Argentina: Un país expropiado
 
por Rodolfo Pandolfi May-29-02

La palabra corralito pasará a significar algo parecido a la confiscación de bienes con violación de las garantías jurídicas. Inaugurará también un período de enorme desconfianza. Muchas veces los ahorristas vieron su dinero confiscado por razón de Estado, algo que no hicieron importantes naciones en tiempos de guerra.

En su primera versión, que mantenía la dolarización, el corralito no era tan terrible. Poder retirar solamente entre 2400 y 3000 dólares por mes, por cada cuenta corriente, no suponía una catástrofe inevitable. Pero la clase media se asustó y como ocurre siempre en estos casos precipitó los acontecimientos:: los cacerolazos del público que pensaban en sus dólares provocaron un retiro masivo de fondos de los bancos hasta el máximo disponible o aún más cuando se contó con las correspondientes órdenes judiciales. No hay sistema bancario en todo el mundo que se mantenga con un encaje del 100% y la lógica del negocio financiero es que todos no tienen la misma idea en el mismo día y en el mismo minuto. Eso permite que los bancos inviertan los ahorros depositados y con una administración racional y escrupulosa hace posible el crecimiento de la economía.

Las estadísticas revelan que la Argentina está en el último lugar en cuanto a viabilidad financiera y sexto en América Latina, después de Uruguay, que ocupa un cómodo primer puesto, con un ingreso per cápita superior a los 6000 dólares anuales, pero con una inseguridad que se deriva de la fragilidad de sus vecinos, Argentina y Brasil.

Cada nueva medida tomada en la Argentina a partir del corralito, significó mayor inseguridad jurídica. Perón decía que la gente siempre tenía miedo a que le pegaran un tiro en el corazón pero mucho más miedo a que le pegaran un tiro en el bolsillo, la víscera más sensible del cuerpo humano.

No es absurdo el miedo de la clase media. En estos años pudo ahorrar algunos dólares, hacer un viaje de aquellos que la mayoría de los habitantes de los países desarrollados realizan una o dos veces por año. Esa platita no integraba grandes capitales explotadores sino era una pequeña alcancía para asegurar el futuro en un país de bajas jubilaciones y nula asistencia social. Permitir que los hijos estudien, comprar instrumentos que ayudan a universalizar los razonamientos, amontonar esperanzas para el momento del descanso.

El corralito demostró que no hay seguridad jurídica ni política. . La caída de Fernando de la Rúa fue un ejemplo perfecto del modelo que seguirían en adelante los golpes de Estado según el presentimiento de Umberto Eco. Nadie sabe cuanto tiempo va a durar el hombre que está en la Casa de Gobierno, la seguridad de las personas y la protección de las mismas frente a la delincuencia no existen, y las próximas películas de cow boys podrán filmarse frente al obelisco.

Hace muy pocos años veíamos los asaltos a los bancos como un episodio del pasado, de las viejas películas americanas. No hay trabajo, y cada vez habrá menos trabajo porque nadie es tan alucinado como para traer dinero a la Argentina y porque la poca plata que existe está guardada en cajas de zapatos o en las bloqueadas cuentas de los bancos.

Esta historia tiene dos antecedentes importantes: las leyes de alquileres y el saqueo oficial a las cajas de jubilaciones.

Es apenas una exageración la ironía de Edgardo Catterberg, quién comentaba que la congelación de alquileres se había dispuesto para proteger a la alta clase media o a los aspirantes a ricos de la avaricia insaciable de los pobres. El tema venía un poco así: cuando una persona de mediana edad reunía unos pesos y compraba una vivienda y la alquilaba para tener una pequeña renta que protegiera su vejez. El inquilino no podía ser echado de la casa, debía cobrársele alquileres cada vez más irrisorios (no solamente por inflación sino a través de rebajas porcentuales por decreto) y pagarle todos los gastos de mantenimiento.

El pequeño ahorrista había sido expropiado y se tardó décadas en remediar esa situación que en otros países se mantuvo durante poco tiempo, como en períodos de guerra, porque los maridos habían sido convocados a filas y la familia era en parte compensada de esa manera desde el punto de vista económico.

