Afganistán: lo que queda tras la salida de Estados Unidos

Por Rosendo Fraga.

El 31 de agosto terminó la retirada de la OTAN de Afganistán, tras dos décadas de guerra. Desde el punto de vista de Estados Unidos, que tuvo el peso de las operaciones militares, se trató de la guerra más larga de su historia. Para Washington ha sido un golpe importante en la visión histórica, la acción bélica y en su capacidad diplomática. Los aliados europeos de la OTAN, encabezados por Alemania, Reino Unido y Francia, mostraron su malestar por la decisión inconsulta de Estados Unidos respecto a la fecha del retiro. Ahora, esta situación se ha trasladado a las relaciones internas dentro de la OTAN. El representante de la Unión Europea para Relaciones Internacionales, Josep Borrell, sostuvo que lo sucedido confirmaba la necesidad de que Europa tenga una estructura de defensa propia, al margen de la estadounidense. Por su parte, el candidato de Angela Merkel para las elecciones generales de septiembre, Armin Laschet, dijo que el retiro de Afganistán había sido “la mayor derrota de la OTAN en su existencia”. Los ministros del G7 -las siete economías más importantes entre los países democráticos- reclamaron sin éxito a Estados Unidos que mantenga la operación de salida de Afganistán, más allá del 31 de agosto. El debilitamiento de la confianza en Estados Unidos entre sus aliados asiáticos ha sido evidente. Biden se vio obligado a enviar a su Vicepresidenta, Kamala Harris, a Singapur y Vietnam por esta razón. En Irak, Estados Unidos anunció el retiro de sus tropas -sólo algunos miles de hombres- para fin de año. En este caso el temor no es un colapso como el de Afganistán, sino la revitalización de la guerra civil en este país. Al mismo tiempo, el repliegue de las tropas francesas en la región africana conocida como el Sahel, podría ahora sufrir una reprogramación.

En los Estados Unidos, la repercusión ha sido una fuerte caída de la imagen y el consenso del Presidente Joe Biden. Por más que el acuerdo con los talibanes y la fecha del retiro fue acordada por Donald Trump en las negociaciones que se realizaron en Qatar, el costo político por los errores en la fase final del repliegue -que se transformó en derrota- ha recaído plenamente sobre el presidente demócrata, ahora sometido a las críticas de la oposición republicana. La caída de Kabul llevó a que la imagen negativa de Biden subiera al 48% y la positiva cayera al 46%. Después del atentado suicida del grupo EI-K en el aeropuerto, la negativa se elevó aún más, llegando al 56%, y la positiva descendió al 41%. Las imágenes de Afganistán seguirán por varias semanas. Los temas de género, que hace 20 años tenían menor prioridad en Occidente, se potencian ahora con la difusión que permiten las fotografías tomadas desde celulares. Pero la elección legislativa de medio mandato que se realiza en noviembre de 2022 -que normalmente pierden los gobiernos estadounidenses-, está muy lejos en el tiempo en términos electorales. Revertir la caída de imagen  en términos de política interna es más fácil para Biden que la pérdida de confianza de Estados Unidos en el exterior. Las palabras de Biden acusando a las fuerzas regulares afganas de falta de voluntad de lucha fueron injustas. En 20 años han muerto en Afganistán 2.500 hombres de Estados Unidos y 1.100 de los aliados de la OTAN. Frente a ello, fallecieron 70.000 hombres de las fuerzas regulares afganas, es decir que cayeron 20 afganos por cada soldado de la OTAN. En cuanto a los talibanes, murieron otros 70.000. La causa del derrumbe militar afgano ha sido el cese de la cadena logística que mantenía Estados Unidos para el funcionamiento de las fuerzas afganas. Sin salarios, alimento, combustible, munición, apoyo aéreo y tecnología, el colapso militar afgano era inevitable.

