La participación privada en la carrera espacial

Por Rosendo Fraga.

La participación del sector privado en la carrera espacial, da a Estados Unidos una ventaja en este ámbito, decisivo en el largo plazo para las grandes potencias. El 20 de julio de este año, Jeff Bezos, uno de los dos hombres más ricos del mundo y dueño de la empresa tecnológica Amazon, realizó el primer viaje espacial privado y exitoso en su cohete de la empresa Blue Origins. El “New Shepard” despegó del desierto en Texas y en tres minutos salió de la atmósfera. Además de Bezos, viajaron un joven holandés de 18 años, una frustrada astronauta octogenaria y el hermano del dueño de Amazon. La navegación se realizó a 100 kilómetros de altura. El cohete reutilizable voló sólo 10 minutos, antes de posarse nuevamente en la Tierra. El padre del joven holandés pagó 3 millones de dólares por el viaje de su hijo, convirtiéndose en el primer turista espacial de la historia. Nueve días antes, el multimillonario británico Richard Branson viajó al espacio con su nave BSS Unity, que hizo el trayecto con dos pilotos y tres pasajeros y aterrizó luego en una pista de Nuevo México. Fue el primer viaje espacial privado, pero mostró deficiencias que a los pocos días produjeron una fuerte caída del valor bursátil de su empresa. Estos vuelos tuvieron lugar a cincuenta años de que el astronauta Yuri Gagarin, de la URSS, viajara en 1961 al espacio. Desde entonces, ha habido más de 900 astronautas. 

El tercer empresario que participa en la carrera es Elon Musk, creador de las empresas PayPal en tecnología y Tesla en el de los autos eléctricos, y quien es además el otro hombre más rico del mundo. De origen sudafricano, Musk tiene su base en los Estados Unidos. En 2002 vendió PayPal por 1.500 millones de dólares para crear la empresa Space X de lanzamiento de cohetes tripulados. Los dos primeros -sin astronautas- explotaron en el aire, pero el tercer lanzamiento de 2008 fue un éxito. Su salto económico se dio en 2020, cuando desde Cabo Cañaveral llevó a dos astronautas de la NASA a la Estación Espacial Internacional, en el cohete reutilizable Falcon 9, reduciendo así los costos. Fue un emprendimiento “público-privado”. El entonces presidente Donald Trump estuvo presente en el lanzamiento y dijo que esta empresa “corporiza el ethos americano de pensar a lo grande”. Musk ya ha lanzado centenares de satélites y planea instalar otros 30.000, lo que podría generar una peligrosa basura cósmica. Si bien transporta astronautas con regularidad, nunca buscó la espectacularidad personal de ser el primer empresario que viaja al espacio, como sí hicieron Bezos y Branson. Trump firmó una orden ejecutiva a partir de una ley de Barack Obama de 2014, aprobada por el Congreso de Estados Unidos, en la que se declara al espacio exterior “un dominio legal y físicamente único de la actividad humana y Estados Unidos no lo ve como un bien común global”. 

Musk es el más exitoso de los millonarios que actúa en la carrera espacial y ha tenido un rol importante en la revitalización de los planes de la NASA, que habían decaído desde el final de la Guerra Fría. Para enviar astronautas dependía de la agencia rusa Roscosmos, durante 9 años en los que pagó 80 millones de dólares por cada astronauta transportado. Pero en esta etapa Musk obtuvo una eficacia y velocidad sin precedentes para sus naves. Elige sus objetivos por telescopio: la Luna en 2024 (no de visita, sino para establecer una presencia humana permanente) y Marte en 2030, en una operación subcontratada por la NASA. Musk dice que aspira a “morir en Marte, pero tras vivir allí unos cuantos años”. Este empresario ha construido un relato épico que apunta a crear una “civilización interplanetaria” que no quede “atrapada en la Tierra”. Dice que “debemos llegar a Marte cuanto antes (…). Si nuestra especie pretende sobrevivir, de alguna manera tendremos que escapar”. Se piensa a sí mismo como una suerte de colono y no como un empresario del turismo espacial, como son hasta ahora Branson y Bezos. Pero el proyecto Artemisa de la NASA, que aspira a retornar a la Luna para transformarla en “trampolín” para llegar a otros planetas, tiene un rol más relevante que la empresa de Bezos. El proyecto de Musk, un ingeniero de computación, aspira en sus propias palabras, a crear una “red de urbanizaciones espaciales”.

La visión de Bezos es distinta: no cree que la Tierra tenga un futuro negativo ineludible, pero entiende que la demanda de energía tiene un límite. Sostiene que “tenemos que parar de crecer, lo cual es un muy mal futuro”. Su idea es evitarlo, construyendo descomunales estructuras cilíndricas que floten en órbita para mudar la industria pesada “y mantener la Tierra como una bella gema”. Serían ciudades satélite flotantes, con trenes aéreos, rascacielos, campos, aves y playas, “sin lluvias ni terremotos (…) y trillones de humanos en el sistema solar (…)”. Su lema es “tenemos que ir al espacio para salvar la Tierra”. Uno de los negocios en juego sería la minería de asteroides, la Luna y Marte, en busca de platino, litio, paladio, níquel y helio-3. Desde que se descubrió hielo en la Luna, se sabe que hay agua divisible en oxígeno e hidrógeno para propulsión, lo cual revitalizó el interés chino y ruso. Pero el negocio está en los contratos de transporte, telecomunicaciones y armamento con la NASA y el Pentágono. Musk desarrolla cohetes para transportar armas de destrucción masiva. Ese uso militar se mantiene con bajo perfil tras el show de los vuelos tripulados, que son según analistas “casi una entelequia y en realidad útiles sólo para marketing”. Los contratistas privados de la NASA en el ámbito espacial recibieron entre 2012 y 2017, 10.000 millones de dólares, que en realidad fueron subvenciones. Esta competencia entre los hombres más ricos del mundo se desarrolla al mismo tiempo que la de las grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia. Los dos últimos desconocen la política estadounidense que ya contempla la posibilidad de la propiedad privada en el espacio.

En conclusión: la participación del sector privado en la carrera espacial da a Estados Unidos una ventaja, al contar con más inversión y desarrollo que se suman a la estatal, que sigue definiendo la estrategia espacial; la competencia entre Elon Musk con Space X y Jeff Bezos con Blue Origins -los dos hombres más ricos del mundo-, genera un impulso propio en la carrera espacial; ellos han tenido un papel importante en la revitalización de los planes de la NASA, de quien son proveedores y contratistas y llevando Musk ventaja en este ámbito; por último, esta competencia entre privados se realiza al mismo tiempo que la de las potencias EEUU, China y Rusia por dominar el espacio; la primera reconoce la propiedad privada en este ámbito, pero las dos últimas no.

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