Por qué 2002 parece 1975
Francisco Rojas Araverna
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por Hugo Martini May-27-02

Si la Argentina económica se acerca cada vez más a 1989 la Argentina política reitera 1975. En ese año y el anterior, los dirigentes políticos argentinos – alguno de los cuáles son los mismos de entonces – creyeron que la fiesta institucional era segura e interminable, que podían negociar y volver a negociar cuantas veces necesitaran – en una espléndida calma victoriana - políticas, acuerdos, leyes y procedimientos necesarios para gobernar, ya que la Argentina vivía en la plenitud de una democracia consolidada.
 


La muerte de Perón –ocurrida en junio de 1974- había generado una
expectativa de que desataría alguna forma inmediata de hecatombe
social ante la ausencia del Presidente. Como ese fenómeno no se
produjo y la sucesión recayó presidencial en Isabel Perón, se trabajó
desde el supuesto erróneo que el sistema estaba asegurado.

La muerte de Perón – ocurrida en junio de 1974 - había generado una expectativa, mayoritaria entre los argentinos, de que desataría alguna forma inmediata de hecatombe social ante la ausencia del Presidente. Como ese fenómeno traumático no se produjo y además la sucesión presidencial – corporizada en Isabel Perón - se consolidó en un acuerdo tácito de gobernabilidad entre los partidos, se trabajó desde el supuesto erróneo que el sistema estaba asegurado.

Por lo tanto, se podían minimizar todos los problemas: inseguridad, terrorismo, desocupación, inflación, secuestros, anarquía en el funcionamiento del Congreso, influencia en el gobierno de algunas desprestigiadas figuras sindicales, ataques a la inversión extranjera, cortes de rutas, movilizaciones que paralizaban las ciudades, etc. Los problemas reales no existían, porque la dirigencia política – correteando como los chicos en las plazas – había decidido que la democracia que practicaban era invulnerable.

Un cuarto de siglo después

La renuncia de Fernando de la Rúa, seguida de la designación sucesiva de dos presidentes elegidos por la Asamblea Legislativa – Rodríguez Saa con carácter transitorio y Eduardo Duhalde para terminar el mandato de De la Rúa - han generado en la dirigencia política la creencia que nada existe más seguro en la Argentina que el sistema democrático. No se ha producido un default político, se han mantenido las formas y el proceso legal debido y, por lo tanto, el resto de los problemas son nuevamente minimizados.

Pareciera que la dirigencia política, se sintiera realizada, con el espectáculo que generan el Presidente y los gobernadores aclarando si el primero gobierna o no representando a los segundos; cuando los senadores y diputados discuten si una votación para ser válida necesita simple mayoría o dos tercios, si tres votos de diferencia mantienen una ley viva o la mandan al archivo por un año, si la picardía de un diputado de un partido – para alcanzar su objetivo - hace votar el proyecto de otro partido y , entre todos, llaman a esa genial maniobra Plan B. Mientras todo ese juego ocurre, el resto de los argentinos y el mundo exterior miran cómo la Argentina se desploma hacia el abismo.

La realidad, mirada sin lentes deformantes, es que –en seis meses- la dirigencia política argentina no ha podido resolver alguno de los problemas siguientes:

  • Desde el 3 de diciembre pasado, los argentinos no pueden disponer libremente del dinero que habían depositado en los Bancos, bajo cualquier sistema de inversión.
  • Desde el 15 de diciembre, cuando se produjo el primero de los cacerolazos, la gente no ha vuelto en paz a su casa.
  • Desde la derogación de la ley de convertibilidad, a principios de este año, la inflación en la Argentina – para la canasta básica de necesidades compuesta de comida y remedios - ha aumentado el 100%.
  • Desde hace por lo menos ocho meses, no hubo prácticamente ningún día, sin que se produzcan cortes de rutas y calles por piquetes organizados.
  • Después de 25 años la Argentina asiste a reiteradas situaciones de secuestros bajo formas tradicionales o más originales.
  • Desde fines del año pasado hasta hoy, la dirigencia política argentina ha elegido a los Bancos como uno de los principales responsable de la crisis. Ninguno de los tres Presidentes que la Argentina tuvo desde diciembre, ni ningún dirigente relevante de alguno de los dos partidos mayoritarios, le explicó a la opinión pública esta simple verdad: si en el país más bancarizado del mundo en términos de tamaño y población – los Estados Unidos - una mañana se levantaran todos los titulares de plazos fijos y decidieran retirar el dinero de los Bancos, el sistema demoraría en colapsar un par de minutos, los suficientes para que la información cruzada de las computadoras demostrara que la totalidad de los depósitos no está en cada Banco.
  • La confusión adquiere una dimensión fenomenal cuando economistas profesionales –que son parte, aunque lo ignoren, de la dirigencia política – sostienen que la salida del corralito debería contener una apelación "procurando que los bancos aporten el máximo posible a la solución, en términos de capitalización de sus entidades, garantías, recompras de bonos y/o préstamos de casas matrices".

  • Desde que desapareció la paridad uno a uno con el dólar, a las empresas privadas de servicios públicos no se les ha resuelto el siguiente enigma:
    • Invirtieron en la Argentina de acuerdo a un contrato bilateral con el Estado Argentino.

    • El Estado modificó unilateralmente ese contrato: (a) al pesificar todas las tarifas y (b) no definió ningún mecanismo de compensación, para esas mismas empresas, que tomaron en el exterior deudas en dólares para invertir en la modernización de los servicios.

  • Después del default de la deuda externa declarada -en su primer discurso– por el Presidente Rodríguez Saa, la dirigencia no ha podido alcanzar ningún acuerdo con el FMI, cuyas funciones son básicamente la de realizar una auditoria de referencia, que utilizan como instrumento de valuación el resto de las instituciones financieras, bancarias o no bancarias, estatales o privadas de todos los países.

Pareciera que el mecanismo de toma de decisiones de la dirigencia política argentina está totalmente fuera de foco. Lo impresionante es que lo esencial no se soluciona y, en algunos casos, ni se plantea y esto es – precisamente – lo que ha destruido por completo la confianza de la gente en los dirigentes.

En 1975 los dirigentes políticos fueron incapaces de alcanzar un acuerdo que tomara en serio los problemas reales y los instrumentos para ejecutarlos, por ejemplo (a) el relevo de la señora Presidente, obviamente incapacitada para ejercer sus funciones; (b) un programa razonable para contener la inflación y acabar con la carrera incontrolable entre los aumentos de precios y salarios y (c) una solución política, enérgica y responsable, para tratar el tema del terrorismo provocado por la guerrilla. Esa dirigencia política no asumió su responsabilidad, con relación a ningún tema esencial, y la Argentina avanzó – inexorable y popularmente apoyada en su estallido - hacia una solución de otra naturaleza.

En este año 2002, los dirigentes políticos están practicando un peligroso juego en el que se mezclan – simultáneamente – arrogancia, ignorancia y distracción. Este juego tiene – en alguno de ellos - una raíz psicológica perversa: todo este caos puede mantenerse porque, a diferencia de 1975, la alternativa militar no existe. Una de las formas de la ignorancia los ha llevado al convencimiento de que la historia es una línea recta que se pierde en el infinito. Lo que no saben es que la historia es circular.


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