La política argentina tras el atentado a Cristina

Por Rosendo Fraga.

La Argentina enfrenta una crisis de dimensiones históricas, donde convergen situaciones políticas, económicas y sociales. Desde 1983, cuando se restableció la democracia, la Argentina vivió dos crisis de esta magnitud, en 1989 y 2001. Ambas se caracterizaron por tres elementos: el primero es el descontrol de las variables económicas, el segundo la pérdida del control de la calle con connotaciones violentas, y el tercero, la renuncia anticipada del Presidente. Puesto en este contexto, con sus más y con sus menos, Argentina parece haber tomado esta dirección. Pero en el plano político, la situación encuentra la reaparición de una constante histórica. Es que el antagonismo entre peronismo y antiperonismo que tuvo vigencia en el cuarto de siglo transcurrido entre 1945 y 1970, empieza a parecerse al que hoy enfrenta al kirchnerismo y el antikirchnerismo. En 1974, el abrazo entre Perón y Balbín fue un intento simbólico pero efectivo de cerrar la grieta política que había llevado a una guerra civil de baja intensidad entre junio de 1955 y junio de 1956. Hoy, para contener el antagonismo que ha exacerbado el atentado contra la Vicepresidenta Cristina Kirchner, parece impensable un encuentro entre ella y Mauricio Macri, la figura más importante de la oposición en términos institucionales por haber sido el único Presidente antikirchnerista en las últimas dos décadas. Es que la falta de una visión histórica que permita mirar con distancia los acontecimientos del día a día de la crisis que vive la Argentina, impide generar pasos concretos para contenerla y encauzarla.

El atentado contra la Vicepresidenta que tuvo lugar el 1° de septiembre, muestra por un lado una escalada en la crisis, y por el otro un aumento de velocidad en su desarrollo. El 22 de agosto tuvo lugar la acusación del fiscal Diego Luciani contra la Vicepresidenta, en el marco de la Causa Vialidad. Cinco días después, el 27, se produjeron los hechos violentos frente a su domicilio entre sus militantes y la policía porteña. Cinco días más tarde fue el atentado. Las declaraciones del Presidente del bloque de senadores del Frente de Todos, José Mayans, el 4 de septiembre diciendo que si se quiere la paz social hay que suspender el juicio, y la reiniciación del mismo el 5, pueden constituir un cuarto escalón en la escalada del conflicto. Todo esto ha tenido lugar en dos semanas, es decir, la crisis política se desarrolla con gran velocidad, cuando faltan catorce meses para la elección y once para las PASO. No aparece a la vista por ahora ninguna gestión ni predisposición para contener y encauzar la crisis. En la semana que se inicia, al reanudarse el juicio de Vialidad, comenzará la defensa de los acusados. Hoy la tensión y el antagonismo político son más fuertes que dos semanas atrás, cuando tuvo lugar la acusación. Las declaraciones provenientes del oficialismo sobre iniciativas como sancionar una “ley del odio” -vigente en Venezuela y que el domingo 4 el mismo Nicolás Maduro recomendó para Argentina- seguirán provocando reacciones de la oposición, las que están condicionadas por la pre-campaña electoral que vive. También volverán a la calle los reclamos de los movimientos sociales opositores y oficialistas.

En el oficialismo, la situación ha reforzado la centralidad de Cristina Kirchner y su hijo Máximo ha hablado de la eventual candidatura de su madre. El Presidente Alberto Fernández claramente se encuentra en un segundo plano y sin posibilidad de recuperar el centro de la escena. El círculo que rodea a la Vicepresidenta ha iniciado una ofensiva para el desplazamiento del ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, por las supuestas fallas en la seguridad de Cristina Kirchner y errores o negligencias en la investigación del atentado. También ha planteado críticas al titular de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia), Agustín Rossi, a quien la Vicepresidenta cuestiona por no haber aceptado a una senadora que le respondía para que lo acompañe en la lista de las PASO. Sergio Massa viaja a los Estados Unidos tras tomar su medida más importante -llevar a 200 pesos el llamado “dólar soja”-, en la búsqueda de más dólares que podrían provenir del BID, la CAF, el FMI y bancos estadounidenses. Pero su figura ha quedado relegada por la de Cristina. La decisión del Presidente de decretar feriado nacional el 2 de septiembre para permitir la movilización que se realizó en repudio del atentado -de la que participó sólo el oficialismo-, subrayó el intento de utilizar políticamente el atentado. Es claro que éste generó una mayor unidad y actividad en el kirchnerismo, que ha sabido utilizar con eficacia. En el plano internacional, al respaldo del progresismo lationamericano y la izquierda europea anti-globalización, Cristina sumó los repudios al atentado que expresaron, entre otros, el Secretario de Estado de EE.UU., Anthony Blinken. Pero la rotunda derrota de la reforma constitucional en Chile, que ha sido el primer traspié del giro al progresismo latinoamericano en un año y medio, y el achicamiento de la ventaja de Lula sobre Bolsonaro, constituyen una amenaza para la estrategia política de Cristina.

En la oposición, la crisis política en desarrollo ha profundizado la división, sin que surja alguien que haya logrado aprovechar la situación para fortalecerse claramente. Ya antes de la acusación de Luciani, Elisa Carrió había denunciado por corrupción a figuras importantes del PRO, como Rogelio Frigerio y Cristian Ritondo, provocando un primer enfrentamiento interno. Los incidentes violentos frente al domicilio de Cristina generaron otro dentro del PRO, con la controversia entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. La sesión en la Cámara de Diputados que tuvo lugar el sábado 3 de septiembre para condenar el atentado, mostró una fractura dentro de Juntos por el Cambio, al levantarse tras la votación todo el bloque del PRO y no hacerlo el del radicalismo y la Coalición Cívica. El ex Presidente Mauricio Macri intentó no involucrarse directamente en estos hechos y ahora viaja a Qatar, alejándose de los acontecimientos. Ritondo y María Eugenia Vidal fueron los voceros del PRO para explicar que se habían retirado del recinto para evitar avalar con su presencia nuevas críticas del kirchnerismo. Declaraciones recientes, como las de Mayans y Victoria Donda, atacando a la oposición y responsabilizándola de haber creado el “clima de odio” que habría provocado el atentado, polariza la situación política aún más, y ello da más espacio a los sectores más duros del PRO. Por su parte, Javier Milei profundizó su estrategia contra la “casta política”, al cuestionar en conjunto al Frente de Todos y Juntos por el Cambio y negándose a votar la declaración consensuada por ambas fuerzas. 

En conclusión: en lo económico y social, la Argentina va en dirección a crisis como las de 1989 y 2001, pero en el plano político, se parece cada vez más a la de peronismo y antiperonismo; en la coyuntura, los hechos que han tenido lugar en sólo dos semanas muestran que la crisis escala y al mismo tiempo se desarrolla con gran velocidad; en el oficialismo el atentado ha reforzado la centralidad política de la Vicepresidenta, desplazando aún más al Presidente y también a Massa, y comenzando a hablarse de su candidatura; por último, en la oposición se profundiza la división, al mismo tiempo que el antagonismo político que ha escalado, da mayor espacio a los sectores “duros” de la oposición.

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