OTAN contra Rusia: «guerra asimétrica» vs. «guerra híbrida»

Por Rosendo Fraga.

En caso de que el conflicto entre Rusia y la OTAN derive al plano militar, el escenario sería la llamada “guerra híbrida”. Este concepto adquirió vigencia en 2014, con motivo de la anexión de Crimea y la secesión del este de Ucrania realizadas por Rusia. Consiste en la combinación de operaciones de fuerzas regulares, fuerzas regulares encubiertas, milicias y acciones en el ciberespacio como instrumentos de la acción militar. Planteada en estos términos, ese es el tipo de guerra que llevaría adelante Rusia. Las fuerzas regulares son el eje de la decisión militar y esto se hace evidente hoy con el despliegue de más de 100.000 hombres de las Fuerzas Armadas rusas en sus fronteras con Ucrania. Esta acción en el campo de las fuerzas regulares se está combinando con el ejercicio de las fuerzas navales, aéreas y espaciales que realiza Rusia global y simultáneamente. La preparación de las operaciones de fuerzas regulares encubiertas ya podría haber comenzado y entran en la denominación de “bandera falsa”. La inteligencia occidental supone que fuerzas rusas vistiendo uniformes ucranianos podrían atacar a la población pro-rusa del país y así justificar su intervención militar. Las milicias pro-rusas de la región ucraniana de Donbas -que en los hechos ha concretado la secesión de Ucrania- están integradas por 35.000 hombres, quienes forman parte del dispositivo de Moscú en este conflicto y participarían activamente en las acciones militares. El conflicto en el este de Ucrania de mayoría de población de habla rusa, ya ha provocado 13.000 muertos desde 2014. Las operaciones en el campo cibernético podrían haber ya empezado con el bloqueo a los portales de siete ministerios ucranianos, que tuvo lugar en la segunda semana de enero.

Rusia ha llevado a cabo este tipo de guerra en diversos conflictos, como los de Siria y Libia, y ahora también lo lleva a países de África Subsahariana, como Malí. En Siria, donde Rusia tiene una base militar en Latakia sobre el Mediterráneo, fuerzas rusas, en apoyo de las de Assad, fueron desplegadas como tales y participaron en combates. Estas acciones fueron articuladas con milicias pro-gubernamentales. También actuaron fuerzas regulares encubiertas a través de la empresa de mercenarios Wagner, controlada por Moscú. Las operaciones cibernéticas fueron incluidas, aunque en baja escala. En Libia, las fuerzas rusas también han combatido a favor del gobierno del General Haftar, con un rol importante de los mercenarios (fuerzas regulares encubiertas). En Malí, donde las fuerzas francesas han comenzado a reducirse, el gobierno local ha empezado a contratar mercenarios rusos. Las milicias, sin ser fuerzas regulares, son diferentes a las guerrillas o grupos terroristas. Tienen una organización semi-militar con jerarquías y uniformes. Ejemplo de ello son las milicias kurdas que combatieron junto a Estados Unidos en Siria, o las de Hezbolá en El Líbano, que combatieron en Siria a favor de Assad. Las fuerzas regulares siguen siendo el eje del esfuerzo militar, pero cada vez más combinadas con los otros instrumentos: milicias, fuerzas regulares encubiertas y las operaciones en el ciberespacio.