El 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán inició la ocupación de Polonia y dos días después estalló la segunda guerra mundial al cumplir los gobiernos de Francia y de Gran Bretaña con los compromisos internacionales contraídos y declarar la guerra a Hitler. A los pocos días, la Argentina en previsión, esta vez sensata, de un conflicto que crecería, se enredaría y se prolongaría, estableció que regiría en el país la economía de guerra (Ley 12591/39).

De esta manera, el Estado fue asumiendo papeles que desbordaban el esquema liberal. Así se limitó el poder de los propietarios y la autonomía de las provincias. Arturo Frondizi comentó que en ese momento desaparecieron rápidamente el liberalismo y el federalismo económico y que se iniciaba una nueva política en que el Estado aparecía colocado en primer plano. Se fue creando el régimen jurídico de la regulación: no cambiaba la filosofía del gobierno sino su aplicación.

Era Presidente un hombre de indudable vocación democrática aunque surgido de elecciones dudosas, el radical antipersonalista Roberto M. Ortiz.

Las leyes de alquileres tuvieron diversas alternativas y la primera restricción surgió en 1921 con la congelación de los alquileres por dos años. La medida fue retocada por la Corte Suprema de Justicia, que estableció "la constitucionalidad de la misma cuando no existía contrato anterior". Las leyes sobre alquileres se mantuvieron e incrementaron su duración hasta hacerla indefinida, durante la dictadura implantada el 4 de junio de 1943. En 1947, con la ley de propiedad horizontal, se extendió el beneficio a los inquilinos porque comenzó a regir la prioridad para la adquisición del departamento.

Las inversiones de los pequeños ahorristas quedaron reducidas casi a cero, con una inflación constante y unos alquileres congelados o aun con quitas.

El ahorrista enterró su plata en departamentos para alquilar de la misma manera que ahora enterró su plata en los bancos para obtener en ambos casos un magro consuelo.

Cuando el Estado está mal administrado o cuando se propone iniciar una cruzada demagógica, las víctimas propiciatorias más fáciles pertenecen a la clase media. Las clases altas están entrelazadas con ámbitos decisorios e influyentes, integradas por pocas y conocidas personas que mantienen vinculaciones con el mundo globalizado. Son proporcionalmente fuertes, difíciles de aplastar.

Las clases populares y las marginales son demasiado débiles. No hay nada o casi nada que sacarles y no tienen que perder más que su propia angustia. No pueden acumular reservas en los bancos, ni comprar acciones, ni esconder divisas ("Alguno de ustedes ha visto un dólar?", se crispó el presidente Juan Perón ante una multitud que lo vitoreaba, pero que había dejado percibir su alarma por el constante incremento de la divisa americana.) Los pobres no se manejan con dólares, ni con bancos, ni con cheques, ni con tarjetas de crédito. No son casi expropiables.

El llamado corralito tuvo antecedentes y modelos similares: el pacto social de José Gelbard, cierta congelación de variables, acuerdo de precios y tarifas. El cambio del modelo fue entonces abrupto: vino el rodrigazo. Al gobierno peronista de entonces (1975) se le escaparon las variables. Hubo hiperinflación y luego golpe de Estado. .

La segunda experiencia de este tipo fue la tablita de Martínez de Hoz, que hizo crisis en 1981/2 y terminó con la guerra de las Malvinas en medio de grandes reclamos sociales (huelga general del 30 de marzo con represión).

Luego el Plan Austral (hasta ahí no se estabilizó el país) con congelamiento de precios, tarifas, pasajes y fijación del precio del dólar a 0,80. El Plan Austral fue reformulado en el Plan Primavera. El fracaso, con o sin maniobras para derrumbar esa política, terminó con el gobierno de Raúl Alfonsín, quien adelantó en seis meses la entrega del poder. Ganó el candidato peronista más populista: Carlos Saúl Menem. Una tras otra cayeron sobre el país dos hiperinflaciones y aún otra nueva quita fue el plan Bonex de diciembre de1989.


CO PYRIGHT 2000-2001 © Nueva Mayoria.com
All Rights Reserved