Por Rosendo Fraga.
El 10 de enero corresponde que Edmundo González Urrutia asuma la presidencia de Venezuela, el triunfador legítimo de las últimas elecciones. Tanto él como la dirigente Corina Machado sostienen que el candidato electo se hará presente el 10 de enero en el país para asumir el cargo. El ex presidente del gobierno español, Felipe González, ofreció al presidente electo venezolano acompañarlo en su regreso para evitar su detención. En los últimos meses, desde que Nicolás Maduro desconoció el triunfo de González Urrutia en las urnas, la movilización opositora en las calles fue disminuyendo, e importantes dirigentes opositores optaron por salir del país. Hay quienes piensan, por el contrario, que una llegada del presidente electo al país el 10 de enero puede ser el precipitante que produzca una insurrección contra el régimen chavista, que ya ha cumplido un cuarto de siglo. Machado, desde hace un par de semanas, ha comenzado a hacer alusión al debilitamiento del apoyo militar y policial respecto a la lealtad con Maduro. Pero las fuerzas militares y de seguridad organizadas en base al modelo soviético-cubano han demostrado hasta ahora una lealtad inconmovible, incluso durante el periodo en el que Juan Guaidó intentó constituirse en un presidente alternativo. Machado ahora ha dicho que espera que esta vez los militares estén dispuestos a cumplir con sus deberes con la población y la democracia.
Pero el apoyo europeo y eventualmente estadounidense a la estrategia de la oposición venezolana no parece ni firme ni claro. Los países de la Unión Europea han respaldado el triunfo electoral de González Urrutia, reconociendo su triunfo y desconociendo los recuentos fraguados por el gobierno de Maduro. Ha sido recibido por los Jefes de Gobierno más importantes de Europa, pero a pocos días del 10 de enero ninguno rompió relaciones con el gobierno de Maduro y pasó a reconocer al de González Urrutia, algo que podría ser anunciado para aumentar la presión en el campo diplomático. Cabe señalar que en América Latina sucede otro tanto: la mayoría de los países desconocen la elección de Maduro, pero posponen romper relaciones con su Gobierno. Cabe señalar que el 20 de enero en Estados Unidos asume la Presidencia Donald Trump, diez días después de la supuesta asunción de González Urrutia. No está claro cuál será la política del líder republicano frente a este caso. Pero sí es claro que el grupo de origen cubano que ahora influirá como nunca en la política exterior estadounidense, encabezado por el senador republicano de Florida, Marco Rubio, que ha tenido una actitud muy dura respecto al régimen venezolano, jugará un papel importante.
El régimen venezolano ha dado algunas señales de temer algún tipo de deslealtad entre sus filas: se trata de señales poco relevantes, pero que no se dieron en otras oportunidades. Se ha reactualizado e intensificado la “narrativa histórico-patriótica”, comenzando con el bicentenario de la Batalla de Ayacucho, la cual puso fin a la guerra de independencia hispanoamericana y que tuvo lugar el 9 de diciembre de 1824. Pero también ha aumentado la narrativa respecto a los “traidores” a Bolívar, varios de los cuales fueron generales que lo acompañaron en el proceso independentista. El sistema militar venezolano está integrado por las tres Fuerzas Armadas y la fuerza policial. Pero a ello se agrega una fuerza civil militarizada de partidarios del régimen, que ha comenzado a ser movilizada. Pese a ello, no será fácil que tenga éxito un intento de sacar del poder por las armas a Maduro y sus partidarios. El presidente juega un típico “tira y afloje” combinando medidas represivas con otras más liberales. En las últimas semanas ha liberado decenas de presos políticos de baja relevancia, pero al mismo tiempo han sido detenidos otros, a quienes se juzga más peligrosos. Esto apunta a generar dudas en los sectores que podrían apoyar o simpatizar con una reacción militar contra el chavismo.
Un caso particular se ha generado con la detención del gendarme argentino Nahuel Gallo, ocurrida semanas atrás en Caracas. La Gendarmería es una fuerza de seguridad militarizada de Argentina, que es la que tiene el primer rol en los conflictos de seguridad interior. Este gendarme estaba en una situación particular: casado con una ciudadana venezolana y con un hijo de esta nacionalidad. Viajaba periódicamente a visitar a su familia. Es un caso extraño, porque lo primero que quieren hacer los venezolanos de clase media es emigrar, y más si se tienen un nexo familiar para hacerlo. El gendarme argentino fue detenido y acusado de espionaje, pero sin ofrecer prueba alguna. Cuando iban a cumplirse casi dos semanas de su desaparición, el gobierno venezolano reconoció su detención, sin informar cuál era el lugar de la misma, pero ratificando que el suboficial argentino formaba parte de una supuesta conspiración. La idea de que el 10 de enero, la fecha en la cual asumiría González Urrutia, pueda ser el detonante de una crisis está presente, pero hay muchas dudas de que llegue a concretarse. Es cierto que la oposición ha dado más importancia a la posibilidad de reacciones militares contra Maduro que en otras circunstancias, pero ello no implica que se vayan a producir. En cuanto a Trump, que asume diez días después del supuesto cambio de gobierno en Venezuela, no parecería dispuesto a centrarse en este tema como prioridad, cuando hay otros en el mundo que tienen más interés y relevancia para Estados Unidos. Mientras tanto, Maduro organizó desfiles militares para mostrar la lealtad de las Fuerzas Armadas con el régimen.
En conclusión: el 10 de enero es la fecha legal en que le corresponde asumir la presidencia venezolana al presidente electo, Edmundo González Urrutia, pero hay dudas acerca de si llegará o no a hacerlo; nuevamente las fuerzas militares y policiales parecen tener un rol decisivo en el desenlace de una crisis si la hubiera; la Administración Trump, que asume diez días después, el 20 de enero, no parece tener la intención de hacer de Venezuela su primera crisis internacional, dadas las urgencias que presenta la situación global; por último, una insurrección opositora en Venezuela parece posible pero poco probable: el factor militar tendrá el protagonismo central en caso de que se produzca.