Polonia, Bielorrusia y el concepto de guerra híbrida

Por Rosendo Fraga.

El concepto de “guerra híbrida” se generalizó en el 2014 cuando Rusia ocupó Crimea y apoyó la secesión en Ucrania. En este contexto, se denominó a estas acciones militares con este término. Implicaba que la guerra había pasado a hacerse como una combinación de tropas regulares, fuerzas especiales encubiertas, milicias y operaciones en el ciberespacio, es decir que las fuerzas regulares no tenían el rol principal y los objetivos se buscaban y alcanzaban a través de otras estructuras armadas vinculadas a ellas. El Estado se diluía a través de diversas formas de acción, combinando herramientas militares y no militares. En alguna medida, la guerra de Siria dio ejemplos de este nuevo tipo de guerra. Las milicias kurdas fueron apoyadas por fuerzas especiales estadounidenses en su conflicto con el régimen de Assad. A su vez, fuerzas rusas e iraníes combatieron a favor del Presidente sirio, y milicias como Hezbollah también participaron del conflicto. Las nuevas armas tecnológicas, como los drones, se pusieron a prueba en este conflicto. En estos años, Rusia comenzó a utilizar los servicios de la empresa de mercenarios Wagner, a través de la cual realiza operaciones de sus unidades de fuerzas especiales. Han combatido en Siria, Libia y ahora en Mali. Pero las denuncias de operaciones cibernéticas para influir en la elección presidencial estadounidense que ganó Trump en 2016, incorporó al concepto de guerra híbrida la posibilidad de influir sobre la opinión pública de distintos países y determinar sus gobiernos, moderando y tergiversando la voluntad popular. Es cierto que en ese momento los servicios de inteligencia rusos eran los que tenían mayor capacidad de acción en este campo, y cabe la hipótesis de que operaron sobre la elección. Pero esto nunca fue realmente comprobado.

El conflicto entre Bielorrusia y Polonia por el destino de inmigrantes traídos por el gobierno del primero para impulsarlos a trasladarse a territorio polaco, ha planteado un nuevo alcance de la guerra híbrida. El gobierno polaco, la Unión Europea, la Jefa de Gobierno alemán y la OTAN, entre otros, han caracterizado este conflicto como expresión de la guerra híbrida. En este caso, los inmigrantes de Siria, Irak y Yemén, entre otros, organizados por las redes de tráfico ilegal de inmigrantes y en combinación con el régimen de Lukashenko, llegaron por vía aérea a Minsk, la capital del país, y fueron llevados a la frontera con Polonia para que ingresaran ilegalmente en el territorio de la Unión Europea. Desde allí, se trasladarían a otros países de la misma. Polonia, además, había sido uno de los países de la UE que más duramente cuestionó en 2020 la elección bielorrusa, denunciada como fraudulenta. El gobierno de Varsovia desplegó 15.000 hombres de sus Fuerzas Armadas a lo largo de los 500 kilómetros de su frontera con Bielorrusia, para evitar la entrada de los inmigrantes, que así se acumulaban sobre las alambradas en condiciones extremas y sin poder ingresar. Al mismo tiempo, Rusia, el aliado más firme de Bielorrusia, enviaba bombarderos de largo alcance a realizar ejercicios en territorio bielorruso, y desplegaba tropas en su frontera con Ucrania. Los tres países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia), que también han condenado enérgicamente al régimen de Lukashenko, adoptaron posiciones defensivas tanto en la frontera terrestre como en el campo cibernético. Más de una década atrás, Estonia fue el primer país en sufrir un ataque cibernético ruso sobre sus sistemas de información oficiales.

