La carrera oceánica

Por Rosendo Fraga.

El inicio de la carrera espacial a mediados del siglo XX, coincidió con el comienzo de los experimentos de la tecnología para llevar seres humanos a aguas muy profundas, aunque la primera ocupó el rol central. Una de las razones de ello es que la carrera espacial tuvo a los Estados como organizadores y protagonistas esenciales, y en cambio, la búsqueda por llegar al fondo de los océanos fue una convergencia de iniciativas estatales, privadas y científicas, sin un predominio claro. La carrera espacial mostró en la segunda década del siglo XXI una participación creciente de inversores privados de riesgo en el ámbito del proyecto espacial estadounidense, lo que no se ha dado en los casos de China y Rusia. Si bien hoy se conoce más de la superficie de la Luna o Marte que del fondo de los océanos, esto podría cambiar por tres razones. La primera es económica: los capitales de riesgo empiezan a tener perspectivas de retorno económico mejores que en el espacio, donde las distancias y las condiciones son más difíciles y requieren sumas más importantes. La segunda es que la prioridad adjudicada a la protección del medio ambiente empieza a contemplar la importancia que respecto al mismo tiene el área marítima. Tres cuartas partes del globo terráqueo están cubiertas por los mares y su vinculación con la preservación del medio ambiente es un tema sobre el que falta saber mucho. Es por eso que la Fundación Rewilding Argentina plantea la consigna “Sin azul no hay verde”. Por último, desde el inicio la carrera espacial estuvo vinculada a lo militar, lo que no sucede hasta ahora en la oceánica.

El proceso de inversión privada en la exploración de los fondos oceánicos se ha intensificado, con empresas como OceanX, que busca posicionarse como el símil de SpaceX de Elon Musk en la carrera espacial. La primera es impulsada por el director de Titanic, James Cameron, y el inversor de riesgo, Ray Dalio, quien sostuvo en una reciente entrevista que “la exploración del océano es mucho más importante que la del espacio”. Otros multimillonarios que participan de la “carrera oceánica” son Eric Schmidt, Roman Abramovich y Paul Allen. Pero Jeff Bezos -dueño de Amazon, segundo hombre más rico del mundo y segundo inversor privado de la carrera espacial-, anunció que rescatará del fondo del océano los restos de las misiones Apolo. Simultáneamente, se ha generado una naciente industria de submarinos individuales, que tienen un costo de 3 millones de dólares y se alquilan por 30.000 dólares al día. Este negocio creció 30% en 2021. Hay tres empresas de alta tecnología que dominan el mercado de los sumergibles pequeños. El año pasado, un modelo de Triton, compañía basada en Florida, rompió el récord de descenso, con una inmersión de 10.928 metros en lo más profundo del Pacífico. La “fosa” de las Marianas en este océano, es una extensión marítima en la cual hay calamares gigantes, ríos internos a altísimas temperaturas, nano-climas, herramientas para capturar carbono de manera masiva y tesoros escondidos. Cualquier cambio que se produzca en ella puede tener importantes consecuencias en la superficie terrestre.

En la primera semana de noviembre se presentó el World Fund, el mayor fondo de iniciativas climáticas del mundo, con un lanzamiento de 350 millones de euros. Se especializa en financiar empresas que trabajan tanto en la regeneración como en quitarle presión a los ecosistemas oceánicos. Por ejemplo, en la conservación de bosques submarinos, en el mapeo y monitoreo del lecho marino y en alternativas de proteínas de pescado. Pero las áreas económicas relacionadas con la innovación en los océanos, son quizás las más relevantes. Existe un primer “anillo de firmas” para la captura de datos como Saildrone. A ella se suman otras como Autonaut, AMS (Datamaran), ASV, Remus, Bluefin, Slocum y Ocean Aero. Otros temas de la agenda de los océanos incluyen la contaminación de plásticos y la formación de estados libertarios libres de impuestos en medio del océano. Peter Thiel es uno de los impulsores y todos los años reúne un grupo de dueños de barcos de Sillicon Valley en la Bahía de San Francisco para simular este proyecto e impulsar el turismo submarino. 

El rol del Estado en la exploración del fondo de los océanos, es menor que el que tiene en la carrera espacial, donde los gobiernos son los actores centrales y los privados secundarios que operan en su órbita. La minería oceánica es otro punto importante. Al igual que ya hay empresas dedicadas a la futura extracción de minerales de los asteroides, lo mismo sucede con la fractura de Clarion-Clipperton, una zona del lecho del Pacífico más grande que la superficie de Estados Unidos, que guarda riquezas todavía no calculadas, a una profundidad de más de 5.000 metros. Ya hay empresas de seis países interesando a sus gobiernos para que apoyen sus proyectos. Es decir, la convocatoria parece ir de los privados hacia el Estado, así como los planes de ocupación futura. Pese a ello, hay proyectos para construir ciudades submarinas para poblaciones permanentes, y eso se parece al proyecto de Musk para colonizar el espacio y el de Bezos para crear “ciudades satélite” de la Tierra. En la carrera espacial, el factor militar estuvo presente desde los inicios, lo que no parece haber sido igual en la naciente carrera oceánica, como se dijo. Pero 2021 ha dado muestras de cómo ambas carreras se vinculan con lo militar. El lanzamiento de misiles nucleares de largo alcance desde submarinos (tema central en el conflicto del Indo-Pacífico y la reciente articulación de la alianza AUKUS), así como el lanzamiento del misil hipersónico de China (que puede portar armas nucleares de largo alcance, circunnavegó la Tierra y sorprendió a la inteligencia estadounidense), evidencian la vinculación de la expansión espacial y oceánica, con los intereses de seguridad de las potencias.

En conclusión: los desarrollos tecnológicos para llegar al fondo de los océanos, se viene desarrollando en forma paralela a la carrera espacial, pero al no tener un rol relevante de los estados, ha quedado con menor visibilidad; el proceso de inversión privada en la que puede llamarse “la carrera oceánica”, se está intensificando, con creciente actividad de empresas y la creación de fondos de inversión; es así como se ha creado el World Fund, con un capital de 350 millones de euros destinado a financiar emprendimientos para la preservación del medio ambiente en los fondos oceánicos; por último, la vinculación de las carreras espacial y oceánica con lo militar es un hecho: los recientes lanzamientos del misil hipersónico chino y los misiles de capacidad nuclear desde submarinos, lo demuestran.

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