Por Rosendo Fraga.
Israel se encamina a ganar la guerra en términos militares, pero puede perder la de la información: hoy la doctrina militar moderna considera que las contiendas bélicas se desarrollan simultáneamente en seis dominios. A los tres tradicionales (tierra, mar y aire) y otros dos nuevos, provenientes de la tecnología: el cibernético y el electromagnético. Últimamente se ha incorporado un sexto, el de la información. Al cumplirse un año del ataque terrorista de Hamas a Israel, las operaciones militares tienen un definido sesgo a favor del mismo. En Gaza, Hamas ha sido derrotado, perdiendo la mayor parte de sus efectivos y capacidades militares. Pero mantiene una capacidad de resistencia al estilo de fuerza irregular, que todavía no ha sido aniquilada. En Cisjordania la resistencia palestina todavía es baja y no tiene capacidad de expulsar a la ocupación israelí, pese al incremento de acciones aisladas. En el sur del Líbano ya han penetrado cuatro divisiones del Ejército irsaelí, que avanzan exitosamente sobre diversos objetivos de Hezbollah, incluso los establecidos en Beirut, la capital del país. Contra los hutíes de Yemen se realizan diversas operaciones en forma conjunta con la acción naval angolamericana, que busca preservar la navegación en el Mar Rojo y eventualmente la del Estrecho de Ormuz. En los últimos días han comenzado ataques con drones y misiles de las milicias pro iraníes de Irak y Siria contra Israel.
La presencia militar estadounidense es creciente en la zona y sus fuerzas ya han entrado en combate junto a las israelíes en el campo de la defensa aérea. Esto sucede frente a los hutíes de Yemen, pero también en cuanto a la defensa aérea israelí, que enfrenta la agresión de Irán. Teherán todavía no ha asumido formalmente estas acciones estadounidenses, tratando de no precipitar respuestas militares más intensas y abiertas por Washington. Ya días atrás, el titular del Comando Central de Estados Unidos, el general Michael Kuillia, llegó a Tel-Aviv para coordinar las acciones militares en conjunto. Lo hizo pocos días antes de que se produjera el ataque misilístico iraní contra Israel. El aumento de las fuerzas estadounidenses en la región ha sido significativo: en la faz terrestre ha llegado a los cuarenta y tres mil hombres; dos portaaviones integran el dispositivo y media docena de escuadrillas aéreas más ya están en la zona. Biden ha reiterado que mantendrá su compromiso de defensa con Israel y en los hechos lo está cumpliendo, aun asumiendo el riesgo de que Estados Unidos se vea involucrado en una escalada militar. Intenta contener a Netanyahu, planteándole como una “línea roja” atacar las instalaciones nucleares de Irán y mantiene una situación ambigua respecto a los campos petrolíferos como objetivo militar. El primer ministro israelí está decidido a aniquilar las estructuras militares de Hezbollah y Hamas antes del 5 de noviembre, fecha en la que tendrá lugar la elección presidencial estadounidense. Es que sabe que de ganar Trump, Washington ejercerá una presión más intensa para terminar el conflicto bélico, o por lo menos contenerlo.
En cuanto a la guerra de la información, se libra en los medios, las redes sociales y las imágenes. En el caso del conflicto en torno a Israel en Medio Oriente, Tel-Aviv ha hecho un uso eficaz de las imágenes del ataque terrorista de Hamas. Los asesinatos, secuestros, torturas y abusos que sufrieron las víctimas le han dado cierta supremacía en la guerra de la información en Occidente. A su vez, el grupo terrorista explota con eficacia las imágenes de las víctimas de las operaciones militares israelíes en la Franja de Gaza. Difunde las fotos de las víctimas de bombardeos y en particular de niños que han sido heridos e incluso muerto. En Occidente hay una parte de la opinión pública, en su mayoría ideológicamente de izquierda, que se ha sumado a la causa palestina y reclama el cese de las operaciones militares y apoya la creación de un Estado palestino. En el 80% de la población mundial que no es Occidental (la mayor parte de Asia, África y varias de las pequeñas islas del Océano Índico) predomina una opinión favorable hacia la causa palestina. El reclamo sobre Occidente es cómo no ejerce su poder para frenar la ofensiva militar israelí sobre Gaza, El Líbano y Cisjordania. Estas imágenes van creando opiniones que no desaparecerán con un cese del fuego ni tampoco con un acuerdo de paz, que difícilmente sea firme y estable. El problema para los países occidentales, y en particular para Estados Unidos, es que este conflicto no derive en un enfrentamiento entre Occidente y Oriente.
