La imagen de Argentina en el exterior

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Por Rafael Salaberren Dupont, desde Miami (May-02-02)

Resulta interesante observar las reacciones que han provocado en los Estados Unidos los últimos acontecimientos en la Argentina. Me refiero, en particular, a la renuncia de Jorge Remes Lenicov como ministro de Economía, a las reuniones de Duhalde con los gobernadores provinciales, a los 14 puntos acordados y a la designación de Roberto Lavagna. Para ello, conviene tener presente en primer lugar cuáles son hoy las prioridades de los Estados Unidos en materia de política exterior.

Entre las principales preocupaciones de los Estados Unidos en sus relaciones exteriores encontramos (I) la guerra contra el terrorismo y, en especial, el debate respecto de cuál debería ser el próximo paso a seguir, (II) el conflicto en Medio Oriente, y la incomoda situación de los Estados Unidos entre la estrecha relación con


"No sólo el hecho de la comentada renuncia ha
generado preocupación, sino también el curioso desfile
de candidatos para reemplazar a Remes Lenicov,
que ha evidenciado una vez más la disyuntiva casi
constante a la que se enfrenta el Presidente"

Israel, y los intereses de Europa por el impacto que esta guerra tiene sobre el precio del petróleo, (III) el fallido golpe de estado en Venezuela y el impacto de la crisis en ese país sobre el mercado del petróleo y (IV) la evolución de la guerra en Colombia. En un plano muy lejano a esas preocupaciones, encontramos a la crisis en Argentina, teniendo más importancia el seguimiento a un eventual contagio regional que la crisis en sí, y, en menor medida, al avance de Lula en Brasil.

En lo que a Argentina respecta, solamente logran sacudir la atención determinados sucesos, tales como la reciente renuncia de Remes Lenicov y las dudas que giraron y persisten respecto de la continuidad de Duhalde.

La repercusión sobre la renuncia de Remes Lenicov ha sido claramente negativa. Más allá de los constantes vaivenes y la falta de claridad ideológica de este gobierno en materia de política económica, al ex-Ministro se le valoraba su esfuerzo por arribar a un acuerdo con el FMI, intentando instrumentar las medidas requeridas a tal efecto. En dicho marco, su renuncia puso una vez más de manifiesto no solo las graves falencias a que nos tiene acostumbrados la dirigencia política argentina, sino también las constantes dudas y la debilidad política de Duhalde reflejada en el llamativo (al menos para el exterior) poder de los gobernadores provinciales.

No solo el hecho de la comentada renuncia ha generado preocupación, sino también el curioso desfile de candidatos para reemplazar a Remes Lenicov, que ha evidenciado una vez más la disyuntiva casi constante a la que se enfrenta el Presidente, entre ciertas medidas de aislamiento con las que se siente internamente identificado, y la política de integración que la realidad lo obliga a tener que exteriorizar. Las reuniones con Carbonetto y con Calvo son un ejemplo de esta dicotomía. La presión de ciertos gobernadores provinciales (en especial, Reutemann, Romero, Marín y De la Sota) habría llevado a Duhalde a tener que comprometer el respeto a los acuerdos internaciones y a reafirmar la vocación de integrar a la Argentina al resto del mundo (punto 1 del Acuerdo celebrado con los Gobernadores). A estos sucesos, le siguió la designación de Lavagna quien, hasta ahora, se ha pronunciado a favor de intentar seguir el rumbo económico iniciado por su predecesor, por lo que no se observa aquí ningún valor agregado que permita compensar el daño que la renuncia de Remes Lenicov provocó a la ya alicaída imagen de la Argentina en los Estados Unidos.

Por otra parte, el acuerdo de los 14 puntos celebrado entre Duhalde y los Gobernadores, si bien es alentador por contradecir los rumores de aislamiento del país, despierta dudas sobre su ejecución al establecer rigurosos plazos para la implementación de medidas trascendentales y de difícil consenso (15 días para firmar acuerdos bilaterales en cumplimiento del plan fiscal y 90 días para elevar al Congreso un proyecto consensuado de un nuevo sistema de coparticipación de impuestos), y al incluir objetivos generales que habrá que ver cómo se instrumentan.

En función de ello y de los acontecimientos ocurridos en Argentina en los últimos meses, las expectativas que se perciben en el exterior sobre esta nueva etapa no pueden más que ser pesimistas, lo cual llevará a los Estados Unidos a ser aún más cauteloso y prudente a la hora de tomar decisiones sobre nuevos prestamos, más allá de las manifestaciones de rigor del gobierno americano en cuanto a que resulta alentador la celebración del mencionado acuerdo.

Frente a esta realidad, y habiendo ya transcurrido aproximadamente cuatro meses del gobierno de transición de Duhalde, la fría percepción en los Estados Unidos se refleja con toda claridad en la pregunta más reiterada de la gente en estos días: ¿Cuándo son las elecciones en Argentina?

Salvo que surja una real amenaza de fuerte contagio en la región, resulta improbable que el gobierno de los Estados Unidos consienta un importante desembolso por parte del FMI a una Argentina bajo un gobierno de transición cuya durabilidad se encuentra seriamente comprometida y su ideología despierta preocupantes dudas. Ante ciertas criticas recibidas recientemente por los Estados Unidos en materia de política exterior (en especial, respecto del fallido golpe en Venezuela), y dada la escasa importancia estratégica, política y económica de la Argentina, no debiera sorprender que se siga de cerca los acontecimientos intentando presionar para encauzar la economía argentina, pero se espere hasta después de las próximas elecciones (cuando sea que ello ocurra) a efectos de evaluar el perfil del presidente electo (quien, a diferencia del actual, tendrá inicialmente respaldo popular), sus planes en materia de política económica y las posibilidades de ejecución de dichos planes.


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