Militarización en los gabinetes de Venezuela y Brasil

Por Rosendo Fraga.

Venezuela y Brasil, los dos países sudamericanos que son actualmente polos ideológicos opuestos en la región, muestran el mayor grado de militarización de sus gabinetes. Comenzando por el primer caso, el régimen establecido tras la elección presidencial que en 1998 dio la victoria al entonces teniente coronel Hugo Chávez, 23 años después muestra que las Fuerzas Armadas son un pilar político central del Gobierno, con una alta presencia militar en el Gobierno, que se traduce en la integración del Gabinete. En los primeros días de septiembre, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, lo reorganizó, ampliando la presencia militar en sus ministros. Ahora son 10 los que provienen de las Fuerzas Armadas; 3 son vicepresidentes -una jerarquía que los pone por encima de los ministros de su área- y uno de ellos controla una posición clave: minería. Las carteras a cargo de militares son: Despacho de la Presidencia; Interior; Defensa; Agricultura; Alimentación; Vivienda; Obras Públicas; Energía Eléctrica; Fronteras; y el mencionado de Desarrollo Minero Ecológico. Este último estaba en manos civiles hasta la reciente reforma de gobierno. Las tres vicepresidencias están ocupadas por el General Remigio Ceballos (Ejército), ministro del Interior y vicepresidente de Seguridad Ciudadana; el general Vladimir Padrino (Ejército), ministro de Defensa y vicepresidente de Soberanía Política, Seguridad y Paz; y el general Néstor Riverol (Guardia Nacional), que es ministro de Energía y vicepresidente de Obras Públicas y Servicios. 

Si bien en el pasado un tercio del Gabinete estaba ocupado por militares, con la reciente reforma su participación se eleva a la mitad. En el Ministerio de Desarrollo Minero y Ecológico, el almirante William Serante Pinto, ex comandante de la Armada, ha reemplazado a un civil. Se trata de una cartera que en los últimos tiempos ha adquirido gran valor económico. Los ministerios a cargo de militares han quedado al margen del control político de los órganos del Estado, sin que éstos puedan ejercerlo. La metodología de disciplina y espíritu de cuerpo de las Fuerzas Armadas se han trasladado a estas áreas de gobierno. A ello hay que agregar que siendo Venezuela el país más inseguro de América Latina en términos de homicidios y de delincuencia organizada, el rol militar en la seguridad interior se ha ido extendiendo. Ese es el caso del ministro del Interior, el general Remigio Ceballos, que viene de ser Comandante Estratégico Operacional de las Fuerzas Armadas y número dos del Ejército. Bajo su conducción, la seguridad ciudadana se rige con un concepto de planificación y cooperación militar. Las Fuerzas Armadas se han transformado así en un poder fundamental del régimen y sin su participación, se hace muy difícil ejercer el gobierno. La clave del fracaso del líder opositor Juan Guaidó estuvo en no haber logrado dividir a los militares, para lograr el apoyo de por lo menos una parte de ellos. Estos cambios se producen al mismo tiempo que el gobierno venezolano realiza una negociación con la oposición en México, respecto a dar mayor transparencia a las elecciones regionales del próximo 21 de noviembre.

En el caso de Brasil, el presidente Jair Bolsonaro es un ex capitán paracaidista retirado, que tiene también una fuerte presencia militar en su Gabinete de Ministros. En las antípodas ideológicas del caso venezolano, se trata de un gobierno de derecha en lo político y liberal en lo económico, que fue aliado de Trump y muestra tendencias autoritarias. También tiene aproximadamente la mitad de su Gabinete a cargo de militares. Está compuesto por 22 integrantes de rango ministerial. La mitad de ellos son militares en actividad y retiro y civiles que han trabajado en las Fuerzas Armadas. El 29 de marzo de 2021 Bolsonaro realizó su primer cambio de Gabinete -antes había reemplazado ministros en forma aislada-, reemplazando con militares a cuatro de los seis cambios: el canciller Ernesto Araújo fue sustituido por el embajador Carlos Alberto Franco en el Ministerio de Relaciones Exteriores; en el Ministerio de Justicia, el Jefe de la Policía Federal, Anderson Torres, reemplazó a André Mendonca (que las relaciones del Ejecutivo con los jueces queden a cargo de un jefe policial pone en evidencia la alianza del presidente con las fuerzas de seguridad); el ministro de Defensa, el general retirado Fernando Azevedo, fue sustituido por el también general retirado Walter Souza Braga Netto, que ocupaba la Jefatura de la Casa Civil, una suerte de Jefe de Gabinete de Ministros; el general Luis Eduardo Ramos pasó a ocupar la Jefatura del Gabinete de la Presidencia. A parte de ellos, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación es Marcos Pontes, un teniente coronel de la Fuerza Aérea brasileña, mientras que el jefe de Gabinete de Seguridad Institucional es el general retirado Augusto Heleno; el Ministerio de Minas y Energía está a cargo de Bento Costa Lima Leite, almirante de la Armada brasileña. En el momento más álgido de la pandemia, el Ministerio de Salud estuvo a cargo del general en actividad, Eduardo Pazuello, compañero de Bolsonaro en el Ejército y paracaidista como él. Los malos resultados de su gestión llevaron al Ejército a cuestionar que un general en actividad estuviera en este cargo.

