América Latina en la Cumbre democrática de Biden

Por Rosendo Fraga.

La Cumbre de gobiernos democráticos convocada por el Presidente Biden, puso en evidencia su visión política respecto a la región. Tuvo lugar entre el 9 y 10 de diciembre en forma virtual. Participaron más de 100 países, aproximadamente la mitad del total mundial. Fueron excluidos China y Rusia, que así quedaron liderando de hecho la otra mitad del mundo. De América Latina no fueron invitados ocho. Los tres del “Triángulo Norte” de América Central: El Salvador, Guatemala y Honduras. El primero, gobernado por un populista de derecha, Nayib Bukele, ha avanzado sobre la independencia de la Justicia y ha declarado recientemente que El Salvador es el primer país que ha oficializado el bitcoin como moneda nacional. Guatemala tiene un gobierno de centroderecha acusado de corrupción y complicidad con el narcotráfico por parte del gobierno estadounidense. En Honduras, el gobierno que termina del Presidente Hernández también es acusado de vinculaciones con el narcotráfico, estando detenido por esta causa el hermano del Presidente. La candidata recientemente electa para sucederlo, Xiomara Castro, tiene simpatías por el chavismo. Estos tres países tienen un rol clave para la política estadounidense en términos migratorios. Las tres dictaduras latinoamericanas que han resistido con éxito las presiones de Estados Unidos y sus aliados occidentales para democratizarse, Cuba, Venezuela y Nicaragua, también fueron excluidas de la Cumbre. En el caso de Haití, la exclusión se motivó por encontrarse en una situación anárquica y con un gobierno acusado de corrupción. También no fue invitada Bolivia, gobernada por Luis Arce, del partido que lidera el ex Presidente Evo Morales. Este último fue el caso más discutido. Hace un año que está en el poder y ha enjuiciado a las autoridades del gobierno de transición, que ocupó el poder tras el derrocamiento de Morales. La detención de la ex Presidenta, ministros y Jefes Militares que la acompañaron, es motivo de controversia.

Paralelamente, China ha empezado a ocupar el lugar que deja la política estadounidense en América Central. Mientras Washington condena a los gobiernos por dictatoriales y corruptos, China no califica la política interna de cada país. El caso de Nicaragua es elocuente. Paradójicamente, el régimen de Daniel Ortega hasta las elecciones de este año mantenía relaciones diplomáticas con Taiwán y no con la potencia asiática. Ortega acaba de iniciar su cuarto período presidencial consecutivo. Heredó esta situación de gobiernos precedentes de centroderecha y recién la cambió ahora, cuando la presión de las sanciones estadounidenses se intensificaron. Ortega es un declarado aliado de los regímenes cubano y venezolano, y al mismo tiempo mantiene el tratado de libre comercio con Estados Unidos, en el marco del acuerdo centroamericano. La diplomacia china ha iniciado contactos con los tres países del “Triángulo Norte” de América Central, hoy distanciados de Estados Unidos y excluidos de la Cumbre democrática. Estos contactos de Beijing han comenzado con el gobierno salvadoreño, recientemente acusado por la Administración Biden de negociar una tregua con las “maras” (las organizaciones del crimen organizado salvadoreño que controlan las cárceles). De los países centroamericanos, sólo Panamá -relevante por el Canal- y Costa Rica -el país con mayor tradición democrática de Centroamérica- mantienen hoy buenas relaciones con Washington. El primero de ellos ha recibido propuestas de China para la ampliación del Canal, iniciándose negociaciones que por ahora se dilatan.

La inestabilidad política se mantiene en Perú, Ecuador y Bolivia. En el primer país, la oposición liderada por el fujimorismo, quedó a seis votos de poder iniciar el juicio de destitución por “inhabilidad moral” al Presidente Pedro Castillo, quien lleva sólo cuatro meses y medio en el poder. Para la destitución es necesario el voto de 87 de los 130 legisladores. No es un objetivo inalcanzable si continúa el deterioro político del gobierno en los próximos meses, y se tienen en cuenta las destituciones presidenciales por esta vía en el pasado reciente. En Ecuador también hay un bajo control del Parlamento por parte del Presidente. Aunque Castillo es de izquierda y Guillermo Lasso es de centroderecha, ninguno de los dos supera la cuarta parte de los legisladores. En Bolivia, el problema es que la calle está volviendo a ser escenario del conflicto político. Se realizan movilizaciones del oficialismo y la oposición. La región de Santa Cruz de la Sierra es el bastión opositor, desde la cual surgió a fines de 2019 el movimiento que derrocó a Evo Morales. Mientras esto sucede, Uruguay y Paraguay muestran un cuadro de estabilidad política con gobiernos de centroderecha, y Argentina presenta un cuadro de división y falta de liderazgo unificado tanto en el oficialismo como en la oposición.

Pero es decisiva la polarización que se plantea en tres elecciones presidenciales: Chile, Colombia y Brasil. La segunda vuelta de la elección presidencial chilena que se realiza el 19 de diciembre, pone de manifiesto una paridad de fuerzas entre un candidato de derecha neta como José Antonio Kast, y otro de izquierda, con apoyo del Partido Comunista, que es Gabriel Boric. Gane quien gane, no tendrá mayoría en el Parlamento y enfrentará dificultades para construir coaliciones, dadas sus posiciones extremas. No será fácil la gobernabilidad chilena en este contexto. La elección presidencial colombiana que tiene lugar en mayo, tras las protestas violentas en las calles que tuvieron lugar en 2019 y 2020, muestra como primer candidato en las encuestas a Gustavo Petro, sin que las fuerzas de centroderecha que gobiernan desde hace décadas tengan por ahora un candidato competitivo. Pese al acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, la violencia política reaparece en forma intermitente pero constante en Colombia. Como en el caso chileno, se trata de un proceso electoral fuertemente polarizado. La elección presidencial brasileña muestra desde hace meses -cuando la justicia permitió la candidatura del ex Presidente Lula- una clara ventaja a su favor sobre el actual Presidente Jair Bolsonaro. Si bien la ventaja de Lula es importante, al mismo tiempo Bolsonaro registró en las últimas encuestas una leve recuperación, y la irrupción de otro candidato de centroderecha, el ex juez Moro -que condenó a Lula y fue ministro de Bolsonaro-, ha reactivado al electorado de centroderecha.

En conclusión: la Cumbre de países democráticos convocada por Biden excluyó a ocho países latinoamericanos: las tres dictaduras de izquierda, los tres países del “Triángulo Norte” de América Central, Bolivia y Haití; las divergencias de Washington con cuatro países de América Central (El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) han permitido a China avanzar en las relaciones bilaterales con ellos; la fragilidad institucional tiende a aumentar en Perú y Ecuador, y la política se reactiva en las calles en Bolivia; por último, la polarización político-electoral domina las elecciones presidenciales de Chile, Colombia y Brasil.

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