Los procesos políticos en la región al comenzar noviembre

Por Rosendo Fraga.

El candidato de la ultraderecha en Chile, José Antonio Kast, encabeza los sondeos a menos de tres semanas de la elección presidencial. Obtendría 22,2% sobre el candidato de izquierda, Gabriel Boric (representante del ala moderada de las protestas callejeras), que alcanzaría el 17,4%. Ninguno de los dos llegaría al 50% necesario para evitar la segunda vuelta, que será el 19 de diciembre. El tercer lugar lo tiene la candidata democristiana Yasna Provoste, que ronda el 10% de los votos. Representa al ala moderada de la desarticulada Concertación. En el cuarto ha quedado Sebastián Sichel, el candidato de centroderecha apoyado por el Presidente Sebastián Piñera, que ha caído a sólo el 6,9% de intención de voto. Es un escenario que era imposible un mes y medio atrás. Los candidatos que siguen son el economista liberal Franco Parisi y el progresista Marco Enriquez Ominami, los dos levemente por debajo del 5%. El comunista-radical Eduardo Artés, de Unión Patriótica, no llegaría al 2%. Kast defiende la prioridad del orden público y el refuerzo de los controles fronterizos. La crisis migratoria y las protestas violentas, así como el conflicto mapuche, han impulsado el crecimiento del candidato de ultraderecha y líder del Partido Republicano. Defiende a Pinochet y en los medios de comunicación se lo menciona como “el Jair Bolsonaro chileno”. El cambio de tendencia electoral chilena confirma el crecimiento de la ultraderecha occidental en el plano global y regional y la gran volatilidad de los procesos electorales. Muestra de ello es la progresiva caída en las encuestas del candidato comunista Daniel Jadue, que durante buena parte de este año lideró la intención de voto a presidente, y quién finalmente terminó perdiendo la interna con Gabriel Boric.

En Perú se acentúa el riesgo de ingobernabilidad, con un Congreso donde puede articularse una coalición de derecha que intente destituir al Presidente Pedro Castillo. Su partido tiene sólo 37 de los 130 legisladores. El Congreso es unicameral y con 87 congresistas se puede precipitar la destitución presidencial, como sucedió tres veces durante el último mandato. El Poder Legislativo ha dado un paso en esta dirección, al sancionar una ley que limita las facultades de Castillo y lo debilita frente a un Congreso opositor, ya en parte decidido a impulsar la destitución. Estos sectores tienen a Keiko Fujimori (perdió por menos de un punto la segunda vuelta frente a Castillo), encabezando la ultraderecha en el Congreso. En la Constitución peruana se puede destituir al Presidente por “incapacidad moral”, la que puede aplicarse sumariamente en un proceso de pocos días, sin necesidad de un juicio político y sin otro argumento que la mayoría parlamentaria requerida. El sector destituyente todavía no reúne los 87 votos. Legalmente, el Presidente tiene pocos instrumentos para neutralizar este tipo de ofensiva. El sistema político peruano es una combinación de presidencialismo con instrumentos parlamentarios. Además, el Partido Perú Libre que llevó a Castillo al poder, muestra divisiones respecto al Presidente, quien ha comenzado a movilizar sus partidarios, recurriendo a ellos como estrategia de respuesta y defensa a su compleja situación. Cabe recordar que Castillo lleva sólo 3 meses en el poder.

La crisis de Haití configura un “estado fallido” en América Latina que puede anticipar situaciones semejantes en otros países de la región, especialmente del Caribe. El país tiene 19 millones de habitantes y es el más pobre de América Latina. Incluso su nivel de pobreza y desempleo supera a decenas de los 54 países de África. En lo que va del Siglo XXI, los esfuerzos internacionales y regionales por estabilizar el país, no han tenido éxito. El reciente asesinato del Presidente Jovenel Moïse ha precipitado una crisis política sobre el trasfondo de un agudo deterioro social. El punto políticamente crítico es la asociación y complicidad de los líderes políticos que luchan por el poder, con bandas armadas que operan como organizaciones del crimen organizado, sin que exista la voluntad política ni la capacidad para que las Fuerzas Armadas y de seguridad controlen esta situación. En ese contexto se dio el asesinato de Moïse, no aclarado aún, por un grupo de mercenarios colombianos. La situación pasó a preocupar en Occidente, cuando estas bandas asociadas al poder político, en las últimas semanas comenzaron a secuestrar extranjeros, en su mayoría misioneros religiosos de Estados Unidos y Europa, exigiendo rescates por millones de dólares para liberarlos. La Administración Biden (históricamente Estados Unidos intervino militarmente en Haití media docena de veces, la última en el Siglo XXI, en el marco de una fuerza de paz) hoy no parece tener una política para enfrentar la crisis que implica un incremento de la migración haitiana ilegal hacia los Estados Unidos, vía Centroamérica.

Las cinco elecciones que tendrán lugar en América Latina este mes de noviembre, muestran certezas e incertidumbres. La primera es la elección presidencial en Nicaragua, que tiene lugar el 7 de noviembre. Es una certeza que el Presidente Daniel Ortega, secundado por su esposa como Vice, obtendrá su quinto mandato presidencial, con un régimen dictatorial que se asemeja al de partido único. El domingo siguiente (14 de noviembre) se realiza la elección legislativa en Argentina, donde es probable que la coalición de centroderecha (Juntos por el Cambio) que gobernó durante el periodo 2015-2019, se imponga en la elección sobre el oficialismo, que es el Frente de Todos, constituido por el populismo tradicional del peronismo y el centroizquierda que representa el kirchnerismo. Una semana después, el 21, se realizan dos elecciones. La mencionada primera vuelta de la elección presidencial chilena, que se encamina a una segunda vuelta entre el sorpresivo candidato de ultraderecha (José Antonio Kast) y un candidato de izquierda (Gabriel Boric). Es un proceso electoral con una creciente polarización. El mismo día tiene lugar la elección regional venezolana, en la que, en un proceso con reglas no consensuadas hasta ahora, el régimen de Maduro retendría la mayoría de las estructuras políticas locales. Por último, el 28 de noviembre tendrá lugar la elección presidencial de Honduras, en la que compiten Nasry Asfura, del Partido Nacional del actual Presidente Juan Orlando Hernández (de centroderecha y fuertemente cuestionado en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico), y una coalición opositora liderada por Xiomara Castro, en la que convergen distintos sectores y en la que predominan los de centroizquierda.

En conclusión: la elección presidencial chilena muestra un sorpresivo crecimiento del candidato de ultraderecha que reivindica a Pinochet, y que competiría en segunda vuelta con uno proveniente de las protestas callejeras de 2019; la situación político-institucional peruana se agrava, con un Presidente debilitado a los tres meses de asumir y un Congreso con fuerte mayoría opositora, en el cual la extrema derecha plantea su destitución; Haití ya es un estado fallido, con asociaciones y complicidades entre las facciones políticas y las bandas de crimen organizado, en un país que tiene la peor situación social de América Latina y el Caribe; por último, las cinco elecciones que se realizan en la región en noviembre muestran previsibles triunfos oficialistas en Venezuela y Nicaragua, probable triunfo opositor en Argentina e incertidumbre en Honduras y Chile.

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