¿Por qué la crisis continúa?
Francisco Rojas Araverna
 
por Hugo Martini Abr-30-02

Esta nota sólo describe hechos y escenarios, es una contribución para el proceso de toma de decisión de personas conocidas y desconocidas de la Argentina que hacen sólo dos preguntas: (a) qué pasa y (b) adónde podríamos llegar.

Los hechos

  1. Eduardo Duhalde recibió la renuncia de Jorge Remes Lenicov el lunes 23 de abril. Paul O’ Nelly, el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, sugirió a miembros del Congreso de su país –según la versión del diario Washington Post– que Remes había renunciado "porque no había sido capaz de convencer a los dirigentes políticos de la Argentina que debían cumplir con el compromiso básico –que necesita instrumentarse a través de diferentes etapas– para cortar gastos en la Nación y las Provincias".
  2. Todo presidente –la idea no es original– tiene siempre, en sentido figurado, un ministro de economía, no dos. Puede o no ser el primero en orden cronológico, ni tampoco el mejor en término de resultados, pero es con quién forja una alianza de trabajo y lleva adelante el cuerpo principal de su gestión: Álvaro Alzogaray fue el de Frondizi, Adalbert Krieger Vasena el de Onganía, José Gelbard el del último Perón, José Alfredo Martínez de Hoz el de Videla, Juan Vital Sourriouille el de Alfonsín, Domingo Cavallo el de Menem, Jorge Remes Lenicov el de Duhalde. Por lo tanto, la renuncia de Remes no es para Duhalde un dato menor: el lunes 23 de abril el Presidente perdió su cabeza económica, su referente técnico en un área crítica, por más de una década.
  3. Esa misma noche, los gobernadores aceptaron la invitación y se presentaron en Olivos respondiendo a la convocatoria del Presidente. De no haber asistido, Duhalde hubiera tenido que volver a Lomas de la Zamora, de la misma manera que Rodríguez Saá volvió a San Luis, en los últimos días de diciembre pasado.
  4. El día 24, los gobernadores firmaron un documento de 14 puntos sin saber todavía quién sería el nuevo ministro de Economía. Acordaron trabajar sobre tres objetivos: (a) respetar los compromisos internacionales de la Argentina, (b) organizar un sistema de transición política que durante noventa días haga posible la existencia de un gobierno sustentable y (c) enviar al país un mensaje -un compromiso no escrito- estableciendo que la legitimidad del poder estaba en sus manos. Esa noche –sin expresarlo– transformaron a Duhalde en José María Guido, el Presidente provisorio que custodió la formas externas del gobierno entre la Presidencia de Arturo Frondizi y el gobierno de Arturo Illia.
  5. El viernes 26 fue designado ministro de Economía Roberto Lavagna. El nuevo ministro ha sido aceptado por todos –Presidente y Gobernadores– porque reúne las mismas condiciones que las de José Luis Machinea cuando asumió el mismo cargo el 10 de diciembre de 1999. Es -como entones- el ministro de una alianza con un doble sistema de dependencia: tiene que satisfacer las demandas del Presidente y los Gobernadores, de la misma manera que Machinea reportaba a De la Rúa y a la Alianza gobernante.
  6. El lunes 29 de abril el Financial Times describió este cuadro en los términos más simples: "el nuevo ministro debe negociar su plan entre las más importantes dirigentes de la coalición gobernante a través de un arco formado por el resto de los líderes políticos".
  7. El domingo 28 de abril, según la versión del mismo diario, Lavagna habló con John Taylor, el Subsecretario del Tesoro y el lunes 29 con Horst Kohler, el Director del FMI. Los organismos de crédito, el grupo de países que forman el G7 y el gobierno norteamericano están esperando la implementación de las medidas de orden económico y fiscal, prometidas desde la gestión de Fernando de la Rúa, que debe cumplir –porque no hay otra- lo que consideran "la desacreditada clase política de la Argentina".
  8. El lado que cierra este cuadro de situación se vincula con la expresión, que describen en el exterior, para designar al Presidente Duhalde. El Financial Times, en su edición del 28 de abril, utilizó esta palabra: a caretaker (una persona que está a cargo en forma provisoria de los bienes y la propiedad de otro). Este sentido de lo transitorio –dicho con todo respeto hacia el ministro– es la terrible dificultad de Lavagna para encontrar un alto nivel de colaboradores que lo acompañen en su gestión.

