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Discurso de Toma de Posesión del Presidente George W. Bush
 

20 de enro de 2005, Capitolio de los Estados Unidos

EL PRESIDENTE: Vicepresidente Cheney, señor presidente del Tribunal de Justicia, Presidente Carter, Presidente Bush, Presidente Clinton, miembros del Congreso de los Estados Unidos, reverendo clero, distinguidos invitados, conciudadanos: (Aplauso).

Este día, establecido por las leyes y caracterizado por las ceremonias, celebramos las palabras sabias y perdurables de nuestra Constitución, y recordamos los compromisos firmes que unen a nuestro país. Estoy agradecido por el honor del momento, consciente de los tiempos de gran importancia que vivimos y decidido a cumplir con el juramento que he hecho y del cual han sido testigos.

En esta segunda asamblea, definen nuestros deberes no las palabras que pronuncio, sino la historia que hemos presenciado juntos. Durante más de medio siglo, Estados Unidos defendió nuestra propia libertad al mantenerse alerta en fronteras distantes. Después del naufragio del comunismo, hubo años de calma relativa, años de reposo, años de descanso, y luego llegó el día del fuego.

Hemos notado nuestra vulnerabilidad y hemos visto su fuente más arraigada. Mientras en naciones enteras del mundo hiervan el resentimiento y tiranía, propensas a ideologías que alimentan el odio y justifican el asesinato, se acumulará la violencia y se multiplicará el poder destructivo, y cruzarán las fronteras mejor defendidas y representarán una amenaza mortal. Sólo existe una fuerza de la historia que puede acabar con el reinado del odio y el resentimiento, y exponer las pretensiones de los tiranos y reconocer las esperanzas de las personas decentes y tolerantes, y ésta es la fuerza de la libertad humana. (Aplauso).

Los sucesos y el sentido común nos llevan a una conclusión: La supervivencia de la libertad en nuestro país depende cada vez más del éxito de la libertad en otros países. (Aplauso). La mejor posibilidad para la paz en nuestro mundo la ofrece la diseminación de la libertad en todo el mundo. (Aplauso).

Los intereses vitales de los Estados Unidos y nuestras convicciones más profundas ahora son una unidad. Desde el día de nuestra fundación, hemos proclamado que todos los hombres y mujeres de la Tierra tienen derechos y dignidad, y un valor sin igual, porque son semejantes al Creador de los Cielos y la Tierra. En todas las generaciones hemos proclamado el imperativo de la autonomía, porque nadie es adecuado para ser patrón y nadie merece ser esclavo. (Aplauso). Es la promoción de estos ideales la misión que creó a nuestra nación. Es el logro honorable de nuestros padres. Ahora es el requisito urgente de la seguridad de nuestra nación y el llamado de nuestros tiempos.

Por lo tanto, es la política de los Estados Unidos procurar y apoyar el desarrollo de movimientos e instituciones democráticas en cada nación y cultura, con el objetivo final de poner fin a la tiranía en el mundo. (Aplauso).

Esta no es de primera instancia la tarea de las armas, aunque nos defenderemos y defenderemos a nuestros amigos con la fuerza de las armas cuando sea necesario. La libertad, en esencia, debe ser escogida y defendida por los ciudadanos, y mantenida por el imperio de la ley y la protección de los grupos minoritarios. Y cuando el alma de la nación finalmente se pronuncia, las instituciones que surgen pueden reflejar costumbres y tradiciones muy diferentes a las nuestras. Estados Unidos no impondrá nuestro propio tipo de gobierno a los que no lo desean. Nuestro objetivo, más bien, es ayudar a los demás a encontrar su propia voz, lograr su propia libertad y abrirse su propio camino.

El gran objetivo de poner fin a la tiranía se refleja en el trabajo dedicado de muchas generaciones. El carácter difícil de la tarea no es excusa para evitarla. La influencia de los Estados Unidos no es ilimitada, pero para dicha de los oprimidos, la influencia de los Estados Unidos es considerable, y la utilizaremos con confianza por la causa de la libertad.

Mi deber más solemne es proteger a esta nación y sus ciudadanos de más ataques y de amenazas emergentes. Hay quienes insensatamente han optado por poner a prueba la determinación de los Estados Unidos y han descubierto que es firme. (Aplauso).

Aclararemos persistentemente la opción ante cada gobernante y cada nación: La opción moral entre la opresión, que siempre es incorrecta, y la libertad, que es eternamente correcta. (Aplauso). Estados Unidos no fingirá que los disidentes encarcelados prefieren sus cadenas, o que las mujeres acogen la humillación y servidumbre, o que existe ser humano que aspira a vivir a la merced de matones.