El cambio en el Ministerio de Defensa fue consecuencia de la discrepancia sobre el rol de las Fuerzas Armadas que tenía su titular, el general retirado Fernando Azevedo, con el Presidente. A fines de marzo de 2021, Bolsonaro, al reemplazar seis ministros, incluyó al de Defensa, Fernando Azevedo. En realidad fue una crisis que se manejó con discreción. El ministro saliente había tenido diferencias con el presidente a raíz del rol de las Fuerzas Armadas. El general Azevedo sostenía que éstas debían mantenerse al margen de la gestión política del Gobierno. Esta postura era compartida por los jefes de las tres Fuerzas, y en particular por el del Ejército, el general Pujol. Éste renunció, al igual que los titulares de las otras dos Fuerzas, Ilke Barbosa Junior (Armada) y Antonio Carlos Bermudes (Aeronáutica). Si bien fue una crisis que se manejó por lo bajo, el mensaje político fue claro: el Presidente quería mandos militares más alineados con el Gobierno. El nuevo ministro de Defensa, Braga Netto, fue el elegido por Bolsonaro para ello. Se trata de un general retirado que como jefe civil del Gabinete (una suerte de Primer Ministro), cargo por el cual fue designado hace casi un año y medio, fue formando una relación de confianza con el Presidente. 

La marcha para presionar al Congreso y la Justicia que convocó el Presidente, mostró a las Fuerzas Armadas expectantes, pero sin definirse a favor o en contra. Ello no quiere decir que no haya habido una discreta toma de posición militar. En el pasado, durante el Gobierno de Michel Temer, apoyaron la decisión del Supremo Tribunal que impidió a Lula presentarse a elecciones durante el gobierno anterior. Han sido un sostén político importante del Presidente. En la movilización que convocó Bolsonaro, la Policía Militar -todas las policías estaduales tienen régimen militar- se movilizó como partidaria del Presidente. Se trata de otro apoyo relevante para el “bolsonarismo”. Una de las primeras medidas del nuevo ministro fue reemplazar la cúpula militar, que había presentado su retiro en solidaridad con el ex ministro Azevedo. Los nuevos mandos designados entonces fueron el general Paulo Sergio Nogueira de Oliveira en Ejército, el almirante Garnier Santos en la Armada y el teniente brigadier Carlos de Almeida Baptista Junior en la Aeronáutica. El cambio se completó con la designación del almirante Laertes de Souza Santos en el Estado Mayor Conjunto en junio. Se trata de mandos más afines a Bolsonaro. Su actitud de silencio frente a los intentos de los partidarios de Bolsonaro de realizar un “autogolpe”, parecían hasta septiembre un dejar hacer al Presidente. Pero la decisión de Bolsonaro de dar marcha atrás respecto a sus discursos amenazantes del 7 de septiembre, tuvo como un factor importante la opinión militar, contraria a poner en crisis el sistema institucional.

En conclusión: Brasil y Venezuela son los polos ideológicos en América del Sur por derecha y por izquierda, y en ambos casos se da una fuerte presencia militar en los respectivos Gabinetes de Ministros; en Venezuela, el reciente cambio de Gabinete mostró un avance militar en el Gobierno, ya que los ministros que integran las Fuerzas Armadas, que eran un tercio, pasaron a constituir la mitad; en Brasil, el Presidente Bolsonaro mantiene una fuerte presencia militar en su Gabinete: aproximadamente la mitad del mismo está integrado por militares en actividad y retiro y civiles que han trabajado en las FFAA; a fines de marzo cambió al ministro de Defensa y los mandos militares, designando como reemplazantes a jefes militares supuestamente más afines en su apoyo al Presidente; por último, igualmente, en la marcha del “bolsonarismo” contra la Suprema Corte y el Congreso, el silencio militar fue uno de los factores que llevaron al Presidente a moderar su postura.

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