Los escenarios

  1. Duhalde mantiene su Presidencia. El régimen constitucional argentino está basado en un sistema presidencial fuerte, que no contempla la idea que el Presidente comparta ni con el Congreso ni con los Gobernadores las funciones que le otorga la Constitución. La reforma constitucional de 1994 dejó intactas –para el Presidente– tres atribuciones: (a) es el Jefe Supremo de la Nación, (b) es el Jefe de la Administración Pública y (c) es el Jefe de las Fuerzas Armadas. Las personas privadas obligadas a tomar decisiones deberían valuar, si el actual Presidente, tiene sola y plena autoridad para cumplir esas funciones.
  2. El poder real está en manos de los gobernadores. Esta es una forma híbrida, que no se practicaba hace por lo menos hace ciento cincuenta años, que no está contemplada en la Constitución o mejor dicho, rechazada, cuando expresa que –los gobernadores- son "agentes naturales del gobierno federal para hacer cumplir la Constitución y las leyes de la Nación". La característica híbrida de este escenario se parece a la semilla del maíz híbrido: le otorga características especiales pero tiene –en general– problemas para utilizarla de nuevo. El poder de los gobernadores debe contemplarse como una solución transitoria, que el proceso de toma de decisiones debería utilizar con cuidado, porque este fenómeno híbrido tiene en su composición –los objetivos de cada gobernador– elementos de naturaleza dispar que no aseguran continuidad ni unidad futura.
  3. La Argentina no declaró todavía un default político. En una conferencia celebrada ayer en Washington, el director para el Cono Sur del Departamento de Estado Gerald Gallucci expuso su opinión en el sentido de que la Argentina, a pesar de haber declarado un default económico no produjo un default político. En términos constructivos expresó, que a pesar de las dificultades, no se ha quebrado el mecanismo constitucional para elegir Presidente después de la renuncia de Fernando de la Rúa. Pero el escenario tiene, además, otra lectura. La pregunta es si alguien, dentro o fuera del gobierno, está pensando en cómo se paga la deuda de la dirigencia con la sociedad, un estado de cosas que ha hecho políticamente ingobernable a la Argentina. Un default no declarado que se expresa en una sensación de vacío y alarma por la ausencia de una conducción política capaz de coordinar y sostener acciones políticas concretas.
  4. Si se declarara el default político. Si es cierto el argumento de los economistas, cuando dicen que el default no lo declaran los gobiernos sino los mercados, un escenario posible –no deseable- es que la sociedad argentina declare el default político, desconozca a las autoridades, e influenciada por grupos de izquierda, incremente su presencia en las calles generando actos de violencia difíciles de controlar por la omisión operativa y/o voluntaria de las fuerzas de seguridad. Nadie en condiciones de tomar decisiones debería dejar de considerar este escenario.
  5. Duhalde devuelve el gobierno a la Asamblea Legislativa. Este escenario tiene más preguntas que respuestas y contiene más elementos de profecía que de análisis. Pero algunas cuestiones centrales deben enumerarse:
    • Cuál será, en ése momento, la intensidad del conflicto social.
    • Se mantendrá unido el frente de los gobernadores.
    • La convocatoria a elecciones será sólo para Presidente o comprenderá todos los cargos electivos.
    • Quién – con la calma y el equilibrio de las setenta pulsaciones que le exigían a los pretores romanos – conducirá la transición hasta las elecciones.
    • Cuál será la ley electoral, la actual; o se harán reformas sustanciales.
    • Cómo será el humor de la Asamblea Legislativa en la toma de decisiones.
    • Este último escenario contiene una opción que no debería desecharse:

    (a) prevalecerá la sensatez para instrumentar, legalmente, un sistema civilizado para reordenar el proceso político y económico o,

    (b) como la Argentina tiene algunos importantes dirigentes, cuya imaginación es más fértil que su inteligencia, intentarán que la mayoría de los Senadores y Diputados se sumerjan en el delirio de creer que están reunidos los Estados Generales de 1789.

  6. La expectativa de que el mundo actúe. Este escenario parece hoy, remoto, aunque todas las hipótesis deben tenerse en cuenta. La comunidad internacional interviene sólo en casos muy especiales:

(a) cuando la acción de un país pone en peligro el equilibrio militar de una región o produce –como en la Guerra del Golfo en 1991– un hecho que pueda afectar el abastecimiento de combustibles, o de otros materiales estratégicos.

(b) cuando estallan incidentes entre países que ponen en peligro la estabilidad de una región o la subsistencia de una minoría étnica, como en Kosovo,

(c) cuando el caos interno produce una cantidad de muertos anormales para las pautas históricas y culturales de un país; porque aunque parezca horroroso, no es lo mismo para el mundo, mil muertos en Kabul que en Buenos Aires.


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