Fomentaremos la reforma en otros gobiernos al dejar en claro que el éxito en nuestras relaciones requerirá el tratamiento decente de sus propios pueblos. (Aplauso). La convicción de los Estados Unidos de la dignidad humana guiará nuestras políticas. Sin embargo, los derechos deben ser más que concesiones a regañadientes de dictadores; son garantizados por la libre discrepancia y la participación de los gobernados. A la larga, no existe la justicia sin la libertad, y no pueden existir derechos humanos sin la libertad humana. (Aplauso).

Estoy consciente de que hay quienes han cuestionado el atractivo mundial de la libertad aunque este momento de la historia, cuatro décadas definidas por el más veloz avance de la libertad jamás visto, es un momento peculiar para las dudas. Los estadounidenses, de todos los pueblos, nunca deben verse sorprendidos por el poder de nuestros ideales. Al fin de cuentas, el llamado de la libertad llega a toda mente y a toda alma. No aceptamos la existencia de la tiranía permanente porque no aceptamos la posibilidad de la esclavitud permanente. (Aplausos.) La libertad les llegará a aquéllos que la aman.

Hoy, Estados Unidos se dirige nuevamente a los pueblos del mundo:

Todos aquéllos que viven bajo tiranía y sin esperanza deben saberlo: Estados Unidos no ignorará su opresión ni justificará a sus opresores. Cuando se alcen a favor de su libertad, estaremos de su lado. (Aplausos.)

Los reformistas democráticos que enfrentan la represión, la prisión o el exilio pueden tenerlo presente: Estados Unidos los ve como son, los líderes futuros de su país libre.

Los gobernantes de los regímenes al margen de la ley deben saber que aún creemos lo que creía Abraham Lincoln: "Aquéllos que les niegan la libertad a otros no la merecen ellos mismos y, bajo el reinado de un Dios justo, no pueden retenerla".

Los líderes de los gobiernos con un largo hábito de control deben saber: Para servir a sus pueblos deben aprender a confiar en ellos. Comiencen esta travesía de progreso y justicia, y Estados Unidos caminará de su lado. (Aplausos.)

Y todos los aliados de los Estados Unidos deben saber: Respetamos su amistad, contamos con sus consejos y dependemos de su ayuda. La división entre las naciones libres es un objetivo primordial de los enemigos de la libertad. El esfuerzo concentrado de las naciones libres de promover la democracia es un preludio de la derrota de nuestros enemigos.

Hoy, me dirijo nuevamente a mis conciudadanos:

A todos ustedes les he pedido paciencia en esta difícil tarea de proteger a los Estados Unidos, la cual me han concedido. Nuestro país ha aceptado obligaciones que son difíciles de cumplir y que sería deshonroso abandonar. Sin embargo, debido a que hemos actuado siguiendo la gran tradición liberadora de esta nación, decenas de millones han alcanzado su libertad. (Aplausos.) Y ya que la esperanza aviva la esperanza, millones más la encontrarán. Con nuestros esfuerzos, también hemos encendido una llama: una llama en las mentes de los hombres. Abriga a aquellos que sienten su poder; quema a aquellos que combaten su avance, y algún día, esta llama indómita de libertad alcanzará los rincones más tenebrosos de nuestro mundo. (Aplausos.)

Unos cuantos estadounidenses aceptaron los deberes más difíciles de esta causa, en el silencioso trabajo de la inteligencia y la diplomacia, el idealista trabajo de ayudar a establecer gobiernos libres, el peligroso y necesario trabajo de combatir a nuestros enemigos. Algunos han mostrado su devoción a nuestro país con muertes que han honrado sus vidas enteras, y siempre recordaremos sus nombres y su sacrificio. (Aplausos.)

Todos los estadounidenses han sido testigos de este idealismo, algunos de ellos, por primera vez. Les pido a nuestros ciudadanos más jóvenes que crean en las pruebas ante sus ojos. Han visto la dedicación y la lealtad en los rostros resueltos de nuestros soldados. Han visto que la vida es frágil, la maldad es real y la valentía triunfa. Decidan ponerse al servicio de una causa superior a sus deseos, superior a ustedes mismos, y en su vidas contribuirán no sólo a la riqueza de nuestro país, sino a su carácter. (Aplausos.)

Estados Unidos necesita idealismo y valentía, porque tenemos una tarea esencial dentro del país: el trabajo inconcluso de la libertad estadounidense. En un mundo que avanza hacia la libertad, estamos decididos a mostrar el significado y la promesa de la libertad.

