso de Argentina.

En conclusión: la relación con el Fondo Monetario Internacional ha sido y será en las próximas semanas el tema central para la política argentina; la estrategia de la Casa Rosada de obtener “fotos” que reflejen consenso ha fracasado, y el oficialismo se encuentra dividido al respecto; la oposición también se encuentra dividida, pero las tratativas con el FMI son el pretexto y desencadenante para ello; por último, la política exterior muestra que el viaje del Presidente a China genera dudas en Washington sobre la entidad y sentido de la relación de Buenos Aires con Beijing.

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