La guerra en Ucrania llega a la carrera espacial

Por Rosendo Fraga.

Desde el punto de vista estratégico, la pugna entre Estados Unidos y China se desarrolla en las áreas comercial, geopolítica, tecnológica y espacial. Analizado el conflicto entre Moscú y Kiev, ha sido claro el impacto en el área comercial. Las sanciones económicas a Rusia implican cierres de la economía de distinto grado y aumentos del costo de las materias primas, especialmente en alimentos y energía. La geopolítica no sólo está presente, sino que es causa del conflicto. Históricamente, la puja en Ucrania entre Europa Occidental y Oriental se remonta a principios del siglo XVIII, y la decisión rusa de invadir tiene este origen proyectado al siglo XXI. Desde el punto de vista tecnológico, su uso con fines militares está presente, pero hasta ahora se ha desarrollado débilmente. Pero el Presidente estadounidense, Joe Biden, ha denunciado que Rusia prepara un gran ataque cibernético sobre la infraestructura estadounidense, tanto pública como privada. Sin que haya demasiada información confirmada, es posible que acciones de guerra cibernética hayan sido desarrolladas por Estados Unidos para desarticular los sistemas de comunicaciones de las fuerzas rusas que se encuentran en territorio ucraniano. Las empresas tecnológicas estadounidenses han tomado partido en este conflicto a favor de Washington y contra Rusia. No sólo lo han hecho como agentes económicos, retirándose del mercado ruso, sino también proporcionando información con fines militares, tanto para Ucrania como para Estados Unidos. 

Pero la guerra entre Rusia y Ucrania comienza a llegar a la carrera espacial, y la Estación Espacial Internacional (EII) es quizás la expresión más relevante. En este campo -probablemente la pugna de mayor trascendencia para la humanidad en el largo plazo-, las consecuencias de la guerra en Ucrania han comenzado a llegar, aunque de forma poco visible. En particular, el conflicto afecta a las próximas misiones espaciales de los países que integran la OTAN y la Unión Europea. Desde hace más de tres décadas, la cooperación ha sido base del desarrollo de la actividad espacial, pese a que las grandes potencias tienen proyectos de expansión nacional en dicho ámbito y de desarrollo económico de los recursos naturales en el espacio. Pero según Diego Córdova, la cooperación ha predominado en cuanto al uso de la EII, en el uso de redes satelitales de comunicación y en la exploración interplanetaria. Todo esto empezó a complicarse desde que el 24 de febrero las tropas rusas entraron en Ucrania. Las sanciones económicas, embargos, cese de importaciones e intercambios tecnológicos contra Rusia por parte de Washington y Bruselas, provocaron la reacción rusa. La reacción de la agencia espacial rusa Roscosmos y su director, Dimitri Rogozin, no se hizo esperar. Iniciadas las operaciones militares, destacó que las trabas impuestas al intercambio tecnológico que se venía teniendo en función de la EII -donde son socios Washington y Moscú junto con la Unión Europea, Japón y Canadá- provocarían un deterioro en la fabricación de naves cargueros “Progress”, que son las que mantienen la altura y la órbita del gran complejo espacial.

Esta advertencia, interpretada por algunos como una amenaza, generó incertidumbre respecto a la cooperación espacial internacional. En los primeros días de marzo fue aplazado el lanzamiento de satélites de la empresa OneWeb, con sede en el Reino Unido. Iban a ser lanzados por un cohete ruso Soyuz desde Baikonur. Todos los empleados de OneWeb abandonaron las instalaciones rusas y al mismo tiempo los operarios rusos que estaban en la base espacial europea Kourou en Guyana Francesa -desde donde también se lanzan cohetes rusos- regresaron a Moscú. El 12 de marzo Rusia envió una carta a las agencias espaciales de Estados Unidos, Canadá y Europa, solicitando el levantamiento de las sanciones impuestas al Kremlin porque podrían derivar en un cese de la EII, debido a que el lanzador de despegue está sometido a sanciones y la nave que abastece a la casa orbital no podría partir. Este impedimento afectará al seguimiento ruso de la Estación, que entre otras tareas, se encarga de corregir su órbita (lo hace en promedio unas 11 veces al año), y también de “esquivar” la chatarra espacial. El riesgo, según el gobierno ruso, es que se produzca un “amaraje forzoso” de la gigantesca estructura o que acabe estrellándose contra el suelo terrestre. La actual tripulación de la Estación está integrada por cuatro astronautas de la NASA, dos de Rusia y un europeo. 

Pero el 17 de marzo, la Agencia Espacial Europea (ESA) confirmó la suspensión de la misión espacial ExoMars, al interrumpirse la cooperación con la agencia espacial rusa Roscosmos a raíz de la guerra con Ucrania. El objetivo de esta misión es aterrizar en Marte un vehículo autónomo de exploración “Rover”. A su vez, Roscosmos aseguró que Rusia sigue adelante con sus planes y enviará su propia expedición a Marte. La decisión de la ESA, según admitió su director general, Josef Aschbacher, se adopta ante la “inviabilidad práctica y política” de seguir cooperando con Rusia por las sanciones que le han impuesto los países de Occidente y sus aliados. El director de Roscosmos, Dimitri Rogozin, dijo que su país continuará con el objetivo de explorar Marte y sostuvo que la postergación “es un hecho muy amargo para todos los entusiastas del espacio”. Explicó la nueva estrategia rusa: “Hemos perdido varios años, pero haremos una réplica de nuestro módulo de descenso, lo equiparemos con un cohete portador Angar y desde el nuevo cosmódromo Voschoni realizaremos por nuestra cuenta esta expedición científica”. Como solamente hay condiciones propicias para el lanzamiento cada 26 meses, si se llegara a retomar la colaboración a tiempo, 2024 sería la fecha más próxima, pero la Agencia Europea ve poco probable esa hipótesis y admitió que 2026 sería la posibilidad más factible. El vocero de Roscosmos consideró que era “una pena que los colegas de la ESA pongan su postura antirrusa por encima de los objetivos comunes de la Humanidad de estudiar el universo”.

En conclusión: la competencia por la hegemonía global entre Estados Unidos y China, se desarrolla en los campos comercial, geopolítico, tecnológico y espacial, siendo este último el más trascendente en el largo plazo; en este campo, si bien las grandes potencias tenían objetivos y emprendimientos propios, se daba una actitud de cooperación que la guerra entre Rusia y Ucrania comenzó a romper; la Estación Espacial Europea ha sido el ámbito específico en el cual ello ha tenido lugar, generando la reciente suspensión de misiones a Marte y según Moscú, riesgos para el funcionamiento de la EII; por último, la suspensión de la misión ExoMars 2022, en la cual la Agencia Espacial Europea cooperaba con Rusia, ha sido una manifestación concreta de la interrupción de la cooperación, postergándola ya hasta 2024 ó 2026.

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