Derrota electoral del Peronismo-K

Por Rosendo Fraga.

La oposición tuvo un triunfo claro y contundente en la elección legislativa del 14 de noviembre. En la suma nacional de votos, Juntos por el Cambio, la principal fuerza opositora, obtuvo el 42,19% (9.782.578 votos). El Frente de Todos (nombre con el que compitió en esta legislativa el oficialismo) alcanzó el 33% (7.844.295 votos). En cantidad de distritos, la oposición ganó 13, incluidos los cinco más grandes, que reúnen más de dos tercios de los votos del país, y el oficialismo sólo 9, que además fueron los distritos más chicos. Los dos restantes fueron ganados por fuerzas provinciales. Desde el punto de vista político-institucional, el resultado más relevante es la pérdida de la mayoría en el Senado que preside la Vicepresidenta Cristina Kirchner. Sobre 72 bancas, el oficialismo descendió de 41 a 35. La oposición, por su parte, las incrementó a 31, quedando seis senadores en manos de fuerzas independientes. En la Cámara de Diputados, el oficialismo perdió 2 bancas pero retuvo la primera minoría con 118. La oposición sumó bancas y quedó con 116, mientras que el peronismo federal obtuvo 6, los ultra liberales 5, la izquierda 4 y otros partidos 8. En la decisiva provincia de Buenos Aires (37% del padrón nacional), Juntos por el Cambio ganó en la mayoría de los municipios, pero el oficialismo retuvo la mayor parte del conurbano, y perdió por sólo 1,3 puntos. 

En la provincia de Buenos Aires, es la cuarta elección de medio mandato que el peronismo -eje del frente oficialista- pierde de manera consecutiva y la cuarta derrota a nivel nacional de las últimas cinco elecciones. Esto muestra que ha dejado de ser la fuerza hegemónica que ha sido en la política argentina desde 1946. De hecho, Argentina se va convirtiendo en un país bipartidista. Las elecciones de medio mandato que fueron derrotas para el peronismo tuvieron lugar en 2009, 2013, 2017 y ahora, en 2021. En la primera y la tercera logró recuperarse luego, ganando la presidencial siguiente. No pudo hacerlo en el segundo caso y queda el interrogante sobre lo que pueda suceder en 2023. En el corto y mediano plazo, el peronismo no desaparecerá. Quizá la pregunta sea si el kirchnerismo -la línea interna dominante en el peronismo hoy- logrará mantenerse como la más relevante. Ello no será fácil. En la provincia de Santa Cruz, que los Kirchner gobiernan sin interrupción desde 1991, ahora el kirchnerismo quedó relegado a un tercer lugar, con menos del 30% de los votos: ha sido su peor elección en este distrito en 30 años. La Cámpora -la agrupación que encabeza Máximo Kirchner y que es el instrumento de la Vicepresidenta para “acumular poder”- no ha salido fortalecida de esta elección. Pero el kirchnerismo dependerá para su perdurabilidad de la vigencia política de la Vicepresidenta Cristina Kirchner, quien ha demostrado capacidad de sobrevivencia a las cuatro derrotas en las elecciones de medio término. En otra visión, el peronismo, bajo el dominio kirchnerista, ha perdido cuatro de las últimas cinco elecciones. Fue derrotado en la legislativa de 2013, la presidencial de 2015, la de medio mandato en 2017 y la elección de ayer, mientras que sólo ganó en la presidencial de 2019. Como se dijo precedentemente, ya no es la fuerza hegemónica que era.

En lo inmediato, el Gobierno ha planteado la necesidad de un acuerdo con la oposición para encauzar la situación económico-social. La prioridad parece estar en el demorado acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para refinanciar el crédito de 44.000 millones de dólares otorgado por el organismo internacional en el último tramo del gobierno de Mauricio Macri. La sugerencia del FMI ha sido que el acuerdo pase por el Parlamento para que sea aprobado por oficialismo y oposición, y así dar garantía de su cumplimiento en el tiempo. Desde el punto de vista del oficialismo, se trata de compartir los costos del acuerdo con la oposición. La semana antes de la elección, el Gobierno preparó 10 proyectos de ley vinculados a la temática económico-social, que intenta diseñar una idea de plan económico reiteradamente exigido por los técnicos del organismo internacional. Seguramente, la oposición buscará postergar su tratamiento hasta después del 10 de diciembre, fecha en la cual entran en funciones los legisladores electos el 14 de noviembre. Es que en el nuevo Congreso, la relación de fuerzas pasa a ser más favorable para la oposición. En la estrategia del Gobierno existe la percepción de que finalmente el FMI tendrá que ceder ante alguna de las posiciones de la Argentina. Existe la peligrosa visión de que el FMI no puede jugar a un default del país, por la importancia que tiene para el mismo el monto de su deuda. Pero las crisis suelen escalar por errores de cálculo, y éste podría existir en esta compleja y delicada negociación. 

La falta de liderazgos consolidados tanto en el oficialismo como en la oposición, aparece como el escollo más importante para el logro de un acuerdo económico efectivo. En particular, en el oficialismo la lucha por espacios de poder entre el Presidente Alberto Fernández y la Vicepresidenta Cristina Kirchner, es el núcleo del problema. El Presidente tuvo en el inicio de su gobierno, el 10 de diciembre de 2019, una actitud más dialoguista, que se fue reduciendo en los dos años de gobierno que han tenido lugar. Por su parte, Cristina Kirchner tiene una posición más dura, que ha llevado a postergar la negociación con el FMI durante casi dos años. El mensaje del Presidente, planteando que el acuerdo con el Fondo no debe contener ajuste y criticando a la oposición en el mismo acto en el que la convocaba al diálogo, muestran que no será fácil unificar posiciones dentro del oficialismo. Ya el miércoles 17 de noviembre, fecha en la que se conmemora el “Día del Militante Peronista”, sindicatos y movimientos sociales que reivindican al peronismo tradicional frente al kirchnerismo, han convocado a una movilización a Plaza de Mayo en apoyo al Presidente. Él, por su parte, en un claro desconocimiento de la realidad, ha convocado a concurrir para “festejar” el triunfo oficialista. Se trata de un intento de presentar como victoria lo que en realidad fue una clara derrota. Alberto Fernández intenta retomar la iniciativa para impedir que, como sucedió en la semana posterior a las PASO, la Vicepresidenta presione para obtener más espacios de poder. Cristina Kirchner -que aunque gane o pierda, siempre pelea- estuvo ausente en la noche del 14 de noviembre, pero seguramente se mueva con rapidez para evitar que disminuya su poder. En la oposición existen por ahora visiones diferentes al respecto. Ya cuando el Presidente de la Cámara de Diputados planteó que se iba a convocar a un acuerdo, los presidentes de los dos partidos más importantes de Juntos por el Cambio -Patricia Bullrich del PRO y Alfredo Cornejo de la UCR- obligaron a Horacio Rodríguez Larreta a retroceder de su posición inicial, que era favorable.

En conclusión: pese a las interpretaciones del oficialismo, el triunfo de la oposición ha sido claro y contundente, habiendo ganado cuatro de las últimas cinco elecciones; el peronismo-kirchnerista ha perdido las últimas cuatro elecciones de medio mandato en la provincia de Buenos Aires y ello implica que ha dejado de ser la fuerza hegemónica de la política argentina; en lo inmediato, el Presidente ha planteado un acuerdo con la oposición para hacer viable políticamente el arreglo con el FMI; por último, la pugna entre el Presidente y la Vicepresidenta, seguirá siendo la cuestión central dentro del oficialismo y el tema prioritario a resolver para hacer viable el acuerdo con el organismo internacional.

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