Por Rosendo Fraga.
Pese a que las PASO definen sólo candidaturas y que no anticipan el resultado, en Argentina hoy concentran la atención como si se tratara de una elección nacional. En 2019 Mauricio Macri perdió por catorce puntos las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Más de dos meses después fue derrotado en primera vuelta por sólo siete puntos. En 2011, la primera elección en la cual se utilizó este sistema, el candidato socialista Hermes Binner en ellas obtuvo el 10% de los votos y en la primera vuelta los duplicó, llegando al 20%. Es decir, el resultado de las PASO crea clima político -lo mismo sucede con las elecciones provinciales anticipadas-, pero no anticipan el resultado de la primera vuelta. Además, entre ellas y la elección transcurren más de dos meses, del 13 de agosto al 22 de octubre. La concurrencia a votar aparece como un interrogante, en momentos en que el porcentaje de argentinos que quieren irse del país no tiene precedentes. Desde 2011 la concurrencia viene descendiendo, pero lo ha hecho en forma lenta. En 2023, las dieciocho provincias que han realizado elecciones de distinto tipo -provinciales, municipales y PASO locales- han mostrado una baja de concurrencia cercana al 5% y cierto incremento del voto en blanco y el impugnado. De confirmarse estos números en las PASO nacionales, sería una caída importante respecto a la presidencial de 2019, pero no dramática o crítica. El 13 de agosto, además de las PASO nacionales para elegir candidato a presidente y vice y legisladores nacionales, se realizan también las primarias provinciales en Buenos Aires, CABA -dos distritos de alta significación política-, Entre Ríos y Catamarca. También se votará para gobernador en Santa Cruz.
Pero la mayor expectativa está en Juntos por el Cambio, percibida como la primera fuerza en los sondeos y cuya puja por la candidatura presidencial está fuertemente disputada entre Larreta y Bullrich. Un promedio de los doce sondeos de opinión difundidos hasta el domingo 6 de agosto asigna a Juntos por el Cambio el primer lugar con el 32,7%. Este resultado puede acercarse finalmente al 40%, dada la existencia de más de 10% de indecisos. En cuanto a los candidatos, con la misma metodología de análisis Bullrich está obteniendo el 17,2% y Larreta el 14,7%. En las últimas semanas, la diferencia entre ambos se redujo en beneficio del segundo. Los recientes resultados obligan a relativizar la significación de los sondeos. En la PASO de Santa Fe se esperaba que la candidata de Bullrich disputara cabeza a cabeza y perdió por once puntos. En la elección de intendente de Córdoba capital se esperaba un triunfo por ocho puntos y perdió la elección por varios. Pero los sondeos -al igual que las elecciones anticipadas y las PASO- crean clima político. La pugna entre los dos candidatos de las PASO no cede porque se trata de la lucha por el poder, acentuada por matices ideológicos diferentes. Para el ex presidente Mauricio Macri, que su primo Jorge gane la elección para Jefe de Gobierno porteño resulta vital para mantener su propia proyección política. Horacio Rodríguez Larreta busca terminar con la influencia del ex presidente Macri y por eso, de hecho, está apoyando al candidato radical Martín Lousteau para la Jefatura de Gobierno porteño. Por su parte Bullrich aspira a recibir señales más explícitas de Macri a su favor, pero no dudará de construir un liderazgo propio si gana.
El oficialismo nacional, que compite con la denominación de Unión por la Patria, enfrenta una elección difícil dada la situación económica, pero ha alejado el riesgo de quedar en tercer lugar, como parecía suceder en mayo. El promedio de las doce últimas encuestas le asigna el 29,5% de los votos, cifra que superará el 30% si se toman parte de los indecisos. Seguramente será una derrota, pero si la diferencia fuera menor a seis puntos, lo transformaría en competitivo para la primera vuelta. El candidato oficialista Sergio Massa se divide en dos frentes simultáneos: la campaña y la negociación con el Fondo Monetario Internacional. El crédito obtenido de Qatar ha reducido el riesgo de descontrol económico en la semana previa a las PASO. La inflación de agosto superaría el 8%, pero la cifra oficial se conocerá recién a mediados de septiembre. Será un problema para la primera vuelta. En cuanto a la competencia entre la fórmula Massa-Rossi y la de Grabois-Abal Medina, complica el objetivo del ministro-candidato de ser la opción más votada, pero suma el voto de la izquierda peronista en el resultado nacional. La estrategia de la fórmula de Unión por la Patria apunta a tener una diferencia menor a seis puntos respecto a Juntos por el Cambio y que Massa sea el candidato más votado en las PASO, algo que no resuelve nada pero crea clima político. La fórmula Massa-Rossi ha recibido el apoyo de todos los sectores sindicales, que el 8 de agosto realizarán un acto en su apoyo, y de la mayor parte de los movimientos sociales oficialistas, que lo hicieron el 5 de este mes.
En cuanto a Javier Milei, no llega con un porcentaje que le permita ser un tercio competitivo respecto a los otros dos, pero sí teniendo protagonismo central y captando el voto joven. El promedio de las últimas doce encuestas le asigna el 19,8% de los votos. Hasta el momento no parece haber resuelto su problema principal, que es la falta de una organización política territorial. Tener una estructura de fiscales que pueda controlar los intereses propios de cada fuerza en los comicios es un tema relevante. En las últimas semanas fue modificando su estrategia. Hasta hace un par de meses se presentaba como una versión argentina de Trump, Bolsonaro y el partido VOX. Giró hacia un planteo más generacional, representando la cultura de sus votantes jóvenes con una estética más vinculada a un rockstar que a un dirigente político. Sin apoyos relevantes ni en los medios ni en el empresariado, ha hecho de las redes sociales y su motorhome los medios centrales de su acción proselitista. Su objetivo de ser el candidato más votado se mantiene vigente, dado que en las otras dos fuerzas se presentan dos y en su espacio está sólo él. Al margen de Milei, se encuentra un candidato peronista anti-K, el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. En los sondeos promedia 3,5% de los votos. No es decisivo pero Larreta, si gana, tratará de llegar a un acuerdo electoral con él. En cuanto a la izquierda, compite con dos listas, la del Nuevo MAS y la del FIT-U, y sumarían en conjunto un porcentaje similar al del PJ anti kirchnerista.
En conclusión: a más de dos meses de la elección presidencial, la concurrencia a votar disminuirá significativamente pero no de forma dramática, y el resultado de las PASO crea clima político, aunque no anticipa el resultado; la definición más importante se da en Juntos por el Cambio en la competencia entre Bullrich y Larreta, cuando este último ha reducido la ventaja que le llevaba a la primera; el oficialismo nacional ocupa claramente el segundo lugar y espera una diferencia menor a los seis puntos y que su candidato Sergio Massa sea el más votado en términos individuales; por último, Javier Milei queda relegado a un tercer lugar pero con un caudal electoral que le permitirá ser una fuerza electoral decisiva, ya sea para captar votos de Juntos disconformes con su resultado o influir en la segunda vuelta.