
Se trata de la tercera edición de este valioso e interesante libro, cuyo autor combina la profundidad del investigador con la claridad y amenidad del periodista y la perspicacia que le ha dado sobre el tema ser un observador adelantado y en algún caso también testigo.
Además del singular interés histórico que tiene la obra, lo tiene también político.
Por lo general desde la izquierda se tiende a hablar de un “bloque de poder” de la derecha, que articula o unifica a las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, el empresariado,- en particular los sectores agropecuario y financiero,- grandes medios de comunicación y los pequeños partidos políticos de esta orientación, jugando siempre en forma coordinada con Washington y Londres.
Se trata de una visión ideológica de la realidad, que desconoce las complejidades, matices y contradicciones que han existido y existen entre todos los sectores mencionados.
De la misma forma, desde la derecha, se suele hablar de la izquierda, como si fuera una y monolítica. En ella no sólo se ubica al Partido Comunista, sino también a los sectores progresistas de los partidos mayoritarios, el peronismo y el radicalismo, a los movimientos guerrilleros cualquiera sea su origen político-ideológico y circunstancias históricas, a las agrupaciones universitarias y obreras de esta orientación, a los intelectuales y personalidades de la cultura que reclaman y protestan contra las injusticias, a los sectores progresistas de la Iglesia Católica y a algunas entidades empresarias de pequeños productores. Todos ellos, supuestamente manejados desde Moscú hasta la disolución de la URSS.
También en este caso, se trata de una visión simplificada, que elude las diferencias no menores que han existido entre estos sectores.
Las contradicciones entre el primer “bloque de poder” han sido más analizadas por la historiografía, por varias razones, entre ellas el mayor acceso a la información y las fuentes.
Este libro de Isidoro Gilbert, permite conocer en detalle y circunstanciadamente, las complejidades, contradicciones y matices en el universo de la izquierda argentina durante un siglo, a través de lo que pienso fue su eje central: el Partido Comunista Argentino y su relación con Moscú.
Explica como mientras la URSS desarrollaba una estrategia de política exterior con la Argentina, que por lo general buscaba ubicar al país como su aliado en América del Sur,- lo que en general no logró,- el Partido Comunista local desarrollaba estrategias políticas que no coincidían, pese a ser uno de los mas ortodoxos en términos de lealtad y subordinación a los dictados de Moscú.
En mi opinión, ello confirma una vez más la necesidad de eludir las simplificaciones en la interpretación de la historia.
Gilbert también analiza los hechos en su contexto histórico. Hoy parece incomprensible la estrategia de “apoyo crítico” que el Partido Comunista Argentino dio al gobierno militar y el respaldo que tuvo de la URSS en los foros internacionales. Sin entrar en el contexto histórico del momento, tanto nacional como internacional como lo hace el autor, resulta imposible entender hechos, que en la época tenían sentido.
Pero además, aporta datos históricos nuevos, que no están en la primera edición. Uno de ellos, es que en 1964, el empresario José B. Gelbard, afiliado secreto al Partido Comunista quien quizás fue el cuadro que alcanzó mayor proyección publica, se acercó por medio de un amigo común al General de División Carlos Jorge Rosas y luego de varias charlas le presentó a al dirigente comunista Rodolfo Ghioldi.
Gilbert no lo especifica, pero ese año, Rosas era el Comandante del Primer Ejercito del cual dependían todas las unidades militares del Litoral del país y era el segundo en antigüedad después del Comandante en Jefe que era el Teniente General Juan Carlos Onganía. El primero era un notorio simpatizante de la UCR que estaba en el gobierno con Illia y un potencial reemplazante del último.
La conducta posterior de Rosas después de su retiro, lo mostró participando y presidiendo organizaciones cívicas controladas u orientadas por el comunismo, lo que confirma su adhesión a esta ideología, aunque quizás en 1964 fuera solo un simpatizante.
¿Pudo el Partido Comunista Argentino haber llegado a tener en sus filas al Comandante en Jefe del Ejército Argentino a mediados de los años sesenta?
Pero el 18 diciembre del mismo año en el cual Gelbard conversa varias veces con Rosas y se lo presenta a Ghioldi, en un episodio poco claro como fue una entrevista de este general con otro en retiro,- Enrique Rauch,- de notoria filiación anticomunista, el primero es relevado por Onganía e Illia lo acepta.
Por todas estas razones, es de celebrar que se haya publicado esta segunda edición del valioso libro de Gilbert.
Por Rosendo Fraga