En el ideal de libertad de los Estados Unidos, los ciudadanos encuentran la dignidad y seguridad de la independencia económica, en vez de laborar al borde la subsistencia. Es esta la definición más extensa de la libertad que motivó la Homestead Act, la Social Security Act y la G.I. Bill of Rights. Y ahora extenderemos esta visión al reformar las grandes instituciones para que estén al servicio de las necesidades de nuestros tiempos. Para dar a cada estadounidense participación en la promesa y el futuro de nuestro país, llevaremos los más altos estándares a nuestras escuelas y forjaremos una sociedad de propiedad. (Aplausos.) Aumentaremos la propiedad de vivienda y negocios, los ahorros para la jubilación y el seguro médico, al preparar a nuestro pueblo para los desafíos de la vida en una sociedad libre. Al hacer a cada ciudadano un agente de su propio destino, les daremos a nuestros conciudadanos más libertad de las necesidades y el temor, y haremos a nuestra sociedad más próspera y justa y equitativa. (Aplausos.)

En el ideal de libertad de los Estados Unidos, el interés público depende del carácter privado, de la integridad y la tolerancia hacia los demás, el imperio de la conciencia en nuestras propias vidas. La autonomía depende, a fin de cuentas, del autodominio. Ese monumento al carácter se construye en las familias, lo apoyan las comunidades con las normas y lo sostiene nuestra vida nacional con las verdades del Sinaí, del Sermón del Monte, las palabras del Corán y los diversos credos de nuestro pueblo. Los estadounidenses avanzan en cada generación al reafirmar todo lo que nos antecede que es bueno y cierto, ideales de justicia y conducta que son los mismos ayer, hoy y siempre. (Aplausos.)

En el ideal de libertad de los Estados Unidos, el ejercicio de los derechos es ennoblecido por el servicio y la misericordia y el amor a los débiles. La libertad de todos no significa la independencia unos de los otros. Nuestra nación depende de hombres y mujeres que velan por el prójimo y rodean de cariño a los extraviados. Los estadounidenses, en nuestra máxima expresión, valoramos la vida que vemos unos en los otros, y siempre debemos recordar que incluso los indeseados tienen valor. (Aplausos.) Y nuestro país debe abandonar todos los hábitos de racismo, porque no podemos llevar el mensaje de libertad y el lastre de la intolerancia al mismo tiempo. (Aplausos.)

Desde la perspectiva de un solo día, incluso este día de dedicación, los asuntos y las preguntas ante nuestro país son muchas. Desde el punto de vista de los siglos, las preguntas son limitadas y pocas: ¿Nuestra generación defendió la causa de la libertad? ¿Y nuestro carácter honró esa causa?

Estas preguntas con las que somos juzgados también nos unen, porque los estadounidenses de todos los partidos y orígenes, los estadounidenses por elección propia y por nacimiento, están unidos unos a los otros a favor de la causa de la libertad. Estamos conscientes de nuestras divisiones, y se debe cerrar la brecha para que prosigamos con los grandes propósitos, y haré un esfuerzo de buena fe por hacerlo. Sin embargo, estas divisiones no definen a los Estados Unidos. Sentimos la unidad y la confraternidad de nuestra nación cuando la libertad fue atacada, y nuestra respuesta vino como una sola mano sobre un solo pecho. Y podemos sentir la misma unidad y orgullo cada vez que Estados Unidos actúa a favor del bien, y se les lleva esperanza a las víctimas de una catástrofe y lo injusto encuentra la justicia y los cautivos son liberados. (Aplausos.)

Proseguimos con plena confianza en el triunfo final de la libertad. No porque la historia esté sujeta a la infalibilidad; son las decisiones humanas las que impulsan los sucesos. No porque nos consideremos una nación elegida; Dios actúa y decide según Su voluntad. Tenemos confianza porque la libertad es la esperanza permanente de la humanidad, la sed de los rincones tenebrosos, el anhelo del alma. Cuando nuestros fundadores declararon un nuevo orden de los tiempos; cuando los soldados fallecieron en una ola tras otra por una unión basada en la libertad; cuando los ciudadanos marcharon con indignación pacífica bajo la consigna "libertad ahora". actuaban con una esperanza antigua que está destinada a satisfacerse. La historia tiene altibajos de justicia, pero la historia también tiene un curso visible, dictado por la libertad y el Autor de la Libertad. (Aplausos.)

Cuando se leyó la Declaración de Independencia en público por primera vez y se tocó la Campana de la Libertad en celebración, un testigo dijo, "Repicó como si significase algo". En nuestros tiempos, aún significa algo. Estados Unidos, en este siglo incipiente proclama la libertad en todo el mundo y para todos sus habitantes. Renovados por nuestra fuerza, sometidos a prueba pero no fatigados, estamos listos para los grandes logros de la historia de la libertad. (Aplausos.)

Que Dios los bendiga y que proteja a los Estados Unidos de Norteamérica. (Aplausos.)

FUENTE: www.whitehouse.gov

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