En la futura posguerra -que difícilmente derive en una paz permanente-, la guerra de la información será la que continuará, probablemente combinada con la del ciberespacio. El punto clave serán las poblaciones desplazadas en masa por el conflicto. Según un informe de la Universidad de Maine -realizado por Nicholas R. Micniski-, las operaciones militares israelíes han obligado a casi dos millones de palestinos a abandonar sus hogares en Gaza durante el último año. Ello representa nueve de cada diez. Casi todos estos desplazados continúan atrapados en distintas partes de la Franja, sin poder salir del territorio por los bombardeos y el cierre de fronteras. Esto ha intensificado la crisis humanitaria que se desarrolla en cascada, incluidas la hambruna y la propagación de enfermedades. Pero tanto Israel como Egipto han cerrado sus fronteras a los gazatíes desplazados. La situación de Gaza es estructuralmente diferente a crisis anteriores, como las guerras civiles de Siria y El Líbano, porque las operaciones de ayuda transfronterizas han estado siempre al borde de colapsar. Además, los campos de refugiados no son espacios seguros y pueden ser alcanzados por las operaciones militares. Cabe señalar que doscientos veinte trabajadores de las Naciones Unidas han muerto en ataques selectivos durante el último año. Antes de la escalada de septiembre, casi cien mil libaneses habían sido desplazados de sus hogares en el sur del país por los bombardeos. Del otro lado, cerca de sesenta y tres mil israelíes también fueron desplazados debido a los ataques con cohetes de Hezbollah.
Desde finales de septiembre de 2024, los ataque israelíes contra objetivos de Hezbollah en todo El Líbano produjeron numerosos muertos y aumentaron exponencialmente desplazamientos internos y transfronterizos. Más de un millón de libaneses han dejado sus hogares en cuestión de días en medio de la invasión y los bombardeos de Israel. En un ejemplo de migración inversa, doscientas treinta mil personas, tanto libanesas como sirias, han huido a través de la frontera hacia Siria, pese a que para muchos sirios el regreso implica el riesgo de sufrir la represión del régimen de Assad. En Siria también se han producido desplazamientos en la zona fronteriza. A lo largo de varias décadas, Medio Oriente ha experimentado numerosos desplazamientos transfronterizos. Hubo uno forzado de palestinos en torno a la creación de Israel en 1948. Los conflictos posteriores llevaron al proceso migratorio más prolongado del mundo, con más de seis millones de palestinos viviendo en distintos países de Medio Oriente. La Primera Guerra del Golfo y las sanciones contra Irak en la década del noventa, más la invasión estadounidense de este país en 2003, produjeron millones de refugiados con diversas repercusiones políticas duraderas. Más recientemente, los levantamientos árabes de 2011 y las guerras que siguieron en Siria, Yemen y Libia generaron millones de refugiados y desplazados. Casi seis millones de sirios siguen viviendo en Turquía, Líbano y Jordania, y otros seis millones se vieron desplazados dentro de la propia Siria. En un intento de terminar con la OLP, Israel invadió El Líbano en 1978 y 1982. Entre seiscientos mil y novecientos mil libaneses huyeron al extranjero durante la guerra civil, que duró de 1975 a 1990. Dos décadas después, Israel volvió a invadir El Líbano, en 2006, en un intento de acabar con Hezbollah que provocó que aproximadamente novecientos mil libaneses huyeran. En el pasado esta situación dio origen a nuevas organizaciones terroristas y eso puede suceder nuevamente. Pero las imágenes del fenómeno migratorio, en los próximos años serán herramientas de la guerra de la información.
En conclusión: Los conflictos militares modernos son multi-dominio: a los tres tradicionales -tierra, mar y aire- se le suman los tres nuevos, el ciberespacio, el electromagnético y el de la información; la presencia militar estadounidense es creciente y ello implica un aumento de riesgo de involucramiento, el que en los hechos ha empezado en materia de defensa aérea; paralelamente se desarrolla la guerra de la información, que se libra en los medios, las redes sociales y las imágenes difundidas por diversos medios; en la futura posguerra -la contienda no será eterna en los términos actuales-, la guerra de la información continuará, probablemente combinada con la del ciberespacio; por último, los millones de desplazados que están produciendo las operaciones militares ya están creando el caldo de cultivo sobre el cual la guerra de la información se prolongará e incluso intensificará.