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Mi paso por el zapatismo (Un testimonio personal)
 

Dic-1-05 - por Octavio Rodríguez Araujo – Editorial Océano, Octavio, México, 2005. 236 P.

El libro de Rodríguez Araujo que aborda los principales conflictos y escenarios por los que ha transitado la lucha del EZLN, desde la mirada del politólogo mexicano José Ramón López Rubí Calderón

"Atrás de los movimientos sociales y políticos, y más allá de lo que suele publicarse sobre ellos, hay otros aspectos que comúnmente no se conocen o de los que se habla en murmullos y en corrillos. Leemos las historias de las revoluciones, de la gesta de un pueblo y de sus principales personajes, de la ideología de un movimiento y hasta biografías, pero rara vez de lo que piensan y sienten los participantes, algunos de éstos o un testigo en particular. Leemos también sobre las diferencias entre los protagonistas de un cierto proceso social, pero casi siempre enfocadas a lo político o a lo estratégico, como si se tratara de seres casi perfectos pero distintos entre sí, sólo distintos, y no de personas que tienen defectos, pasiones, preferencias, odios y querencias, mezquindades o altruismo (p. 13)".

Así, en este libro, Rodríguez Araujo, Profesor Emérito de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), nos ofrece no una investigación politológica sino –como lo indica el subtítulo- un testimonio personal sobre el movimiento zapatista basado en el estado mexicano de Chiapas. Un testimonio, tanto anecdótico como crítico, sobre las características, dificultades y resultados de su participación individual dentro del zapatismo.

El recorrido por dicha participación, dividido en las significativas etapas de "acercamiento" (capítulo 1, pp. 17-64), "inmersión" (capítulo 2, pp. 65-162) y "alejamiento" (capítulo 3, pp. 163-214), está motivado, como lo dice el mismo Rodríguez Araujo, por muchas cosas que calló hace años o que compartió con muy pocas personas (cf. p. 15).

A lo largo de la narración sobre su desempeño como miembro del Tribunal Electoral del Pueblo Chiapaneco (TEPCh) y de la Convención Nacional Democrática (CND), dos instancias del orden zapatista, Rodríguez Araujo dice, ecuánimemente, lo que calló sobre la composición y el funcionamiento del movimiento que cimbró a México en el amanecer de 1994, a saber: a) la propensión de los zapatistas no indígenas a rendirle culto a la personalidad del Subcomandante Marcos y la permeabilidad de Rafael Sebastián Guillén Vicente a dicho culto; b) la presencia de grupos extremistas denominados "ultras-sectarios" cuya actuación está marcada (obviamente) por el maximalismo, la cerrazón, la intolerancia y la exclusión o, lo que es lo mismo, por la antidemocracia. He aquí el punto neurálgico: varios de los predicadores de la democracia "verdadera", llámesele social, sustantiva, radical o incluso total, no predican con el ejemplo. Rodríguez Araujo así lo vio en las sesiones de la CND y lo reconoció y criticó en su momento:

Sin espíritu democrático, sin humildad para reconocerse en el otro, a pesar de las diferencias, no podrá llevarse a buen puerto la nave de la CND ni, mucho menos, a un movimiento más amplio en el que participen todos (…). Todos tenemos posiciones, y qué bueno, lo que no se vale es quererlas imponer a los demás e impedir incluso que los demás expresen las suyas. Esto ha ocurrido en las grandes sesiones de la CND. No debe continuar. Lo democrático es hablar y dejar hablar, tratar de convencer y estar dispuesto a ser convencido. Sólo con democracia se puede construir la democracia (…) (p. 131).

Por lo mismo, ¿cómo esperar que el proyecto de penetración y anidamiento de la democracia en todos y cada uno de los componentes de la vida política, social y económica de una nación o comunidad sea creíble y aun posible en boca y manos de gente que no es capaz siquiera de privilegiar la generosidad sobre un desacuerdo? 1 Con matices, que los individuos, grupos y organizaciones vinculados, de una u otra forma, con el proceso democrático no sean cabalmente democráticos en su interior no es razón de sorpresa ni alarma para los partidarios y/o conocedores de la teoría democrática realista (de corte procedimental y base empírica, en mayor o menor medida según el caso) 2.

Para algunos de los enemigos de esta teoría -especialmente ideólogos y políticos de amplia trayectoria en la izquierda latinoamericana- tampoco lo es, ya que no ignoran sino simplemente niegan discursivamente que la ambición individual, los intereses políticos y las diferencias personales sean moneda corriente en cualquier lugar y situación. Pero para algunos otros de sus enemigos -especialmente jóvenes activistas-, precisamente porque su enemistad es, en buena medida, producto de ello (lo anterior), sí lo es y no puede dejar de serlo. Y la sorpresa y la alarma tendrían que ser seguidas por la reflexión fría y honesta.

Como sea, el testimonio de Rodríguez Araujo al respecto viene a ratificar (¿cuántas veces ya?) la lamentable imposibilidad práctica de alcanzar la instauración de la democracia como espacio definitivo de igualdad tanto jurídico-política como socioeconómica.

Naturalmente, sería equivocado, así como injusto con Rodríguez Araujo, exigirle al libro lo que no le es dado ofrecer: un tratamiento propiamente analítico de las causas, implicaciones y derivaciones sociopolíticas del movimiento zapatista.

Sin embargo, ahora que ha pasado de zapatista a zapatólogo (p. 202) sería interesante y útil que no sólo haga explícita sino que argumente de forma extensa y rigurosa –como es su costumbre- su posición frente a cuestiones tan relevantes como las siguientes: la (in)coherencia y la (in)congruencia del Subcomandante Marcos y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (¿han tenido cambios de adscripción político-ideológica basados en cálculos estratégicos3?) ; o la necesidad de dar pie a lo que él llama "plurijuricidad constitucional" (¿cómo se justifica la creación de un marco jurídico ad hoc para los indígenas, sus relaciones y sus problemas?).

Mi paso por el zapatismo (un testimonio personal) es crítico de muchos zapatistas, incluido el Subcomandante Marcos, más no del zapatismo. Así lo quiso y creyó necesario su autor. Y en ello no hay nada oscuro ni, por tanto, condenable. Simpatizantes o no del zapatismo, nadie puede ignorarlo como movimiento. Tampoco a este libro.

1 "(…) hay sectarismos extremos que obnubilan a la gente para ser generosos (sic)" (p. 157).

2 Por ejemplo, Sartori afirma, hablando de los partidos políticos, que "no importa cuán oligárquicos sean (…): el resultado agregado de la competencia entre ellos será la democracia". Sartori, Giovanni, The theory of democracy revisited, New Jersey: Chatham House Publishers, 1987: 151.

3 Sobre el particular, permítaseme recomendar un texto: Pitarch, Pedro, "Los zapatistas y el arte de la ventriloquia", Istor, año V, núm. 17, verano del 2004.

 

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