| La vuelta al regionalismo | |
|
por Julio Burdman*
Oct-15-01
|
|
|
La matriz política de la Argentina es regional. Intendencias y provincias, con importantes grados de autonomía, fueron los elementos de nuestra vida política desde tiempos de la colonia y hasta el día de hoy. Y no sólo regional: también es regionalista. Esto es así desde el nacimiento mismo de nuestro país. No en vano celebramos nuestra fiesta republicana dos veces al año: primero el Cabildo de los porteños y después el Congreso de los provincianos. La división entre Buenos Aires y el interior fue el aspecto permanente de la política argentina del siglo XIX. La organización institucional del país, que nos costó una sangrienta guerra civil, era en realidad un prisma de conflictos políticos y económicos. Las divergencias tuvieron lugar por la aduana, la navegación de los ríos, la política comercial y la distribución del poder. Las poblaciones del interior se resistían a las pretensiones de Buenos Aires de organizar el Estado y de esta forma tener la última palabra en estos temas. El enfrentamiento abierto duró por lo menos hasta
1880. El conflicto fue tan largo y tan intenso, principalmente por la
gran asimetría que existía entre Buenos Aires y el interior.
No sólo representaba Buenos Aires, como ahora, la mitad de la población
argentina (en ese entonces ciudad y provincia eran la misma cosa), sino
que era rica y poderosa. Prefería imponerse o irse antes que "someterse"
a una organización federal. Las provincias pobres, por su parte,
la necesitaban para asegurar su autonomía económica. Los grupos políticos que sucedieron a los conservadores en el gobierno nacional -amén de los autoritarismos militares, que también lo hicieron por definición- también aportaron fórmulas para evitar que la matriz regional se convierta en un problema. El radicalismo, el primer grupo político moderno, a partir de su estructura partidario-burocrática consiguió unificar un liderazgo interno de masas y desde el gobierno no dudó en utilizar el instrumento de la intervención federal para alinear a las provincias "díscolas". El movimiento peronista, que hizo una cultura del liderazgo "verticalista", se valió del aparato sindical como base de apoyo para la nacionalización de la política. La clave del éxito en ambos casos fue una coalición de "porteños" -la clase media urbana en el caso radical y los obreros del conurbano en el peronista- con los dirigentes "provincianos", enfrentada al barrio norte de la Capital. A todo ello deberíamos agregar -aunque esto ya es más opinable- la existencia de una política económica estatista, vigente durante casi medio siglo, que por definición centraliza el poder y concentra la toma de decisión en la Nación. Es decir, que todas las coaliciones que formaron gobierno
en la Argentina de los 120 años últimos se caracterizaron
por ser portadores de una fórmula para resolver el problema
regional de la política argentina. Esto indica, a primera
vista, que la matriz no dejó de existir ni mucho menos. Los grandes
movimientos políticos argentinos fueron grandes porque con mucho
esfuerzo colocaron sobre la matriz regional un sistema político
propio, de alcance nacional, ocultándola y en todo caso reprimiendo
sus efectos. Un escenario gravísimo, si no fuera porque lo es sólo en apariencia. La base aún está. Es que lo que se está resquebrajando a partir de la elección de ayer es el nivel nacional del sistema político, la primera capa de la cebolla. Tres elementos clave, casi instituciones, del sistema nacional, como eran el liderazgo vertical justicialista, el aparato sindical y la estructura nacional de la UCR, hoy no juegan un papel relevante en la política argentina. Lo que nos queda, entonces, es la matriz regional. La podremos ver claramente hoy: pese al derrumbe del sistema político nacional, veremos un resultado electoral que no deparará grandes sorpresas. La política y su distribución de cargos electivos serán más o menos las mismas. La gran novedad es que no habrá referentes del sistema político nacional que capitalicen el resultado, lo cual será un momento confuso para muchos. Pero tras esta primera prueba de la Argentina regional, que pasará sin problemas, el futuro plantea varios interrogantes. Hoy, la crisis político-económica de nuestro país es profunda y por esta razón no vemos posibilidades de reconstruir la cebolla en el corto plazo. Creo que la matriz regional, recién emergida, se mantendrá en la superficie política argentina por un plazo más o menos prolongado. Sin embargo, las nuevas generaciones políticas
deberán retomar conciencia de este factor. No en vano preocupó
tanto a nuestros antepasados. En el contexto de la creciente brecha entre
una aún rica región metropolitana y paupérrimas provincias
periféricas, con ingresos per cápita como Francia y Tanzania
respectivamente, la Argentina se prepara para debatir acerca del régimen
fiscal federal -injusto para muchos, beneficioso para pocos-, lo que implica
repetir una discusión que data del siglo XIX. Esto puede poner
en juego la unidad nacional si no prevalece la inteligencia. (*) CEO de NuevaMayoria.com |
|
|
|
|
|
CO PYRIGHT 2000-2001 © Nueva Mayoria.com
All Rights Reserved |
|