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Esta nota sólo describe hechos y escenarios, es una contribución para el proceso de toma de decisión de personas conocidas y desconocidas de la Argentina que hacen sólo dos preguntas: (a) qué pasa y (b) adónde podríamos llegar.
Los hechos
- Eduardo Duhalde recibió la renuncia de Jorge Remes Lenicov
el lunes 23 de abril. Paul O’ Nelly, el Secretario del Tesoro de los
Estados Unidos, sugirió a miembros del Congreso de su país
–según la versión del diario Washington Post– que Remes
había renunciado "porque no había sido capaz de convencer
a los dirigentes políticos de la Argentina que debían
cumplir con el compromiso básico –que necesita instrumentarse
a través de diferentes etapas– para cortar gastos en la Nación
y las Provincias".
- Todo presidente –la idea no es original– tiene siempre, en sentido
figurado, un ministro de economía, no dos. Puede o no ser el
primero en orden cronológico, ni tampoco el mejor en término
de resultados, pero es con quién forja una alianza de trabajo
y lleva adelante el cuerpo principal de su gestión: Álvaro
Alzogaray fue el de Frondizi, Adalbert Krieger Vasena el de Onganía,
José Gelbard el del último Perón, José Alfredo
Martínez de Hoz el de Videla, Juan Vital Sourriouille el de Alfonsín,
Domingo Cavallo el de Menem, Jorge Remes Lenicov el de Duhalde. Por
lo tanto, la renuncia de Remes no es para Duhalde un dato menor: el
lunes 23 de abril el Presidente perdió su cabeza económica,
su referente técnico en un área crítica, por más
de una década.
- Esa misma noche, los gobernadores aceptaron la invitación y
se presentaron en Olivos respondiendo a la convocatoria del Presidente.
De no haber asistido, Duhalde hubiera tenido que volver a Lomas de la
Zamora, de la misma manera que Rodríguez Saá volvió
a San Luis, en los últimos días de diciembre pasado.
- El día 24, los gobernadores firmaron un documento de 14 puntos
sin saber todavía quién sería el nuevo ministro
de Economía. Acordaron trabajar sobre tres objetivos: (a)
respetar los compromisos internacionales de la Argentina, (b)
organizar un sistema de transición política que durante
noventa días haga posible la existencia de un gobierno sustentable
y (c) enviar al país un mensaje -un compromiso no escrito-
estableciendo que la legitimidad del poder estaba en sus manos. Esa
noche –sin expresarlo– transformaron a Duhalde en José María
Guido, el Presidente provisorio que custodió la formas externas
del gobierno entre la Presidencia de Arturo Frondizi y el gobierno de
Arturo Illia.
- El viernes 26 fue designado ministro de Economía Roberto Lavagna.
El nuevo ministro ha sido aceptado por todos –Presidente y Gobernadores–
porque reúne las mismas condiciones que las de José Luis
Machinea cuando asumió el mismo cargo el 10 de diciembre de 1999.
Es -como entones- el ministro de una alianza con un doble sistema de
dependencia: tiene que satisfacer las demandas del Presidente y los
Gobernadores, de la misma manera que Machinea reportaba a De la Rúa
y a la Alianza gobernante.
- El lunes 29 de abril el Financial Times describió este cuadro
en los términos más simples: "el nuevo ministro debe
negociar su plan entre las más importantes dirigentes de la coalición
gobernante a través de un arco formado por el resto de los líderes
políticos".
- El domingo 28 de abril, según la versión del mismo diario,
Lavagna habló con John Taylor, el Subsecretario del Tesoro y
el lunes 29 con Horst Kohler, el Director del FMI. Los organismos de
crédito, el grupo de países que forman el G7 y el gobierno
norteamericano están esperando la implementación de las
medidas de orden económico y fiscal, prometidas desde la gestión
de Fernando de la Rúa, que debe cumplir –porque no hay otra-
lo que consideran "la desacreditada clase política de la
Argentina".
- El lado que cierra este cuadro de situación se vincula con
la expresión, que describen en el exterior, para designar al
Presidente Duhalde. El Financial Times, en su edición del 28
de abril, utilizó esta palabra: a caretaker (una persona
que está a cargo en forma provisoria de los bienes y la propiedad
de otro). Este sentido de lo transitorio –dicho con todo respeto hacia
el ministro– es la terrible dificultad de Lavagna para encontrar un
alto nivel de colaboradores que lo acompañen en su gestión.
Los escenarios
- Duhalde mantiene su Presidencia. El régimen constitucional
argentino está basado en un sistema presidencial fuerte, que
no contempla la idea que el Presidente comparta ni con el Congreso ni
con los Gobernadores las funciones que le otorga la Constitución.