Por su parte, la OTAN contempla responder con una “guerra asimétrica”. Ya hace semanas que voceros de la OTAN y Estados Unidos dijeron que las vías de respuesta de la Alianza Occidental frente a una incursión militar rusa en Ucrania tenía tres ejes: el aislamiento financiero, el corte de tecnología en el campo civil y militar, y la “guerra asimétrica”. Este tipo de guerra es el que realiza un país que es invadido por una potencia. Las fuerzas locales, generalmente milicias o irregulares, responden con ataques de menor escala, buscan el desgaste de las fuerzas ocupantes y prolongar el conflicto, hasta generar el cansancio o agotamiento de las fuerzas del país invasor. Voceros occidentales amenazaron a Rusia concretamente con un escenario como el que tuvo lugar en los años ochenta en Afganistán, cuando los talibanes, con apoyo externo de Estados Unidos, forzaron con éxitos militares parciales y menores, el retiro de las fuerzas de la Unión Soviética que habían ocupado el país para que no saliera de su control. Esta “derrota” fue un factor concurrente a la caída de la URSS, al mostrar las limitaciones de su estructura militar. El modelo de guerra asimétrica perdida por una potencia occidental ha sido el caso de Afganistán para Estados Unidos, entre 2001 y 2021. Los mismos talibanes generaron la derrota militar de las fuerzas de la OTAN en su primera operación militar fuera de Europa. Este tipo de guerra ya ha comenzado en el conflicto de la OTAN y Rusia. Los suministros militares a Ucrania ya han empezado a llegar desde Estados Unidos y Gran Bretaña, con sus respectivos equipos de entrenadores. Francia ha dicho que también lo hará y Alemania que no. El Presidente Biden, Boris Johnson y voceros de la OTAN han sido claros al señalar que las fuerzas de la Alianza Occidental no entrarían en Ucrania en caso de invasión rusa, porque este país no forma parte de la OTAN, y en consecuencia no cuenta con la garantía de seguridad que obligan a los países miembros a defenderla. Cabe señalar que, por el contrario, la operación de la OTAN en Afganistán se hizo al margen de esta cláusula. 

Quien ha sido más explícito en cuanto a este tipo de respuesta militar por parte de la OTAN, ha sido Boris Johnson, con su ejemplo de Chechenia. Ha dicho hace pocos días que si Rusia invade Ucrania, tendrá como respuesta una “Gran Chechenia”, en referencia al prolongado conflicto para impedir que dicha república se independizara de la Federación Rusa. Más específicamente, el 25 de enero, el Primer Ministro británico sostuvo que los ucranianos lucharían “con tenacidad” y que “el baño de sangre sería comparable a la primera guerra en Chechenia o a la de Bosnia”, refiriéndose en el segundo caso a la Guerra de los Balcanes de los años noventa del siglo XX. El conflicto checheno puso a prueba la perseverancia de Putin, que logró sofocar en forma sangrienta la rebelión de esta república de dos millones de habitantes, cuya población es musulmana sunita y que tiene una tradición de insurgencia contra Moscú desde el siglo XVII. La Guerra de Chechenia tuvo dos ciclos. El primero desde 1994 hasta 1996 y el segundo de 1999 a 2009 (es decir, 15 años de conflicto). Murieron 160.000 chechenos, aproximadamente el 8% de su población total, a lo largo de este periodo. Pero las fuerzas rusas se impusieron, quedando a cargo del país un gobierno pro-Moscú. En alguna medida, no es un horizonte muy promisorio para la población ucraniana el enfrentar una guerra con Rusia contando sólo con ayuda militar en términos de suministros. Como siempre sucede en la “guerra asimétrica”, las fuerzas de las potencias ocupantes cuentan con milicias locales aliadas, yuxtaponiéndose una guerra civil. 

En conclusión: en caso de que la crisis entre Rusia y la OTAN derive al plano militar, Moscú utilizaría el modelo de “guerra híbrida”, que tiene su antecedente en 2014, en la ocupación de Crimea y la secesión del este de Ucrania; este tipo de guerra combina las operaciones de las fuerzas regulares, con milicias, fuerzas regulares encubiertas y operaciones en el ciberespacio; por su parte, la OTAN respondería con el modelo de la “guerra asimétrica”, que utiliza un país frente a la ocupación de una potencia más fuerte desde el punto de vista militar; por último, Afganistán es el ejemplo, donde los talibanes forzaron el retiro militar de la Unión Soviética en los años ochenta y luego de la OTAN en las dos primeras décadas del siglo XXI.

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