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Mar-08-10 - por Rosendo Fraga
Alemania fue ajustando su gasto desde hace un lustro y ello le ha permitido enfrentar con éxito las consecuencias de la crisis global que gatilló el mercado inmobiliario de los EEUU.
Grecia, en cambio, eludió los ajustes y ahora se encuentra en dificultades para enfrentarlas.
Por esta razón, la opinión pública alemana se resiste a financiar al país mediterráneo para evitarle un duro ajuste.
A su vez, los sindicatos griegos se resisten a aceptarlo, porque implica una importante reducción del ingreso de gran parte de los asalariados del país.
Si Grecia no hace el ajuste, Alemania no está dispuesta a darle el rescate, pero si no se lo da, corre el riesgo de que el próximo país en crisis sea Portugal o Irlanda, y ahí puede escalar a España o Italia.
Así como la crisis de las hipotecas en los EEUU llevó a cuestionar el dólar como moneda de reserva global, la crisis griega lleva a discutir la viabilidad del euro en momentos de crisis.
Es una pulseada entre dos, que puede escalar por error de cálculo.
Pero Grecia no eludirá el ajuste. Es que si no lo hace y se precipita una crisis europea más amplia, seguramente tendrá mayor costo social que si lo hace.
Es lo que sucedió con Argentina en 2001: por evitar el ajuste en el gasto, se terminó generando un fuerte aumento del desempleo y la pobreza.
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