El conflicto se extiende y su evolución y resultado son inciertos. El concepto de guerra híbrida se extiende ahora al uso de otros medios. El tráfico ilegal de inmigrantes es considerado una herramienta en este tipo de conflicto. Esta herramienta produce una situación que va derivando al empleo de medios militares. El gobierno polaco, que amenazaba con abandonar la Unión Europea siguiendo el modelo del Brexit británico, modificó su posición, se moderó y logró el apoyo de la Unión Europea frente a Bielorrusia. Varsovia logró también involucrar a su favor a la OTAN, que advirtió sobre los riesgos que implicaba el despliegue de tropas rusas en este conflicto y los peligros que ello implicaba para la estabilidad de Ucrania y el accionar de los separatistas de este país. En el concepto de guerra híbrida, Moscú trata de mostrar a Polonia como un país agresor, al impedir por la fuerza la entrada de los migrantes de Medio Oriente. Por su parte, los miembros de la Unión Europea hacen lo mismo respecto a Bielorrusia, mostrando cómo su gobierno lleva a los migrantes a situaciones extremas sobre la frontera polaca, como elemento de presión. Este conflicto ha acelerado el proyecto impulsado por Francia de crear un sistema de defensa europeo diferente a la OTAN. Pero hasta ahora es una iniciativa que se planifica lentamente. En 2022 se realizarían maniobras conjuntas de fuerzas europeas y sin participación estadounidense, mientras que en 2023 se organizarían las primeras unidades de la fuerza militar europea. Recién en 2025 se contaría con una fuerza expedicionaria de 5.000 hombres para ser empleada en el entorno de la Unión Europea. Coincidentemente, se produjeron incidentes militares en el Cáucaso, en la frontera entre Armenia y Azerbaiyán.

La creciente prioridad por la guerra híbrida lo demuestra el reciente ejercicio de la Armada Española para neutralizar las “fake news” como herramienta en este tipo de conflicto. La hipótesis es que las fake news cada vez más sofisticadas constituyen una amenaza que puede llegar a “hacer fracasar las misiones militares”. Pueden crearse enemigos inexistentes con las nuevas tecnologías, según el concepto en el que trabaja el Cuartel General de la Flota desde su base en Cádiz. “La guerra de la información incluye desde la guerra electrónica hasta las fake news”, según el Vicealmirante José María Núñez, bajo cuyo mando se realizó el ejercicio que tuvo lugar en la segunda semana de noviembre de 2021. Añadió que “es muy importante porque, por ejemplo, un país puede difundir fake news diciendo que otro ha ido contra los derechos humanos, y de esta forma rompe la cohesión, se plantea que se retire de la misión y pone a la gente en contra de los militares”. La “guerra de la información” ocupó un lugar relevante en la maniobra más importante de la Armada Española de este año, denominada FLOTEX-21. Elementos del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire participaron también en el ejercicio, que empleó más de 3.000 hombres. Se trata de “sentar las bases para poder enfrentarnos al enemigo en el ámbito cognitivo, con la misma eficiencia que en los ámbitos físicos y el ciberespacio”. Una de las conclusiones fue que hay que aprovechar la tecnología móvil para grabar muchas acciones y difundirlas casi en tiempo real, dado que las campañas de desinformación son cada vez más sofisticadas, con la utilización de las modernas tecnologías (big data, inteligencia artificial, etc.) y las redes sociales. Por estos motivos, hace falta un abordaje coordinado en el área comunicacional, el ciberespacio y la inteligencia. Otra conclusión es que con estas herramientas pueden llegar a crearse enemigos imaginarios que no existen y que es necesario anticiparse a nuevas tecnologías todavía no utilizadas.

En conclusión: el concepto de “guerra híbrida” se difundió en 2014 cuando Rusia ocupó Crimea e impulsó la secesión de Ucrania, combinando fuerzas regulares y encubiertas, milicias y operaciones cibernéticas; el reciente conflicto de Bielorrusia con Polonia planteó una nueva dimensión del concepto, al considerar la utilización del tráfico ilegal de migrantes como una herramienta en este tipo de enfrentamiento; Rusia actuó en apoyo de Bielorrusia, amenazando a Polonia, Ucrania y los países bálticos, llevando a la Unión Europea a acelerar su proyecto de tener una estructura de defensa propia, al margen de la OTAN; por último, la ampliación del concepto de guerra híbrida se pone en evidencia en el reciente ejercicio de la Armada Española, que dio prioridad a las “fake news” como herramienta en los conflictos militares.

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