Los cambios geopolíticos producidos por la toma del poder en Afganistán de los talibanes, implican beneficios para Rusia, y especialmente para China. El debilitamiento de la alianza Washington-Bruselas y la disminución de la confianza en Estados Unidos en Asia, generan una situación favorable para las que Biden llama “potencias autoritarias”. Pero Rusia está limitada en la región por la guerra que sostuvo y perdió en la década del 80 del siglo pasado, contra los mismos sectores afganos que hoy han vuelto a tomar el poder. Afganistán se incorpora ahora al proyecto de Nueva Ruta de la Seda, eje de la geopolítica de Beijing en Eurasia (el “cinturón” que va del Extremo Oriente hasta el Atlántico en el Hemisferio Norte). En los cinco países del Asia Central -tres de los cuales tienen frontera con Afganistán- la influencia estadounidense que se había establecido, pero ahora disminuirá. El rol de Pakistán, que tiene la frontera más extensa, aumentará y quizás plantea el mayor riesgo para el accionar de los grupos extremistas islámicos, que se revitalizan ahora. La frontera afgano-iraní implica una mayor relación de los talibanes con un enemigo abierto de Estados Unidos. La frontera con China es un estrecho corredor, pero que le permite a la potencia asiática un acceso geográfico directo. El objetivo de corto plazo de la geopolítica china es lograr el retiro militar de Estados Unidos en su entorno, y por esto la situación es favorable a Beijing. En cuanto a los grupos terroristas, encuentran mayor posibilidad de acción en Afganistán y más entusiasmo para sus acciones en el ámbito global. Organizaciones como Al Qaeda y el Estado Islámico recrudecen sus luchas, a la vez que planifican acciones más audaces.

Mientras tanto, en Occidente este mes de septiembre tendrán lugar tres elecciones importantes en Rusia, Canadá y Alemania. En la potencia euroasiática se realizan el 17 de septiembre y tienen por objeto renovar la Duma, el órgano legislativo de gobierno ruso. Pese a que la oposición en los últimos meses ha ganado más espacio mediático y en las redes sociales, con Navalny como principal opositor pese a su encarcelamiento, el resultado electoral parece que no afectará el poder de Putin. Su partido, Rusia Unida, mantendrá la mayoría legislativa. Así, el régimen de “democracia controlada” no enfrenta riesgos en el corto plazo. Tres días después se realizan elecciones generales en Canadá. El régimen parlamentario permite al Primer Ministro, Justin Trudeau, fijar la fecha de las elecciones. En un momento que su imagen ha sufrido un descenso, intentará revitalizarla con una nueva victoria electoral sobre los sectores conservadores (hoy estaría sacando 33%, el mismo resultado que en 2019, y el Partido Conservador 29%). Pero la elección general alemana del 26 de septiembre es la más relevante de las tres para el futuro de Occidente. Se trata del país más grande de Europa Occidental por PBI y población, y también es la primera economía del continente y la cuarta del mundo. Además finalizan cuatro periodos consecutivos de Angela Merkel al frente del país. Es la elección más incierta desde la posguerra. El sistema bipartidista de democristianos y socialdemócratas, se encuentra en crisis. Los “verdes” se han transformado en un tercer partido con fuerza equivalente. Los sondeos muestran a estas tres fuerzas oscilando alrededor del 25% de los votos. La cuarta fuerza es Afirmación por Alemania, que supera el 10%, la quinta la izquierda y la sexta los liberales. De esta elección podría surgir una alianza de centroderecha con democristianos, liberales y verdes, u otra de centroizquierda, con este partido, los socialdemócratas y la izquierda. Será una experiencia política inédita para Alemania.

En conclusión: terminado el retiro de las tropas de Estados Unidos de Afganistán, lo que era un repliegue se transformó en derrota; en términos geopolíticos, China y Rusia ganan influencia en la región y el terrorismo islámico aumenta su motivación y capacidad de acción; en la política interna estadounidense, Biden ha sufrido un duro golpe, con una marcada caída en su imagen, pero todavía falta mucho (14 meses) para la elección legislativa de medio mandato; por último, en septiembre tienen lugar tres elecciones relevantes para Occidente en Rusia, Canadá y Alemania, y en este último país se enfrenta una situación inédita con el debilitamiento del sistema bipartidista tradicional.

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