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Por qué 2002 parece 1975 | ||
| Tiempo estimado de lectura: 5 min 06 seg |
por Hugo Martini May-27-02
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Si la Argentina económica
se acerca cada vez más a 1989 la Argentina política reitera
1975. En ese año y el anterior, los dirigentes políticos
argentinos alguno de los cuáles son los mismos de entonces
creyeron que la fiesta institucional era segura e interminable, que podían
negociar y volver a negociar cuantas veces necesitaran en una espléndida
calma victoriana - políticas, acuerdos, leyes y procedimientos
necesarios para gobernar, ya que la Argentina vivía en la plenitud
de una democracia consolidada. |
![]() La muerte de Perón ocurrida en junio de 1974- había generado una expectativa de que desataría alguna forma inmediata de hecatombe social ante la ausencia del Presidente. Como ese fenómeno no se produjo y la sucesión recayó presidencial en Isabel Perón, se trabajó desde el supuesto erróneo que el sistema estaba asegurado. |
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La muerte de Perón ocurrida en junio de 1974 - había generado una expectativa, mayoritaria entre los argentinos, de que desataría alguna forma inmediata de hecatombe social ante la ausencia del Presidente. Como ese fenómeno traumático no se produjo y además la sucesión presidencial corporizada en Isabel Perón - se consolidó en un acuerdo tácito de gobernabilidad entre los partidos, se trabajó desde el supuesto erróneo que el sistema estaba asegurado. Por lo tanto, se podían minimizar todos los problemas: inseguridad, terrorismo, desocupación, inflación, secuestros, anarquía en el funcionamiento del Congreso, influencia en el gobierno de algunas desprestigiadas figuras sindicales, ataques a la inversión extranjera, cortes de rutas, movilizaciones que paralizaban las ciudades, etc. Los problemas reales no existían, porque la dirigencia política correteando como los chicos en las plazas había decidido que la democracia que practicaban era invulnerable. Un cuarto de siglo después La renuncia de Fernando de la Rúa, seguida de la designación sucesiva de dos presidentes elegidos por la Asamblea Legislativa Rodríguez Saa con carácter transitorio y Eduardo Duhalde para terminar el mandato de De la Rúa - han generado en la dirigencia política la creencia que nada existe más seguro en la Argentina que el sistema democrático. No se ha producido un default político, se han mantenido las formas y el proceso legal debido y, por lo tanto, el resto de los problemas son nuevamente minimizados. Pareciera que la dirigencia política, se sintiera realizada, con el espectáculo que generan el Presidente y los gobernadores aclarando si el primero gobierna o no representando a los segundos; cuando los senadores y diputados discuten si una votación para ser válida necesita simple mayoría o dos tercios, si tres votos de diferencia mantienen una ley viva o la mandan al archivo por un año, si la picardía de un diputado de un partido para alcanzar su objetivo - hace votar el proyecto de otro partido y , entre todos, llaman a esa genial maniobra Plan B. Mientras todo ese juego ocurre, el resto de los argentinos y el mundo exterior miran cómo la Argentina se desploma hacia el abismo. La realidad, mirada sin lentes deformantes, es que en seis meses- la dirigencia política argentina no ha podido resolver alguno de los problemas siguientes:
Pareciera que el mecanismo de toma de decisiones de la dirigencia política argentina está totalmente fuera de foco. Lo impresionante es que lo esencial no se soluciona y, en algunos casos, ni se plantea y esto es precisamente lo que ha destruido por completo la confianza de la gente en los dirigentes. En 1975 los dirigentes políticos fueron incapaces de alcanzar un acuerdo que tomara en serio los problemas reales y los instrumentos para ejecutarlos, por ejemplo (a) el relevo de la señora Presidente, obviamente incapacitada para ejercer sus funciones; (b) un programa razonable para contener la inflación y acabar con la carrera incontrolable entre los aumentos de precios y salarios y (c) una solución política, enérgica y responsable, para tratar el tema del terrorismo provocado por la guerrilla. Esa dirigencia política no asumió su responsabilidad, con relación a ningún tema esencial, y la Argentina avanzó inexorable y popularmente apoyada en su estallido - hacia una solución de otra naturaleza. En este año 2002, los dirigentes políticos están practicando un peligroso juego en el que se mezclan simultáneamente arrogancia, ignorancia y distracción. Este juego tiene en alguno de ellos - una raíz psicológica perversa: todo este caos puede mantenerse porque, a diferencia de 1975, la alternativa militar no existe. Una de las formas de la ignorancia los ha llevado al convencimiento de que la historia es una línea recta que se pierde en el infinito. Lo que no saben es que la historia es circular.
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