La reforma constitucional de 1994 dejó intactas –para el Presidente–
tres atribuciones: (a) es el Jefe Supremo de la Nación,
(b) es el Jefe de la Administración Pública y (c)
es el Jefe de las Fuerzas Armadas. Las personas privadas obligadas a
tomar decisiones deberían valuar, si el actual Presidente, tiene
sola y plena autoridad para cumplir esas funciones.
- El poder real está en manos de los gobernadores. Esta
es una forma híbrida, que no se practicaba hace por lo menos
hace ciento cincuenta años, que no está contemplada en
la Constitución o mejor dicho, rechazada, cuando expresa que
–los gobernadores- son "agentes naturales del gobierno federal
para hacer cumplir la Constitución y las leyes de la Nación".
La característica híbrida de este escenario se parece
a la semilla del maíz híbrido: le otorga características
especiales pero tiene –en general– problemas para utilizarla de nuevo.
El poder de los gobernadores debe contemplarse como una solución
transitoria, que el proceso de toma de decisiones debería utilizar
con cuidado, porque este fenómeno híbrido tiene en su
composición –los objetivos de cada gobernador– elementos de naturaleza
dispar que no aseguran continuidad ni unidad futura.
- La Argentina no declaró todavía un default político.
En una conferencia celebrada ayer en Washington, el director para el
Cono Sur del Departamento de Estado Gerald Gallucci expuso su opinión
en el sentido de que la Argentina, a pesar de haber declarado un default
económico no produjo un default político. En términos
constructivos expresó, que a pesar de las dificultades, no se
ha quebrado el mecanismo constitucional para elegir Presidente después
de la renuncia de Fernando de la Rúa. Pero el escenario tiene,
además, otra lectura. La pregunta es si alguien, dentro o fuera
del gobierno, está pensando en cómo se paga la deuda de
la dirigencia con la sociedad, un estado de cosas que ha hecho políticamente
ingobernable a la Argentina. Un default no declarado que se expresa
en una sensación de vacío y alarma por la ausencia de
una conducción política capaz de coordinar y sostener
acciones políticas concretas.
- Si se declarara el default político. Si es cierto el
argumento de los economistas, cuando dicen que el default no lo declaran
los gobiernos sino los mercados, un escenario posible –no deseable-
es que la sociedad argentina declare el default político, desconozca
a las autoridades, e influenciada por grupos de izquierda, incremente
su presencia en las calles generando actos de violencia difíciles
de controlar por la omisión operativa y/o voluntaria de las fuerzas
de seguridad. Nadie en condiciones de tomar decisiones debería
dejar de considerar este escenario.
- Duhalde devuelve el gobierno a la Asamblea Legislativa. Este
escenario tiene más preguntas que respuestas y contiene más
elementos de profecía que de análisis. Pero algunas cuestiones
centrales deben enumerarse:
- Cuál será, en ése momento, la intensidad del
conflicto social.
- Se mantendrá unido el frente de los gobernadores.
- La convocatoria a elecciones será sólo para Presidente
o comprenderá todos los cargos electivos.
- Quién – con la calma y el equilibrio de las setenta pulsaciones
que le exigían a los pretores romanos – conducirá la
transición hasta las elecciones.
- Cuál será la ley electoral, la actual; o se harán
reformas sustanciales.
- Cómo será el humor de la Asamblea Legislativa en la
toma de decisiones.
- Este último escenario contiene una opción que no debería
desecharse:
(a) prevalecerá la sensatez para instrumentar,
legalmente, un sistema civilizado para reordenar el proceso político
y económico o,
(b) como la Argentina tiene algunos importantes
dirigentes, cuya imaginación es más fértil que
su inteligencia, intentarán que la mayoría de los Senadores
y Diputados se sumerjan en el delirio de creer que están reunidos
los Estados Generales de 1789.
- La expectativa de que el mundo actúe. Este escenario
parece hoy, remoto, aunque todas las hipótesis deben tenerse
en cuenta. La comunidad internacional interviene sólo en casos
muy especiales:
(a) cuando la acción de un país
pone en peligro el equilibrio militar de una región o produce
–como en la Guerra del Golfo en 1991– un hecho que pueda afectar el
abastecimiento de combustibles, o de otros materiales estratégicos.
(b) cuando estallan incidentes entre países
que ponen en peligro la estabilidad de una región o la subsistencia
de una minoría étnica, como en Kosovo,
(c) cuando el caos interno produce una cantidad
de muertos anormales para las pautas históricas y culturales
de un país; porque aunque parezca horroroso, no es lo mismo para
el mundo, mil muertos en Kabul que en Buenos Aires.
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