El progresismo latinoamericano busca revitalizar estructuras

Por Rosendo Fraga.

En 2022, el populismo latinoamericano intentará revitalizar las estructuras que articuló en las primeras décadas del siglo XXI. Si Lula gana la elección presidencial de octubre, dará a estas iniciativas un renovado impulso. El ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), fundada por Fidel Castro y Hugo Chávez en la primera década del siglo, es la articulación más ideológica. Sumó entonces a Bolivia y más tarde a Nicaragua. En el caso de Honduras, la decisión del ex Presidente Manuel Zelaya de incorporar a su país, precipitó su destitución. Cuatro de los pequeños países del Caribe (muy dependientes del petróleo venezolano) también integraron el grupo. La reelección de Ortega en Nicaragua para su cuarto mandato consecutivo, el triunfo de Xiomara Castro en Honduras y el retorno al poder del partido de Evo Morales en Bolivia, han llevado a que Cuba y Venezuela decidan convocar al ALBA en el año que se inicia. La reactivación de la Celac (Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe) comenzó en 2021. Forman parte de esta articulación todos los países de América Latina y el Caribe, con excepción de Brasil, que dejó de participar con la llegada de Jair Bolsonaro al poder. Están excluidos en forma permanente Estados Unidos y Canadá. Por esta razón, hay quienes ven a la Celac como una estructura continental que podría competir con la OEA, aunque son entidades de distinto carácter. La Organización de Estados Americanos es un organismo internacional y la Celac un ámbito de concertación de políticas. Por su parte, la Celac realiza una reunión bianual con China. El Presidente argentino Alberto Fernández pretende suceder a su colega mexicano Andrés López Obrador en la Presidencia de esta entidad.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) fue la estructura regional utilizada por los gobiernos populistas de esta subregión. Los doce países sudamericanos llegaron a formar parte de esta articulación. En un momento, todos los países tenían gobiernos de izquierda moderada o radicalizada, con una sola excepción: Colombia, que lo tuvo siempre de centroderecha. Fue una entidad sin desarrollo económico o comercial, pero con fuerte actividad política. Jugó un rol importante en crisis regionales, como los conflictos entre Colombia y Venezuela, y entre la primera y Ecuador. También en Paraguay, cuando fue destituido el entonces Presidente Fernando Lugo, y en América Central a favor del ex Presidente Manuel Zelaya. Brasil -que es la mitad de América del Sur en población, territorio y PBI- fue el lider “natural” de esta articulación, en particular en los ocho años en los que Lula ocupó la Presidencia (2002-2010) y este rol se fue debilitando en el gobierno de su sucesora, Dilma Rousseff (2010-2016). En la segunda mitad de la segunda década del siglo, se fue desarticulando a medida que gobiernos de centroderecha ganaron en Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Ecuador. Nunca se disolvió, pero quedó desactivada de hecho. La Secretaría Permanente de Unasur estaba en Ecuador, y el ex Presidente Néstor Kichner, de Argentina, fue su primer Presidente.

El CAFTA, el acuerdo de libre comercio de Estados Unidos con América Central y República Dominicana, es la articulación más importante en esta subregión. Fue firmado en 2005 entre Estados Unidos y Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador. Panamá fue el único país centroamericano que no se integró, y del Caribe sólo lo hizo República Dominicana. En paralelo al CAFTA, los países centroamericanos fueron desarrollando una unión política, constituyendo un parlamento subregional. Aunque el retorno de Ortega al poder 12 años atrás y el intento de Zelaya de incorporarse al ALBA crearon fuertes tensiones de Nicaragua y Honduras con Washington, la vigencia del tratado de libre comercio con Estados Unidos no se alteró. En particular, el gobierno nicaragüense nunca se planteó abandonar el CAFTA y hasta ahora Estados Unidos no planteó a su vez suspender a la dictadura de Ortega de este tratado. Pero esta situación podría cambiar si la política latinoamericana de Biden se endurece. Paralelamente, a lo largo del siglo XXI, se ha ido conformando América del Norte como subregión. El NAFTA, el tratado de libre comercio firmado por Estados Unidos, Canadá y México en los años noventa, si bien es un acuerdo de libre comercio, ha ido teniendo consecuencias políticas y geopolíticas. La reunión anual que realizan los Jefes de Gobierno de estos tres países, ha adquirido dimensión política y se denomina “Los Tres Amigos”. En la concepción geopolítica estadounidense, México integra esta subregión y va tomando cuerpo que América Central, el Caribe y América del Sur constituyen otra.

El MERCOSUR y la Alianza del Pacífico también son estructuras de tipo económico-comercial, pero que de acuerdo a las circunstancias, pueden adoptar actitudes políticas. El primero se firmó en 1991, cuando el Presidente Bush padre planteaba constituir una zona de libre comercio “de Alaska a Tierra del Fuego”. Está integrado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. La primera década del siglo XXI, al coincidir gobiernos de centroizquierda en Brasil (Lula), Argentina (los Kirchner) y Uruguay (Tabaré y Mujica) fue adquiriendo dimensión política. Firmaron un acuerdo para institucionalizar la “cláusula democrática” y en función de ella suspendieron a Paraguay como miembro del grupo, cuando el Congreso destituyó al entonces Presidente Lugo. En los últimos dos años, al coincidir el gobierno de Bolsonaro en Brasil con el de Fernández en Argentina, el Mercosur perdió la posibilidad de adoptar posiciones políticas comunes. La decisión de Uruguay de negociar un tratado de comercio bilateral con China y las diferencias arancelarias entre Brasil y Argentina, han limitado la capacidad del grupo, que no ha podido implementar el tratado de libre comercio firmado con la Unión Europea. La Alianza del Pacífico es el acuerdo comercial firmado por México, Colombia, Perú y Chile. Tiene un sentido geopolítico -los cuatro países tienen costa sobre el océano Pacífico- y al momento de firmarse, los cuatro gobiernos podían ser definidos como de centroderecha (en Chile tenía lugar el primer mandato de Piñera). Años atrás se realizaron algunos encuentros tendientes a buscar una articulación económico-comercial entre el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico, que no prosperaron. También en lo geopolítico se buscó integrarlo a través de vías de comunicación transversales Atlántico-Pacífico en América del Sur, pero sólo han habido avances parciales.

En conclusión: los triunfos electorales de la izquierda en América Latina y la perspectiva de que Lula gane en octubre de 2022, han impulsado la reactivación de la Celac y el ALBA; pese a ello, no ha sucedido lo mismo con Unasur, que permanece desactivado, aunque Lula ya planteó su intención de revitalizarlo si vuelve a ser Presidente; en América Central, la articulación más relevante es el TLC de América Central y República Dominicana con EEUU, que se ha mantenido pese a las diferencias ideológicas, como el caso de Nicaragua; por último, el MERCOSUR y la Alianza del Pacífico son acuerdos económico-comerciales que de acuerdo a las circunstancias, han tenido actitudes políticas, especialmente en el caso del primero.

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